Trump castiga a los países centroamericanos

Un grupo de emigrantes hondureños se traslada en un camión camino de Tapachula (México)./AFP
Un grupo de emigrantes hondureños se traslada en un camión camino de Tapachula (México). / AFP

Anuncia recortes de ayudas a Guatemala, Honduras y El Salvador por permitir que los emigrantes partieran hacia Estados Unidos

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑOCorresponsal. La Habana

Tras pernoctar en Tapachula, los miles de emigrantes hondureños que se desplazan en dos enormes grupos hacia Estados Unidos reanudaron ayer la marcha hacia el municipio chiapaneco de Huixtla, la tercera escala en territorio mexicano en su camino. El éxodo de estos cerca de 6.000 'sin papeles' es un reto para las autoridades aztecas, que en tres días han tramitado más de 1.000 solicitudes de refugio, enfureciendo con ello a Donald Trump, que ha declarado el estado de emergencia nacional y ha puesto en alerta a la patrulla fronteriza y al Ejército para impedirles la entrada.

El presidente estadounidense, ante lo que considera ineptitud de los gobiernos centroamericanos de frenar la caravana, anunció por Twitter que «Guatemala, Honduras y El Salvador no pudieron hacer el trabajo de detener a la gente de salir de su país y de venir ilegalmente a Estados Unidos. Ahora comenzaremos a cortar o a reducir sustancialmente la ayuda masiva que se les ha dado rutinariamente».

Criticó también la «ineptitud» de la policía y las fuerzas armadas mexicanas, al tiempo que la emprendió con los legisladores demócratas «por no darnos los votos para cambiar nuestras patéticas leyes de inmigración». Sus palabras parecen tener un trasfondo electoral de cara a la cita con las urnas de noviembre, que, como parece probable, podría ponerlo contra las cuerdas y quizá hasta terminar con su mandato si los demócratas se hacen con el control del Congreso.

«Criminales de Oriente»

El tema de la caravana, bien agitado, podría salvarlo. Por eso, Trump aprovechó para estigmatizar a los migrantes. En un tuit aseguró que «criminales y personas desconocidas de Oriente Próximo se han mimetizado» en la caravana.

El Instituto Nacional de Migración (INM), por su parte, intenta ordenar la marabunta de gente que, con ampollas en los pies, algunos descalzos, soportando temperaturas de 30 grados bajo un sol abrasador, desconfía de la oferta de los uniformados que les ofrecen autobuses para llevarlos a albergues. Temen -ya hay algunas denuncias al respecto- que una vez sean registrados los deporten a sus países de origen. En cambio, aceptan la ayuda de voluntarios que a lo largo del camino les ofrecen agua. Después siguen caminando, muchos de ellos con niños sobre sus hombros.

La Secretaría de Gobernación (Segob) mexicana destacó que en tres días atendió 1.028 solicitudes de refugio en Ciudad Hidalgo, Chiapas. La diócesis de Tapachula advirtió de que la cantidad de personas es tan grande que solos no pueden atender a los migrantes.

Sin clases

La llegada de los indocumentados ha alterado asimismo la rutina de Tapachula. Las autoridades escolares decidieron suspender inicialmente las clases ayer y hoy para proteger la integridad de los alumnos. Mientras, en la frontera de Guatemala ha disminuido considerablemente el grupo de 3.000 personas que esperaba entrar de manera legal, al ir cruzando escalonadamente.

La Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) dijo entender la preocupación de Trump por la seguridad nacional, pero recordó que el derecho internacional contempla normas para que los países atiendan a los refugiados, que, según dice, huyen de la persecución y la violencia y tienen derecho a la protección internacional. Su portavoz, Charlie Yaxlie, admitió que la caravana que salió de San Pedro Sula el pasado día 13 «es abrumadora», pero consideró que «cerrar la frontera (con México) no es la solución».

La Cruz Roja, que también atiende a los caminantes, dijo que «muchas de las personas que están apoyando, que en su mayoría son mujeres y niños, sufren de deshidratación, infecciones estomacales y heridas en los pies, mientras avanzan por el largo camino».

El presidente electo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, reiteró la propuesta de invertir más a fin de que haya trabajo para ellos y también para los mexicanos. La idea parece buena, pero hay dudas de cómo aplicarla sin disparar la xenofobia.

 

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