Algo ha cambiado pero todo sigue igual

Las encuestas han fracasado, el cantado “sorpasso” de Unidos Podemos sobre el PSOE no se ha producido, y Mariano Rajoy tendrá que pactar

DIEGO CARCEDOmadrid

Algo ha cambiado en la aritmética parlamentaria que ha dejado el 26J, pero cuando llegue la hora de la verdad, que será inminente, todo amenaza con seguir igual que solía. Las elecciones han dejado varias sorpresas, empezando por el fracaso estrepitoso de las encuestas, aunque ninguna tan importante como para que, tampoco en esta ocasión, la formación del Gobierno se vislumbre más fácil. Antes al contrario, las sumas siguen sin cuadrar pactos suficientes para que una mayoría coherente y sin pisar líneas rojas consiga la investidura.

La primera sorpresa que ha deparado el escrutinio es la mejora sensible del Partido Popular, al que los escándalos no parecen haberle afectado, y la segunda, que no se ha producido el cantado sorpasso de Unidos Podemos sobre el PSOE. La primera conclusión a la vista de los resultados es que el bipartidismo, tantas veces dado por difunto, renace. El PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, resultó especialmente fortalecido y el Partido Socialista que malamente ha salvado los muebles ante la debacle que se le auguraba, continúa siendo la segunda fuerza y decisivo para formar Gobierno.

La perspectiva de una coalición de izquierdas, que UP y su líder Pablo Iglesias daban por segura, se esfuma, antes de otras cuestiones que la inviabilizarían, porque la suma de escaños queda lejos de los 176 necesarios. Claro que tampoco la otra combinación posible por proximidad ideológica, la del Partido Popular y Ciudadanos, se aproxima. Precisamente otra de las sorpresas de la jornada ha sido el descenso de Ciudadanos, un descenso al que sólo la consideración que le merece ser un partido nuevo le salva de la valoración de debacle.

Pero al margen de estas sorpresas y de otras conclusiones y consecuencias que suscitan y anticipan los resultados en cada comunidad autónoma, la gran preocupación que tanto la campaña electoral como los resultados dejan, es el clásico y ahora, ¿qué? Lógicamente será Mariano Rajoy quien deba intentar en primer lugar la investidura, pero solamente con el apoyo del PSOE podría lograrlo. Con Ciudadanos, un partido a quien ha arrebatado una decena de escaños, no consigue mayoría ni parece probable que el partido de Rivera sea muy proclive a hipotecarse con un presidente al que reiteradamente rechazó.

Por parte del PSOE habrá que ver qué ocurre. Pedro Sánchez, cuyo resultado no le garantiza el puesto más allá del congreso del Partido, repitió por activa y por pasiva que con el PP no pactará y con Podemos, tampoco parece que encuentre el apoyo suficiente entre los suyos ni él tenga fuerzas para intentarlo. La experiencia del fracaso recién cosechado por todos influirá en que algunas posiciones se modifiquen aunque quizás no tanto como para que Rajoy o Sánchez, o ambos, faciliten dejando que sean otros líderes los que lo intenten.

Hasta ahora los políticos más implicados fueron acusados de incumplir el mandato de los votantes para que se entiendan y alguna vez ellos lo rechazaron. Pero los ciudadanos, al margen de las variaciones aritméticas en el reparto de escaños debidas a la abstención o la Ley D`Ont, se han mantenido firmes. Ha pasado el tiempo de las mayorías absolutas, que ya no se dan en casi ningún país, y los partidos, especialmente los expuestos a sucumbir ante la crisis del bipartidismo, tendrán que apañárselas para desatascar la situación. El fracaso reiterado no se tolera.

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