ELECCIONES 22-M EN VALLADOLID

El descalabro del PSOE aúpa a León de la Riva a su mejor resultado, con 17 concejales

VÍCTOR M. VELAVALLADOLID.
Los socialistas pierden cuatro ediles que se reparten, a partes iguales, el Partido Popular e Izquierda Unida, la única formación que recibe más votos que en 2007

Lo lógico sería hoy fijarse en las luces, en ese foco brillante que apunta al rostro de Javier León de la Riva, que acaba de ganarse un sitio en los libros de la historia pucelana. No solo por su apabullante victoria de ayer (más de la mitad de los votos emitidos fueron suyos, sumó dos concejales hasta llegar a los 17 y consiguió una holgadísima mayoría absoluta), sino porque se convierte, con este quinto mandato consecutivo, en el alcalde que más tiempo permanecerá al frente de la Alcaldía de Valladolid, al menos desde la Restauración en el siglo XIX. Hasta ahora estaba empatado con su predecesor, el socialista Tomás Rodríguez Bolaños (16 años). Cuando termine el mandato con el que se acaba de coronar, León de la Riva cumplirá veinte años al frente del Consistorio, dos décadas de mayoría absoluta en el salón de plenos vallisoletano. León de la Riva es desde ayer el rey León V de las urnas. Designado por aclamación popular. Su lista suma más apoyos que todas las demás juntas, algo que no había conseguido nunca hasta ahora en una cita electoral. Otra muesca más para un bastón de mando al que se aferró por primera vez en 1995. Y que no soltará hasta 2015. Esta vez lo agarra más fuerte que nunca, con 34 manos (dos para cada uno de los 17 concejales obtenidos) que trabajarán para «administrar esta mayoría con prudencia», según explicaba León de la Riva bien entrada la noche, una vez confirmado su paseo triunfal. Con salida a hombros.

Esto es lo lógico. Fijarse en las luces, en el rostro feliz y tranquilo (anoche lo estaba) de León de la Riva. Pero es inevitable (y sería imperdonable no hacerlo) echar un vistazo a las sombras, asomarse al precipicio al que ha caído el PSOE y buscar allí, en el pozo, una explicación a lo ocurrido ayer. El Partido Socialista Obrero Español recibió un varapalo enorme, un revolcón en toda regla, un descalabro electoral tremendo. No solo pierde cuatro concejales (de los 13 que tenía pasa a 9) sino que, y aquí está la clave, se ha dejado por el camino el respaldo de más de 25.000 ciudadanos. Una sangría enorme. Basta con mirar de dónde venían (76.657 votos con Ángel Velasco en 2003; 71.077 con Soraya Rodríguez en 2007) y hasta dónde han llegado, rozando los 46.000 con Óscar Puente, un candidato que ha tenido que lidiar con una nave, la socialista, azotada por todos los frentes.

Por un lado, el huracán León de la Riva, que se ha mostrado una vez más con una intensidad desaforada. Inexpugnable. Por otro, la crisis económica, que ha golpeado a los socialistas en todo el país. El 'antiefecto' Zapatero también ha dejado secuelas, y de qué manera, en Valladolid, ciudad en la que el voto de castigo se ha dejado sentir con toda su crudeza. Puente dijo anoche, una vez informado del varapalo y después de felicitar a su oponente, que quizá «no nos merecíamos este resultado en clave local». Su mensaje no ha sido lo suficientemente atractivo como para calar entre el electorado. Y además, por si fuera poco, le ha descolocado el aliento reivindicativo de los 'indignados', de los ciudadanos agrupados en torno al movimiento 15 de mayo, que ha hurgado un poquito más en la herida socialista.

¿Por qué? Miremos un poco la letra pequeña, los resquicios de las urnas, que quizá allí encontremos alguna clave. Primero, ha subido la abstención. Ha ido a votar menos gente. El 32,4% de los vallisoletanos con derecho a voto no lo ha ejercido. Ni se ha acercado por su colegio electoral. Casi uno de cada tres ciudadanos no ha dejado en la urna papeleta alguna. Solo en 1999 (con el 36,54%) la abstención fue superior. Más. Se ha incrementado el número de sufragios nulos (pasan de 966 a más de 2.400). Pero también el de los votos en blanco (de 3.320 a más de 4.400). En fin, que buena parte de esos vallisoletanos críticos con el sistema (y con el PSOE; también con el PP) se habrá refugiado en alguna de estas opciones: abstención, voto en blanco, voto nulo.

Pero en cualquier caso, ninguna de estas tres alternativas absorbe por completo la hemorragia socialista. Los casi 25.000 votos que ha perdido el PSOE han tenido que ir a alguna parte. ¿Se han pasado al PP? La respuesta es, categóricamente, no. Alguno habrá, claro. Pero la mayor parte de los votos en otros tiempos socialistas no han engrosado el mito de León de la Riva. Eso está claro. Clarísimo. ¿Por qué? Pues porque el Partido Popular, pese a crecer en número de concejales, no lo hace en votos. Antes al contrario. En términos absolutos, León de la Riva ha perdido apoyos. Ha recibido casi 2.000 votos menos que en 2007 (pero la alta abstención y el reparto electoral le ha beneficiado).

Volvemos a preguntar. ¿Dónde han ido los votos que han abandonado al PSOE? La respuesta está más a la izquierda (IU). O más a la derecha (UPyD). La lista encabezada por el arquitecto Manuel Saravia se ha convertido en la gran sorpresa electoral. Triplica su presencia en el Consistorio (pasa de uno a tres concejales), y además es el único gran partido que consigue más votos que en 2007 (UPyD recibe más 6.900 papeletas, pero no le sirven para lograr concejal, y Candidatura Independiente pierde apoyos). Pero estábamos con IU. De los 10.727 votos obtenidos hace cuatro años ha pasado a los más de 17.700 conseguidos anoche, su mejor resultado desde 1995, cuando llevó cuatro concejales al salón de plenos. IU, en fin, hizo sus deberes, pero no logró que el PSOE amarrara a sus votantes para sumar apoyos y arrebatarle al PP (o mejor, a León de la Riva) un sillón que parece hecho a su medida. Porque León de la Riva ha vuelto a vencer en las urnas. Con la mayoría más holgada de cuantas ha conseguido hasta ahora. Comienzan cuatro nuevos años de gobierno popular, el (¿último?) mandato del rey León V.

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