Asturias, dos males sin receta

Vista de la costa de Lastres. /Archivo
Vista de la costa de Lastres. / Archivo
JUAN NEIRAEl Comercio

A lo largo del último año dos problemas, uno nuevo y otro antiguo, han centrado la atención de la opinión pública en Asturias. La transición del modelo energético para adaptarse al cambio climático trae de cabeza a empresarios, sindicalistas y políticos. Los objetivos marcados por la ministra, Teresa Ribera, son más exigentes que los de Bruselas, al prever que para 2030 hayan cerrado todas las térmicas de carbón y cuatro de los siete reactores nucleares. El Gobierno quiere que para ese año el 42% de la generación eléctrica esté originado por energías renovables. Diez puntos por encima de lo que piden las autoridades comunitarias. En España se ve bien, porque la combinación de verde, sol, viento y agua causa júbilo. En Asturias, la propuesta se asocia con cierres de fábricas y paro. En una tierra donde el 68,8% de la energía generada la consume la industria, y el 60% de ésta se produce quemando carbón, la sustitución acelerada de energía fósil por energías limpias eleva el coste de la factura eléctrica y rebajar la calidad del suministro.

En la transición energética, los cuatro grandes partidos dicen una cosa en Madrid y otra en Asturias. En la capital respaldan el maximalismo de Teresa Ribera y al cruzar el Pajares hablan de ritmos moderados, salvando las industrias, asegurando los puestos de trabajo y con un abastecimiento eléctrico de precio competitivo. Conclusión: se nos pide votar como biempensantes y, luego, lamentar como asturianos.

El declive demográfico empezó hace cuarenta años, pero sólo en tiempos muy recientes entró a formar parte de la agenda política. Asturias tiene el liderazgo de pueblos abandonados y es la única provincia donde dos tercios de los municipios sufren despoblación severa. La región forma parte de la España vacía que Sánchez quiere llenar con funcionarios y destacamentos militares. El resto de líderes se encogen de hombros o proponen fuertes rebajas en el IRPF para nuevos colonos. La tasa de natalidad está por los suelos, pero los cuatro grandes partidos no llevan en sus programas ayudas directas por cada hijo nacido. Descarbonización y despoblación, dos males sin receta electoral.