La agenda de campaña del PP entra en la 'zona cero' de la exclusión

La candidata del PP a la Alcaldía, Pilar del Olmo, con miembros de su equipo y el director del colegio Cristóbal Colón, esta mañana en el 29 de Octubre. /Gabriel Villamil
La candidata del PP a la Alcaldía, Pilar del Olmo, con miembros de su equipo y el director del colegio Cristóbal Colón, esta mañana en el 29 de Octubre. / Gabriel Villamil

Un niño le ha cantado flamenco a la candidata del PP, otro ha aprendido a jugar a la rayuela con Marta López y María de Diego, números siete y cuatro de la lista... Así se busca el voto en la barriada del 29 de Octubre

Lorena Sancho
LORENA SANCHOValladolid

Hace sol. A las dos de la tarde incluso calienta. Los tendederos visten de multicolor las desaliñadas fachadas de la calle Canario, donde los pantalones y vestidos conviven con pintadas, grafitis y ladrillos deteriorados. Aquí no ha llegado aún la rehabilitación integral con la que el Ayuntamiento lavó las fachadas de la barriada del 29 de Octubre, una de las zonas más marginales y de menos recursos de la ciudad vallisoletana. Pilar del Olmo, candidata del Partido Popular al Ayuntamiento, llega decidida a conocer la situación real de la zona para poder aplicar las medidas sociales que recoge en su programa electoral. Le acompaña un buen número de sus miembros de la lista municipal y les dirige Alberto Rodríguez 'Bertoni', el director del colegio Cristóbal Colón y considerado en el barrio uno de los mediadores del sector educativo. Por su proyecto integrador han pasado en diez años un buen porcentaje de los jóvenes del barrio. Pero todo, dice, será en vano si no se consigue implicar a las familias en la educación de sus hijos. «El barrio está desestructurado», sostiene a las puertas de la barriada del 29 de Octubre, «la zona cero de la exclusión», como la denomina.

Hay varios Pajarillos distintos dentro del barrio. El más infeliz, a tenor de una encuesta realizada por los alumnos de los centros educativos, son estos bloques de ladrillo donde residen familias con una renta media de 9.000 euros anuales. Al mediodía hay varios grupos de hombres charlando en corro, numerosos niños dando patadas a un balón y familias enteras asomadas a ventanas correderas de aluminio. Pilar del Olmo se adentra en el barrio dispuesta a escuchar: «Mire a ver si usted puede hacer que quiten esta selva, porque tenemos las cocinas en los pisos bajos y se nos van a llenar de bichos. Ya hemos matado unas cuantas ratas», se queja José –así se presenta–, vecino de la zona y «harto de reclamar que les pongan un jardín en condiciones». Del Olmo toma nota y le da la razón, «esto habrá que quitarlo, limpiarlo de hierbas, porque están como las de hace años en terrenos perdidos de los pueblos».

Prosigue en su camino hacia el centro social que se levantará en el antiguo colegio Santiago López. Se topa con una joven de 17 años que accede a un portar con un crío de seis meses. «Tienes edad de disfrutar», le comenta la candidata. «Porque hay tiempo para todo», añade. «Esto es lo que hay, esta es la zona cero de la exclusión», insiste Alberto Rodríguez ante la cara de sorpresa de la candidata. A lo que añade: «La mujer puede cambiar muchas cocas aquí, la mentalidad por ejemplo. Por eso es importante incluir a mujeres gitanas formadas en nuestro proyecto».

«¡Viva la alcaldesa!»

Junto a las vallas del futuro centro del Santiago López hay un grupo de hombres que se dispersa cuando la candidatura del PP se acerca hacia ellos. «¡Viva la futura alcaldesa!», lanza una mujer desde un portal por el que pasa Pilar del Olmo, quien responde sonriente con un «¿qué tal?». Borja, el «guarda» de las obras, le interrumpe. Le comenta el problema que tienen con unos árboles cuyas ramas se meten casi en las ventanas de los bajos. «Es que no nos podemos asomar ni a la ventana», protesta. Del Olmo toma nota de nuevo y se compromete a que si llega a alcaldesa podará todos los árboles y cuidará la zona.

Hay, al lado, una rayuela o avión pintado de tiza en el suelo de la calle. Ezequiel se lanza a la pata coja y lo recorre sin respirar. María de Diego, número cuatro en la lista, le explica con una piedra cómo es el juego. Y se anima a participar. Le sigue, también a la pata coja, la número siete, Marta López. «¡Anda, yo no sabía que era así»!, exclama el chaval. La cabeza de lista del Partido Popular observa a su alrededor y procesa todos los datos que acaba de recoger de uno de los mayores expertos en Pajarillos: «Esto es lo que hay, eso lo sabemos todos. Pero es lo que no tendría que haber. Esta situación habría que revertirla, que terminar con esta situación de exclusión», reflexiona mientras se dirige a un bar del barrio para hacer un alto en el camino.

En su libreta mental ha anotado el proyecto Pajarillos Educa, al que ha prometido su ayuda tanto si logra la Alcaldía como si se queda en la oposición. Una iniciativa impulsada por los centros educativos y todos los colectivos del barrio para terminar con los estigmas y prejuicios con los que carga el barrio. «Sé que es competencia de Educación pero a nosotros lo del distrito único no nos hace bien. Estamos formando guetos en los colegios. Aquí, por ejemplo, el 63% de los alumnos son de minorías étnicas», explica Alberto Rodríguez, acompañado esta vez por Javier Alonso, profesor del IES Galileo.

Antes de abandonar el barrio, Del Olmo se topa en las aulas del Cristóbal Colón con Antoñito (Antonio Salazar) un niño de ocho años que fija su objetivo en el cante. La candidata le pide que se arranque por flamenco, pero se niega. «Venga, tú cantas y yo bailo», le reta. Esta vez sí, acepta. «Pero yo canto y tú no bailas», espeta entre las risas de los asistentes. Antoñito se arranca por un fandango y cosecha la ovación de compañeros y candidatos a la Alcaldía. «Me has puesto la carne de gallina», comenta la candidata. Ha tenido suerte. Antoñito no suele cantar. Ni siquiera lo hizo para la ministra Teresa Ribera. «La lache» (vergüenza), replica el director del centro en caló. «Porque al final aquí tienes que aprender todo tipo de lenguajes e idiomas. Somos multiculturales y es una riqueza, aunque algunos lo sigan viendo como algo negativo», concluye.