No somos fachas

«Si yo estuviese en la cabeza de Albert Rivera, hoy sentiría el amargo resquemor de haber hecho demasiado caso a los sondeos internos que alertaban de una fuga de votos hacia Vox y le instaban a radicalizar el mensaje en detrimento de la moderación»

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Si Ciudadanos fuese coherente con la genética política que siempre ha dicho abanderar, asentada sobre los valores de la moderación centrista y el liberalismo democrático, abandonaría el veto a Pedro Sánchez y facilitaría la investidura del líder socialista, que ayer vio cómo las urnas refrendaban su estrategia del 'no es no' tanto a los independentistas como a la derecha reaccionaria. Aún más, si yo estuviese en la cabeza de Albert Rivera, hoy sentiría el amargo resquemor de haber hecho demasiado caso a los sondeos internos que alertaban de una fuga de votos hacia Vox y le instaban a radicalizar el mensaje en detrimento de la moderación. La tremenda debacle del Partido Popular, abocado a un irreversible proceso de refundación, es buen ejemplo de lo catastrófico que ha sido para Pablo Casado asumir algunos de los postulados más polémicos del nacional-populismo, en un desesperado intento, más que fallido, de taponar la sangría de votos.

No, España no es tan 'facha' como algunos nos han querido hacer ver en estos días, y es una buena noticia comprobar que ese «fantasma que recorre Europa» no consigue arraigar entre nosotros. La irrupción de Vox en Andalucía no se ha traducido en los sesenta o setenta diputados que aventuraba Abascal, quien, sin embargo, puede sentirse satisfecho de haber contribuido a dinamitar las bases de su antigua formación política.

«La tremenda debacle del Partido Popular, abocado a un irreversible proceso de refundación, es buen ejemplo de lo catastrófico que ha sido para Pablo Casado asumir algunos de los postulados más polémicos del nacional-populismo»

Además del obligado regreso a la moderación y de contribuir a sosegar los ánimos en el Congreso de los Diputados, Rivera debe tomar nota de lo ocurrido en Castilla y León. Mientras los 'populares', superados en escaños por el PSOE, se adentran sin remedio por el tenebroso pozo de la amargura y el navajeo interno, Francisco Igea puede sentirse más que satisfecho: a la hora de escribir estas líneas, aquel único diputado naranja de 2016 se ha multiplicado por ocho. No solo Óscar Puente en Valladolid las tiene todas consigo para ser arrastrado por el viento ganador, sino que la resaca de ayer también propicia futuribles de cambio en el Colegio de la Asunción.