Indignación en Venezuela por la muerte de un militar contrario a Maduro

Nicolás Maduro. /Reuters
Nicolás Maduro. / Reuters

El capitán, que fue detenido por supuesta vinculación con un plan para eliminar al líder chavista, falleció en un hospital con indicios de haber sido torturado

DAGOBERTO ESCORCIABogotá (Colombia)

«A mi esposo me lo mataron. Lo torturaron y se les fue la mano». Quien pronuncia estas palabras es Waleska Pérez, esposa del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, detenido el pasado día 21 por estar supuestamente implicado en un plan para eliminar a Nicolás Maduro, Cilia Flores y Diosdado Cabello, y que falleció el sábado en un hospital tras presentar indicios de haber sido torturado. Waleska denunció el presunto asesinato de su esposo en una entrevista a través de la cuenta de Instagram de la periodista Carla Angola.

Todas las acusaciones sobre la muerte del joven capitán del Ejército venezolano, que deja dos hijos pequeños, recaen sobre la Dirección General de la Contrainteligencia Militar (Dgcim) del Gobierno de Maduro. Desde el líder opositor al régimen chavista, Juan Guaidó, que calificó la muerte de «abominable»y culpó directamente de la misma al presidente del Gobierno oficial de Venezuela. También el abogado de la víctima, Alonso Madina Roa; la activista de Derechos Humanos, Tamara Sujú; y la diputada de la Asamblea Nacional, Delsa Solórzano, han denunciado el fallecimiento de Rafael Acosta después de ser torturado por la Dgcim.

Según la denuncia del abogado, Acosta Arévalo reapareció después de su detención ante un tribunal en silla de ruedas. No se podía poner de pie. No podía hablar y escuchaba mal. Solo asentía con la cabeza a las preguntas de la juez. La última vez que su esposa habló con él fue el 21 de junio. Según explica Waleska Pérez, su marido se encontraba en una reunión personal, en Guatire (Miranda), donde fue detenido. Después ella denunció su desaparición al no tener ningún contacto.

«Mi esposo estuvo veinte años como militar, siempre fue fiel a la Constitución, lamentablemente no estaba de acuerdo con lo que está pasando en el país, como muchos venezolanos. Pero él murió como un héroe. Él no fue ningún terrorista, ni narcotraficante. Él estaba por la unión y la libertad de Venezuela», manifestó Waleska Pérez, que reveló que en el Ejército de Maduro hay divisiones, pero que también hay miedo y temor a las represalias.

«¡Criminales!»

Delsa Solórzano, que preside la Comisión Especial de Justicia y Paz, envió un documento a Michelle Bachelet, Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, en el que le pide que aplique el protocolo de Minnesota, que consiste en que en la investigación de este presunto asesinato no intervengan funcionarios del Estado. En este sentido, la primera reacción de Maduro fue la de encargar la investigación al fiscal general, Tarek William Saab.

Guaidó aprovechó para volver a enviar un mensaje a las Fuerzas Armadas para que defiendan la Constitución y se unan al pueblo que sufre las represalias del régimen. Más fuerte fue el mensaje de María Corina Machado, líder de Vente Venezuela: «¡Criminales! Asesinan a punta de torturas a un joven oficial por cumplir su deber patrio!». Y se dirigió a Bachelet: «Mientras usted se reunía con el criminal Maduro, el régimen secuestraba a militares y miembros de sus familias. Los están torturando hasta la muerte. ¿Cuántos muertos más hacen falta?».

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