La papeleta del León vacío: los 39 del censo de Escobar de Campos

Un vecino de la localidad leonesa de Escobar de Campos, espera al lado del colegio electoral. / E. Margareto

Una gran parte de Castilla y León vota desde pequeños colegios electorales con censos que no alcanzan el medio centenar de electores y ruegan ser escuchados por la clase política

JUAN LÓPEZSahagún

Un café, pastas, bollos y abisinios riosecanos sobre la mesa para llevar de la mejor forma posible una mañana típica de domingo electoral. Presiden el colegio una figura del Corazón del Jesús y unas lilas sobre la poyata de la ventana, que ambientan la vista y el aroma del coqueto ayuntamiento de Villalán de Campos (Valladolid), donde están llamadas a votar 34 personas. Dos lo han hecho por correo, otros tres conforman la mesa y a las 11 horas sólo un sobre salmón y otro blanco figuraban en las dos urnas para elegir a los representantes del pueblo español en el Congreso y el Senado los próximos cuatro años.

Un pueblo que a pesar del censo cuenta únicamente con una decena de residentes todo el año, como en Villar de Fallaves (Zamora), con 44 registrados, Escobar de Campos (León), con 39, y Boada de Campos (Palencia), con 18. Y es que Tierra de Campos es un de los exponentes de lo que han dado en llamar la España vaciada.

«Somos el mejor ejemplo de ese concepto», acierta a decir Elena Sánchez, una de las vocales en Villalán, profesora de Lengua y residente en la capital provincial. «El carácter acogedor» de este pueblo, como todos coinciden, permite ver escenas en la que Juan, el secretario, lleva un café a los miembros de la mesa. Hoy todos apoyan a Héctor Aníbarro, el otro vocal, quien estos días perdió a su madre. «Es lo que tiene un lugar tan pequeño, que estamos en familia aquí dentro», señala mientras recibe un abrazo de sus compañeros. Marga Merino, presidenta, completa la mesa, en la que aseguran que están representadas las «tres familias» que hay en el pueblo.

Ironía

Elena Sánchez ironiza que este sábado hablaron con el alcalde y les ofreció «hacer la misa» frente al colegio, ya que al término de la eucaristía, como es tradición principalmente en el medio rural, es el momento en que mayor afluencia reciben los colegios. Lo saben bien porque no es la primera vez que les ha correspondido ser miembros de la mesa electoral, algo sencillo en el sorteo habitual, pues sólo entran aquellas personas entre 18 y 70 años. «La mayoría es gente mayor», señala Sánchez.

A Florencio del Amo, que regenta el teleclub municipal, junto al Ayuntamiento, le toca hoy dar un «picoteo» a la gente de la mesa. Aún no ha votado a mediodía, pero tiene claro que lo hará al PP. Sin embargo, «gane quien gane» pide a los partidos políticos que se acuerden de esta España rural, donde a diario «sólo se junta una partida de cartas» y sufren una sangría continua, a pesar de acciones positivas concretas, como la de este pueblo terracampino tan minúsculo.

Recientemente ha restaurado la torre mudéjar de la iglesia de Santa Cecilia, que ahora será una casa rural que en breve saldrá a concesión; o las jornadas culturales que se celebran en verano y que tienen uno de sus cúlmenes en la plasmación de varios graffitis en algunas paredes abandonadas del pueblo, incluso de prestigiosos personajes de este mundo llegados de Londres. «El pueblo se mueve, y eso se nota», señala Sánchez, quien agrega que la mitad del censo de Villalán es licenciado superior.

El silencio de la despoblación

El pueblo zamorano de Villar de Fallaves elige a los que serán sus representantes a las Cortes Generales entre el silencio de sus calles. Junto a una peculiar iglesia y su arco diáfano, que simboliza la tendencia negativa de población, se asienta el Consistorio, también consultorio médico una vez a la semana y, este domingo, colegio electoral. La única componente de la mesa que reside en el pueblo es Sara Urueña, que trabaja como técnico de farmacia en la localidad cercana de Villanueva del Campo. Sólo 44 electores están reclamados por las urnas, pero no todos acudirán. Lo hará aproximadamente el 70 por ciento. «Como somos tan pocos, podemos ir a comer a casa por turnos porque se pueden quedar dos personas, algo que en una ciudad no podría suceder», aplaude Cristina, presidenta de la mesa.

El actual alcalde, José Manuel Pérez Esteban (que repetirá candidatura en un mes), admite el futuro «oscuro» de su pueblo, «con gente mayor que se muere y jóvenes que se van, lo que es lógico». Además, asume que los propios electores «pierden el interés político». «Yo mismo el otro día cambié de canal con los debates. Parecían perros ladrando», comenta. La despoblación asola Villar y su habitante más joven cuenta con 18 años, una joven que acude al instituto de Villalpando. A la hora de misa, sus ocho asistentes salen en masa a votar, casi hay que hacer cola. «Eso sí, la calidad de vida es alta», señala el regidor.

Justo enfrente, María Guerra y Javier Urueña, ganaderos, salen al campo con las ovejas. Aún están indecisos. Casualmente, son los padres de Sara, vocal de la mesa. «Es normal que encuentres hoy por aquí a toda la familia. Si no hay más. O gente mayor o nosotros», ironiza la madre, mientras barre la paja de la nave después de ordeñar. «Este trabajo es el más esclavo. Aquí todos los días», sentencia Guerra, quien achaca a la ausencia de medidas de los políticos que los pueblos lleven el camino actual.

Enfermera con ganas 'de pueblo'

«Si una ley es buena, cogen los del otro partido y no la apoyan sólo porque la ha presentado el contrario. Eso es mirar sólo por su interés, no por el nuestro», reprocha esta mujer ganadera, que esta noche acompañará a su marido a Zamora a llevar las papeletas, puesto que también es el juez de paz. «¡Claro, si no hay más gente!», exclama entre risas, mientras indica con el índice la posición del único bar del pueblo, al que «sólo van dos personas por la tarde, y como mucho cuatro o cinco que vienen de Castroverde, que está al lado».

Ana Bueno es enfermera en León. El sorteo le ha otorgado en gracia presidir la mesa electoral de su pueblo, Escobar de Campos, junto a Sahagún. En total son 39 las personas que darán fe hoy en las urnas de que aún hay vida en la localidad. Por la mañana sólo seis habían depositado el voto, «pero no lo harán más de 30», tomando como base anteriores comicios. «Nos ha perjudicado que la misa se celebra ahora los sábados. Porque la gente al salir entraba aquí», apunta Bueno, señalando el edificio eclesiástico, al otro lado de la calle.

La flanquean Nieves Velasco y Donato Vega como vocales. «Vivir aquí es muy tranquilo. Estaríamos mejor con alguien más», ríe Bueno, quien señala que «la España vacía siempre ha sido así, no ahora porque se haya puesto de moda». «Siguen sin poner en marcha medidas para incentivar la creación de nuevos puestos de trabajo. A mí por ejemplo me encanta el pueblo, pero no tenemos posibilidades», lamenta.

En Escobar actualmente reside una veintena de personas. De ellos cuatro se encuentran en el bar municipal, en el mismo edificio consistorial, donde comparten precisamente amigablemente una charla política. Uno de ellos asegura que ha votado a Vox para «darles la oportunidad», pues coincide «plenamente con su programa». «Como no podemos contratar un camarero, somos unos cuantos los que entramos y cobramos», ríe otro. El café, casero, natural, como el que sirve un amigo, acompañado por unas pastas. «Es lo que tiene un pueblo tan pequeño», asevera el más joven.

Al albur de las lagunas

Desde el alto que presidía la ermita de la Virgen del Castillo, hoy derruida, se vislumbra perfectamente lo que se puede denominar el 'skyline' de Boada de Campos (Palencia), conocida por sus lagunas y humedales que dan vida en determinadas épocas del año a miles de aves. Hoy, esta población palentina cuenta con un censo de 17 personas, de los que habían votado diez antes de las 14 horas. «Somos muy pequeños, pero queremos que nos escuchen», ruega su alcalde, Luis Carlos Castañeda, quien el 26 de mayo repetirá «porque no hay nadie más». «Es lo que tiene el amor por tu pueblo», confirma.

El sorteo para las mesas electorales se realiza entre sólo nueve personas, por lo que casi siempre le corresponde a los mismos. En esta ocasión Ángel Ramos, María Jesús Rodríguez y Rosa Castañeda, hermana del regidor. El padre de éste, Pedro, con 95 años, es el más longevo de la localidad. Acude, como siempre, a depositar su voto. «Yo no me considero político», afirma su hijo de camino a la laguna, desde donde se otea la iglesia gótico mudéjar de San Pedro, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), un tesoro escondido en un pueblo que aspira a recibir visitantes aprovechando su tirón medioambiental y la casa museo, sólo abierta para grupos. Pero lo que hoy toca son las elecciones generales.

Con una experiencia de 36 años como alcalde, reprocha a «todos» los políticos que «hablan mucho de la España vacía» en la que profundizó el escritor Sergio del Molino pero «aquí no se ve el dinero para acciones más concretas que impulsen la llegada de habitantes». De hecho, recuerda que antes de la crisis hubo dos familias que plantearon la posibilidad de «venir y construirse una casa», pero «todo se fue al traste».

A día de hoy, «lo poco que se puede hacer en el pueblo es gracias a la Diputación de Palencia». «Y hay partidos que las quieren eliminar… Si lo hacen, se acabó definitivamente todo esto», advierte. Boada, Escobar, Villalán y Villar de Fallaves. Cuatro pequeños pueblos que hoy votan, con el mismo valor que un sufragio del Paseo de la Castellana, en cuatro provincias diferentes pero en una misma comarca, donde el mar de campos se hizo realidad.