Un Maduro aislado jura de nuevo el cargo

Nicolás Maduro, investido con la banda presidencial, saluda a los asistentes al acto en el Tribunal Supremo. / Reuters

El presidente de Venezuela asume el poder con la reprobación internacional y un Parlamento acusado de desacato

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑOCorresponsal. La Habana

Nicolás Maduro asumió su segundo mandato para gobernar Venezuela, hasta el año 2025, con un discutido juramento ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la instancia establecida por la Constitución para el caso de no poder hacerlo ante la Asamblea Nacional, una institución de mayoría opositora que no es reconocida por el chavismo. La sala estaba abarrotada de personas, aunque careciera del brillo que aportan los primeros espadas internacionales, ausentes del acto. Llegaron delegaciones de 90 países. No faltaron los presidentes de Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua, tampoco el secretario general de la OPEP (Organización de Países Exportadores de petróleo) y los presidentes de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y los movimientos No Alineados.

Pero el juramento de la nueva presidencia fue la gota que colmó la paciencia de otros países. Este jueves mismo, Mario Abdo Benítez, mandatario de Paraguay, anunció la ruptura de relaciones diplomáticas y el cierre de su Embajada en Caracas. No se descarta que sigan las de otros países del «cartel de Lima» como llamó Maduro al grupo de naciones de la región que, alineadas con Estados Unidos, rechazan la nueva investidura del sucesor de Hugo Chávez. El Grupo de Lima «trafica con el derecho internacional» contra Venezuela y realiza pronunciamientos «extravagantes: pretenden darnos órdenes de qué debe hacerse en Venezuela», criticó el mandatario.

LAS FRASES

Juan Guaidó - Pte. Asamblea Nac. Venezuela.
«(La Cámara opositora) haceun llamamiento claro a las Fuerzas Armadas para que den un paso al frente»
Christya Freeland - Mtra. de Exteriores de Canadá.
«Estamos con el pueblo de Venezuela y su deseo de que sea restaurada la democracia»
Mauricio Macri - Presidente de Argentina.
«Su poder no es auténtico.La investidura de Maduro carece de autoridad y de credibilidad internacional»
Carlos Trujillo - Embajador de EE UU ante la OEA.
«Ninguno de los países democráticos del mundollega a Caracas para felicitar al dictador»
Stéphane Dujarric - Portavoz de la ONU.
«No nos dedicamos a reconocer a jefes de Estado. Seguiremos trabajando con el Gobierno en la asistencia al desarrollo»
Néstor Popolizio - Canciller de Perú.
«Vamos a reevaluar las relaciones y entre las opciones figura la de cortar lazoscon un Gobierno ilegítimo»

El flamante gobernante ha resultado más hábil de lo que muchos piensan pues ha logrado sortear la escasez, la crisis migratoria, la hiperinflación y las protestas opositoras, que denuncian el fraude en las elecciones celebradas en mayo del año pasado y tachan a Maduro de dictador y narcotraficante.

El rechazo al nuevo Gobierno venezolano también es compartido por la Organización de Estados Americanos (OEA), que lo ha declarado ilegítimo, y la UE, para la que las elecciones de mayo, en las que Maduro ganó con más del 60% de los votos, «no fueron democráticas». La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, dijo que tomará las «medidas adecuadas» si la situación nacional se deteriora más.

Ante esta ola de críticas, el primer presidente obrero ofreció la celebración de una cumbre de presidentes de la región para discutir los problemas de Venezuela. «Propongo una cumbre de presidentes de la Celac para abordar estas situaciones», dijo durante su discurso de toma de posesión. Y agregó: «Sospecho, pido perdón por lo que voy a decir, yo creo que tienen miedo. Nos tienen miedo de vernos cara a cara, de escuchar nuestra verdad. Si así fuere, yo planteo que ojalá un conjunto de países latinoamericanos tomara la iniciativa de hacer un grupo para el encuentro». Igualmente, apuntó que se debían «tomar nuevas iniciativas de diálogo, de conversación, de acercamiento, porque a nadie le conviene la escalada de intervencionismo que hay en este momento».

Una ciudadanía ajena

En las inmediaciones del TSJ, simpatizantes chavistas enarbolaron banderines y corearon consignas de apoyo a su juramentación y de rechazo a la «política injerencista de Estados Unidos», que impuso nuevas sanciones contra el régimen. Pero pasados unos metros, la algarabía quedaba a un lado y las calles reflejaban la rutina diaria de sus moradores, aunque ralentizada por los cortes de tráfico y cierres de establecimientos decretados por las autoridades en esta jornada de celebración oficialista.

En la sede del alto tribunal venezolano, la ceremonia proseguía y Maduro, de traje, y tras obtener el apoyo sin fisuras de las Fuerzas Armadas, recibía el collar y la banda presidencial y pronunció un discurso en el que habló de la necesidad de una «gran revolución moral, una gran revolución espiritual, una gran revolución del amor que lo puede todo (…) para posicionarnos en una situación superior de esta revolución que necesita grandes rectificaciones y necesita un nuevo comienzo que renueve la esperanza, que renueve la energía».

En otro momento, enfatizó: «Saldremos airosos, victoriosos, con mayor consciencia, con mayor compromiso». E insistió: «Hoy iniciamos un nuevo ciclo. Yo lo dije, llueva, truene o relampaguee». Desde que fue elegido sucesor de Hugo Chávez en 2013, Maduro ha prometido convertir a Venezuela en una potencia. Pero la realidad económica arroja unas cifras de pánico. Una inflación que se dispara hacia el 10.000.000% estimado para este año por el Fondo Monetario Internacional, el desplome de la producción de crudo, la contracción de la economía... El nuevo presidente deberá contener también a la población, que emigra en masa. Según la ONU, 2,3 millones de los 32 millones de venezolanos han abandonado el país desde 2015.

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