El cotidiano drama de la violencia sexual en Corea del Norte

Fotografía de archivo que muestra la silueta de una empleada norcoreana en una fábrica de seda en Pyongyang./Efe
Fotografía de archivo que muestra la silueta de una empleada norcoreana en una fábrica de seda en Pyongyang. / Efe

Un informe de Human Rights Watch desvela los abusos que sufren en silencio miles de mujeres, sobre todo a manos de las fuerzas de seguridad

ZIGOR ALDAMA     Shanghái

Oh Jung Hee vendía ropa en el mercado de la ciudad norcoreana de Hyesan. De vez en cuando, guardias o policías se paseaban por su puesto y exigían que les sobornase. No tenía por qué pagar en efectivo, también podía hacerlo con favores sexuales. «Tenía que acompañarles hasta una habitación vacía fuera del mercado o hasta algún lugar de su gusto. Nos consideran juguetes sexuales y estamos a su merced. Las mujeres no podemos sobrevivir sin tener a un hombre poderoso de nuestro lado», afirma Oh en el informe 'Lloras por la noche y no sabes por qué' publicado este jueves por Human Rights Watch (HRW) para arrojar luz sobre el cotidiano drama que sufre el colectivo femenino en el hermético país.

A pesar de todo, Oh tiene suerte porque, desde 2014, ya no vive en Corea del Norte. Como el resto de las 62 personas que la organización activista ha entrevistado -ocho de ellas funcionarios-, Oh habla desde la seguridad que le proporciona el exilio. Y asegura que lo que ella ha sufrido es habitual en el país. No hay forma de evitar los abusos, y la única estrategia que proporciona cierto éxito es la de pasar desapercibida.

Park Young Hee también sostiene que denunciar no tiene ningún sentido. A ella, un policía le hizo tocamientos y la penetró con los dedos durante un interrogatorio. Había sido devuelta por China, donde había sido interceptada después de haber huido. «Mi vida estaba en sus manos, así que consentí a todo lo que me pedía. ¿Qué otra opción tenía? Todo lo que hacemos en Corea del Norte puede ser considerado ilegal, así que todo depende de la percepción y de la actitud de quien te juzga», afirma Park en el informe de HRW.

Según la ONG, estos testimonios son habituales entre las mujeres entrevistadas. En general, quienes perpetran los abusos son funcionarios, sobre todo los que trabajan para las fuerzas de seguridad. Pero también hay miembros del Partido de los Trabajadores, en el poder desde que la dinastía comunista de los Kim tomó el timón del país. En esta coyuntura, HRW destaca que negarse a tener relaciones sexuales o denunciar los abusos es contraproducente, ya que puede derivar en detenciones más largas, trabajos forzados, o tortura.

A una conclusión similar llegó otro informe de Naciones Unidas publicado en 2014. La comisión que lo redactó afirmó que, entre las constantes violaciones de los derechos humanos cometidas en el país, se encuentran algunas exclusivamente utilizadas contra las mujeres, como los abortos forzosos, las violaciones, y otros tipos de abuso sexual. Muestra de la impunidad de la que disfrutan estos criminales es el dato de condenas por violación: en 2015 se dictaron solo cinco en todo Corea del Norte.

Claro que Pyongyang esgrime estas estadísticas para hacer creer todo lo contrario. Oficialmente, el país aboga por la igualdad de género y es poco menos que un paraíso para la mujer. «Pero lo que reflejan esas cifras es el fracaso para combatir la violencia sexual», critica HRW, que recomienda a Corea del Norte que investigue los crímenes sexuales, independientemente del cargo que tengan los sospechosos, que permita las denuncias anónimas para proteger a las víctimas, y que ofrezca tanto estadísticas creíbles sobre el problema como ayuda a quienes sufren los abusos.

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