Sánchez aprieta al votante de Podemos en vísperas de sus dos debates electorales

El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, a su llegada al Pabellón Florida Babel en Alicante. / Efe

El presidente del Gobierno, hasta ahora más centrado en convencer a los indecisos moderados, avisa de que optar por un Gobierno del PSOE con «intermediarios» puede salvar a la derecha

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Pedro Sánchez ha tenido que cambiar el paso. El presidente del Gobierno creía tener todo controlado para llegar al 28 de abril con una campaña de bajo consumo, eficaz pero sin excesivo brillo. La necesidad de deshacer el embrollo en el que se vio atrapado cuando la Junta Electoral Central dio al traste, el martes pasado, con el formato del único debate televisivo al que él había decidido exponerse, le obligó el viernes, sin embargo, a asumir más riesgos. Ahora no participará en un solo encuentro a cinco, con Vox como catalizador de su estrategia, sino en dos y a cuatro, el lunes y el martes que viene en TVE y Atresmedia. Ahora, Podemos es un poco más rival.

Los socialistas llevaban semanas dando por sentado que capitalizarían prácticamente todo el voto táctico de la izquierda, que entre los progresistas el liderazgo ya está dirimido y que es el votante de la derecha el que duda sobre quién debe ser coronado entre las tres opciones que se presentan a las generales, PP, Ciudadanos y Vox. Con ironía hablan de «primarias». Pero su idea de que eso pudiera visualizarse claramente en un programa de televisión ha fracasado. Lo que habrá tanto en el plató de la pública como en el del grupo de comunicación privado serán dos candidatos que representan a la izquieda y el centro izquierda y dos candidatos del centro derecha y la derecha. Y ante el impacto que eso pueda tener, el jefe del Ejecutivo ha optado por intensificar su llamada a la concentración de esfuerzos en el PSOE, pero ya no poniendo el grueso del foco en los moderados indecisos, como en días previos.

«El futuro no tiene intermediarios -avisó en el ecuador de la campaña a aquellos que puedan estar pensando en apostar por Pablo Iglesias o, en esta región, por Compromís, para garantizar que el futuro Gobierno tiene un perfil más claramente de izquierdas-; si se votan otras opciones políticas, mayores oportunidades tendrá el bloque del a derecha».

En un acto en Alicante -en el que participaron también su ministro Pedro Duque, cabeza de lista del partido por la provincia, y el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, que también se juega revalidar el cargo el domingo - Sánchez trató de desactivar además el asunto sobre el que Iglesias ha tratado de propulsar su campaña, el espionaje que sufrió por parte de los aparatos del Estado. El presidente del Gobierno es consciente de que es una cuestión que hace mella en una parte del electorado, que ve con reticencias el hecho de que el PSOE impidiera junto al PP que el expolicía José Manuel Villarejo, en prisión preventiva por corrupción, compareciera en la comisión de investigación que abrió el Congreso sobre la mal llamada 'policía patriótica' del exministro popular Jorge Fernández Díaz.

Iglesias utiliza a menudo la decisión, que los socialistas justifican como acto de responsabilidad (argumentan que sería dar un altavoz a alguien que ha demostrado querer chantajear a todas las instituciones del Estado), y alimenta la idea de que el espionaje político sigue existiendo. «A aquellas personas que se han visto violadas en su intimidad y al conjunto de españoles preocupados por ello, les aseguro: las cloacas del Estado se fueron por el desagüe de la moción de censura. Se acabaron y este es un Gobierno comprometido con la democracia y la lucha contra la corrupción», aseguró Sánchez.

En su intento de reforzar la idea de que no conviene dar por hecho que el PSOE ya cuenta con apoyos suficientes como para que la izquierda se pueda permitir dividir el voto, además, volvió apelar al ejemplo de Susana Díaz en Andalucía, pero también al más reciente caso finlandés. «Hubo muchas encuestas que dijeron que la socialdemocracia iba a ganar de largo -recordó- y ganó, pero por 6.000 votos. La ultraderecha se encaramó como segunda fuerza política ¡en un país nórdico!», dijo. Lo recalca en cada uno de sus mítines: «esto no es cómo se empieza sino cómo se acaba».

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