Editorial: Sánchez monocolor

Es muy difícil que un Gobierno socialista pueda hacer frente en minoría a los retos que tiene el país mediante reformas de calado

Pedro Sánchez durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE en la Calle Ferraz de Madrid./Reuters
Pedro Sánchez durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE en la Calle Ferraz de Madrid. / Reuters
El Norte
EL NORTEValladolid

La victoria socialista en las elecciones del domingo llevó ayer a la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, a avanzar que Pedro Sánchez desearía gobernar con un Ejecutivo monocolor, en diálogo con todos los demás grupos parlamentarios. Un tercio del Congreso y del voto popular le resultarían al parecer suficientes para adentrarse en la nueva legislatura. Lógicamente, a expensas de lo que den de sí los comicios autonómicos y locales del próximo 26 de mayo, y del refrendo que el éxito del domingo pudiera tener en la elección de los europarlamentarios españoles. La distancia a la que el PSOE ha dejado a su socio preferente de los últimos nueve meses –Unidas Podemos–, al que el domingo duplicó en votos y triplicó en escaños, concede a Sánchez la oportunidad de recabar su anuencia a la gobernabilidad en forma de un acuerdo de mínimos para la legislatura. La negativa de Ciudadanos a prestarse siquiera a tantear la posibilidad de un pacto de gobierno, anunciando que su vocación es liderar la oposición del centroderecha a la ejecutoria próxima de Pedro Sánchez, acomoda a este en su pretensión de hacerse cargo del Consejo de Ministros en minoría. La extrema fragmentación y polarización del Congreso favorece la idea socialista de «gobernar con nuestras fuerzas», en tanto que sitúa a la formación vencedora el 28-A en el centro virtual del tablero político, con la razonable confianza de sacar adelante la investidura, y la también razonable seguridad de que a partir de ahí no se conformará una mayoría parlamentaria adversa y dispuesta a someter a Sánchez a una moción de censura. Pero si bien desde una lógica partidaria y desde la aritmética de los escaños puede resultar viable un Gobierno monocolor que procure salvar sus iniciativas y presupuestos mediante acuerdos múltiples, e incluso cambiantes, no es nada fácil que en tales condiciones se garantice la estabilidad institucional de un Estado complejo como el español. Y mucho menos afrontar desafíos de calado mediante reformas de alcance en el ámbito económico y financiero, en cuanto a la sostenibilidad del sistema de pensiones y del Estado del bienestar en su conjunto, o en orden a hacer de las redes educativas una oportunidad igualitaria para el desarrollo personal. En otras palabras, será muy difícil que un Ejecutivo monocolor genere los consensos imprescindibles que permitan una gobernación que no esté sujeta a la diatriba y al enconamiento partidario, y que en esa medida sea merecedora de confianza dentro y fuera del país.