Los vallisoletanos aprueban la gestión del alcalde y suspenden a la oposición

Los vallisoletanos aprueban la gestión del alcalde y suspenden a la oposición

Los propios votantes del PSOE califican con un insuficiente la labor del equipo de Puente en la bancada socialista, mientras que los de Izquierda Unida otorgan casi un ‘bien’ al de Saravia

J. ASUA

Veinte años al frente del Ayuntamiento y, de nuevo, un aprobado. De momento, en la encuestas. Falta de reválida de las urnas, la crucial. La gestión de Francisco Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid y candidato del PP a gobernar la ciudad, recibe una nota de 5,1 sobre 10 en el sondeo realizado por la empresa Madison MK para El Norte de Castilla. Tras cinco mandatos consecutivos con mayoría absoluta, el primer edil mantiene el tipo en los exámenes, a pesar del viento en contra provocado por los duros efectos de la crisis económica y los recortes aplicados por el Gobierno de Mariano Rajoy.

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Tampoco los escándalos de corrupción de su partido a nivel nacional o los casos domésticos más espinosos áticos (que le mantiene a la espera de la sentencia), Samaniego o Zambrana, por los que ha tenido que aguantar los continuos embates de la oposición municipal, parecen haberle pasado factura. Su labor al frente del Consistorio es refrendada con una calificación aceptable ante unas circunstancias complicadas.

Han sido el 97% de las 702 personas consultadas en el estudio demoscópico las que han valorado su labor al frente del Consistorio. Como es lógico, León de la Riva recibe la calificación más alta por parte de los votantes del PP 6,92, muy cerca del notable, mientras que los seguidores del PSOE le suspenden con un 3,69 y los de Izquierda Unida le bajan la puntuación hasta el muy deficiente, el 2,2.

En función de la variables sociodemográficas, y más en concreto por tramos de edad, son las personas mayores de 65 años las que mejor puntúan el trabajo del gobierno municipal 5,76, a las puertas de bien, seguidas de los jóvenes entre 18 y 24 años, que ponen a los populares una nota de 5,68. Entre los que consideran que el PP local ha realizado un esfuerzo insuficiente en los últimos cuatro años destacan los vallisoletanos entre 30 y 44 años, que le otorgan un 4,79. Por situación laboral, le aprueban los estudiantes, las amas de casa y los jubilados, mientras que censuran su trabajo con un suspenso los desempleados y los trabajadores, tanto por cuenta propia como los asalariados.

¿La crisis del PSOE?

Peor parados salen los dos líderes de la oposición municipal. Ni el socialista Óscar Puente ni el portavoz de Izquierda Unida, Manuel Saravia, logran aprobar el examen final del mandato, pese a haber realizado una intensa labor de control al gobierno del Consistorio y de contacto con colectivos sociales y ciudadanos.

El abogado del PSOE y su equipo de ocho concejales obtienen una nota 4,05 sobre 10 después de ser valorados por el 85% de las personas que han participado en la encuesta. En las casillas dedicadas a esta formación llama poderosamente la atención un dato. Los propios votantes socialistas puntúan con un 4,70 el trabajo de la bancada de Óscar Puente. Detrás de este suspenso por parte de los propios podría estar la brecha abierta en el PSOE local entre los seguidores de actual líder municipal y los de Vadillo, después de que el primero ganase por tan solo 32 votos al exsubdelegado del Gobierno en las primarias (51,8% de apoyos frente al 47,8%). Esa herida parece estar supurando todavía, justo a una semana de la cita con las urnas.

Si se analiza por variables sociodemográficas, y concretamente por la situación laboral de los encuestados, la mejor nota la obtiene el PSOE entre las amas de casa (4,65); por tramos de edad, entre los mayores de 65 años (4,27) y por nivel de formación entre los que no los tienen (6,18, son los únicos que les aprueban) y los que cuentan con estudios primarios, que puntúan la tarea de los socialistas en el Ayuntamiento de Valladolid con un 4,60.

Una ciudad de centro, un pelín escorada a la derecha

Los vallisoletanos son ciudadanos centrados, aunque tengan caída hacia la derecha. Lo revela el estudio de Madison MK para El Norte de Castilla. Los autores de este sondeo han preguntado a los vecinos consultados que se ubiquen en una escala de 0 a 10, en la que cero es extrema izquierda y diez extrema derecha. Pues bien, el resultado global es 5,22. Son los mayores de 65 años los que tiran más a la diestra (5,76), mientras que en el tramo de edad de los 25 a los 44 años estarían los más zurdos (entre el 4,52 y el 4,90) . Si se analiza por la situación laboral, jubilados, amas de casa y estudiantes son los más cercanos a las políticas conservadoras, mientras que los trabajadores y desempleados tirarían más al progresismo.

La labor de Izquierda Unida recibe la peor nota de los tres, según se recoge en el sondeo de Madison MK para El Norte de Castilla, donde se acota, eso también, que el trabajo ha sido examinado por el 76% de los encuestados. La labor de los tres concejales capitaneados por Manuel Saravia es calificada con un 3,56 sobre diez. Al contrario de lo que ocurre con sus compañeros de oposición, aquí sí, los votantes de IU parecen estar conformes con la tarea política de su grupo. Así, los que en 2011 apostaron por esta formación otorgan a sus representantes una puntuación de 5,84, cercana al bien. La mejor nota la obtienen los concejales de IU por parte de los trabajadores por cuenta propia, con un 4,58.

La segunda cuestión que se plantea en este bloque pretende conocer cuál creen que sería la mejor opción para el futuro político inmediato de la capital. El 48,6% de los consultados consideran que el mejor escenario sería que gobernasen el Ayuntamiento otros partidos diferentes al PP, mientras que el 26,2% apuesta por mantener la estabilidad con un gobierno monocolor de los populares y el 19,6% prefiere que siga gestionando la ciudad León de la Riva, pero sin mayoría absoluta. En este último bloque de encuestados llama la atención un dato: el 29,1% de los votantes del PP optarían porque la formción en la que confiaron en 2011 tenga que llegar a un pacto para seguir al frente de la corporación, es decir que no quieren poder absoluto, quizá para poner freno a las políticas del rodillo que se aplican después de victorias arrolladoras.