Casado busca al votante de Vox y abre a Abascal la puerta de un posible Gobierno

Casado busca al votante de Vox y abre a Abascal la puerta de un posible Gobierno

Intenta neutralizar el mensaje del miedo a la triple alianza conservadora con el ejemplo de pacto andaluz

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Todas las cartas sobre la mesa a 24 horas de las elecciones. Pablo Casado despejó este viernes la cuestión que se le ha planteado desde el estreno de la campaña. El candidato del PP, que nunca tuvo inconveniente en aceptar una coalición con Albert Rivera para gobernar con el modelo de Andalucía, abrió por primera vez la puerta de un hipotético Ejecutivo a Santiago Abascal. «Al final, Vox y Ciudadanos -avanzó-, tengan 10 escaños o tengan 40, van a tener la influencia que ellos quieran tener para entrar en el Gobierno o para decidir la investidura o la legislatura».

Casado se esforzó, poco después, por transmitir que la extrema derecha no aceptaría esa invitación. Pero, al mismo tiempo, aconsejó a su electorado no dejarse «intimidar» por el mensaje del miedo a una triple alianza, al Gobierno «trifachito», en la terminología de quienes denuncian la unión de PP, Ciudadanos y Vox, y recordó el éxito del caso andaluz.

Nadie puede augurar qué ocurrirá hoy, si las imágenes de los mítines de Abascal dan una idea de la dimensión del fenómeno o si sólo hablan de una intensa movilización de sus seguidores. En el PP, aunque no es la opinión mayoritaria, hay quien intuye que Vox podría adelantar a Rivera. Pero, en todo caso, fuentes populares advierten de que una aproximación entre ambos ya sería bastante para complicar el escenario de los pactos poselectorales. Eso en caso de que la derecha sume.

Casado rema contra las encuestas y ha centrado su estrategia en presentar al PP como la única opción útil para echar a Pedro Sánchez. Mirando de reojo a Ciudadanos y Vox, ha intentado combinar el tono de las propuestas, el del primer debate, con uno más severo contra un PSOE al que ha llegado a situar en manos de los «golpistas» y de los «terroristas».

Este viernes cerró la campaña como la empezó, con una llamada al votante de Abascal para que vuelva a casa -incluso con esa garantía de que en el Gobierno de los populares tendría cabida Vox- y sin entender qué puede echar en falta ese electorado que se fugó en tiempos de Mariano Rajoy. «Lo que estaba pidiendo al PP es lo que yo estoy ofreciendo desde el PP», insistió en Es Radio, antes de viajar a dos de los territorios donde la extrema derecha irrumpe con más fuerza en las encuestas, Valencia y Madrid. En la capital, protagonizó en el Palacio de los Deportes su mitin más concurrido.

¿Error?

Hay sectores de la formación conservadora, los más moderados, que detectan un error de partida. Son los que llevan meses advirtiendo de que aceptar el marco discursivo de Vox imposibilitaba, o al menos dificultaba, retener al votante de centro, la única forma, aseguran, de tejer grandes mayorías en las urnas. Tampoco ven que pueda favorecer al PP trasladar mensajes en los que los dos partidos parecen «intercambiables».

Casado, en cambio, está convencido de su proyecto y replica que nunca se ha movido de sitio. Que los principios que proclama son los mismos que siempre ha defendido. Los mismos, en realidad, con los que llegó a la presidencia del PP.

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