Editorial: Victoria socialista

El deslizamiento de PP y Ciudadanos hacia la derecha, bajo marcaje de Vox, salió perdiendo ante las izquierdas de PSOE y Podemos, que optaron por moderarse

El presidente de Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, sale al balcón de Ferraz (sede del partido) para ofrecer declaraciones a los medios de comunicación tras conocer los resultados de las votaciones, en las que el Partido Socialista ha obtenido la victoria. /EP
El presidente de Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez, sale al balcón de Ferraz (sede del partido) para ofrecer declaraciones a los medios de comunicación tras conocer los resultados de las votaciones, en las que el Partido Socialista ha obtenido la victoria. / EP
El Norte
EL NORTEValladolid

Las elecciones de ayer concedieron a Pedro Sánchez la continuidad en la Presidencia del Gobierno, cerrando el paso a las expectativas que albergaban el PP y Ciudadanos con Vox. El PSOE tiene además en su mano la decisión de acordar la gobernabilidad hacia su izquierda –con Unidas Podemos– o hacia su derecha –con Ciudadanos–. El 28-A fue una jornada histórica por la altísima participación, y porque da lugar a un Parlamento más polarizado que nunca. España se mostró ayer ante el resto de Europa como un país capaz de soportar fuertes tensiones políticas, para acabar encauzando las divergencias internas mediante el voto, en tanto socio fiable de la Unión. La altísima participación fue, en gran medida, resultado de un movimiento reactivo cruzado. Del pulso entre la llamada a contrarrestar la fuerza disgregadora del independentismo y las consignas a responder a la emergencia de Vox. De tal forma que el anuncio de la 'reconquista' acabó favoreciendo también a los nacionalismos de Cataluña y País Vasco. El escrutinio del 28-A certificó que la radicalización del centroderecha salía perdiendo frente a unas izquierdas –PSOE y Unidas Podemos– que optaron por moderar sus perfiles, mientras el independentismo atemperaba su discurso. La afluencia de los ciudadanos a las urnas concede al escrutinio de ayer una fuerza especial; de modo que ningún partido puede sentirse tentado a reclamar una revancha. Por complicada que resulte la gobernabilidad, atendiendo a la atomización del arco parlamentario, esa altísima participación concede a quien tiene asegurada la investidura –Pedro Sánchez– un amplio espacio de maniobra como para gobernar hasta 2023. La proximidad de una 'segunda vuelta', con las elecciones europeas, autonómicas y locales del próximo 26 de mayo, pospondrá la definición de la alianza de Gobierno para la legislatura hasta que se conozca el segundo escrutinio. Es lógico que los partidos que ayer se quedaron por debajo de sus expectativas intenten afrontar esos comicios buscando un voto de compensación, mientras que aquellas formaciones que se sintieron ganadoras ayer traten de incrementar su ventaja. Pero las candidaturas territoriales y municipales, e incluso las listas para Europa, no tendrán más remedio que referirse a las disyuntivas que se plantean también para el gobierno de las respectivas instituciones.

SIN ATADURAS AL INDEPENDENTISMO El escrutinio de ayer apunta a ineludibles reajustes en el campo del centroderecha, cuya recomposición estará presente en la campaña que resta para comunidades autónomas y ayuntamientos, y se decantará tras el 26-M. El marcaje de Vox sobre el PP y sobre Ciudadanos dificulta la toma de decisiones alternativas a la política desarrollada en los últimos meses, tanto para la formación de Pablo Casado como para un Albert Rivera enrocado en su negativa a pactar con el socialismo de Sánchez. La gobernación de España deberá tener muy en cuenta la búsqueda del máximo de estabilidad para Cataluña y para el engarce efectivo de la Generalitat en el Estado constitucional. Pero el Gobierno resultante no tiene por qué sentirse atado a los designios del independentismo catalán, por mucho que este haya incrementado su presencia en las Cortes Generales. Si alguna lección cabe extraer del escrutinio de ayer y de lo ocurrido en la política española en el último año, es que resulta urgente reconducir las tensiones hacia la normalidad democrática y hacia el máximo entendimiento en el marco constitucional.