La 'mochila austríaca' gusta a PSOE, PP y Ciudadanos

Un grupo de parados realiza trámites en una oficina de empleo./ELENA CARRERAS
Un grupo de parados realiza trámites en una oficina de empleo. / ELENA CARRERAS

Los expertos valoran los pros y los contras de poner en marcha un fondo de capitalización para los trabajadores

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

No se trata de un debate nuevo, sino más bien de la resurrección de una propuesta que ha sido incluso recurrente en los últimos años. El primero en intentar implantar la 'mochila austríaca' fue el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a principios de esta década, una idea que Ciudadanos siempre ha incluido en su programa electoral y en las negociaciones de investidura. Después fue la exministra de Empleo Fátima Báñez quien avivó de nuevo el debate y ahora el ya casi en funciones Gobierno socialista la ha incorporado en su agenda del cambio, aprobada tan solo hace una semana.

Pese a que esta legislatura lógicamente no va a ver la luz, sí es evidente que podría lograrse una mayoría parlamentaria en torno a crear un fondo de capitalización para los trabajadores, que se mantuviera a lo largo de su vida laboral y que pudiera hacerse efectivo en los supuestos de despido, movilización geográfica y de desarrollo de actividades de formación o bien en el momento de su jubilación, algo que Austria implantó en el año 2003. El Gobierno de ese país, tras una larga y ardua negociación, eliminó la indemnización por despido pero, a cambio, al empresario se le obligó a aportar a sus trabajadores el 1,5% de su salario bruto a una caja de previsión laboral o fondo que los empleados se llevan consigo independientemente de los cambios de empresa que realicen. Si no se ha utilizado antes, sirve de complemento de la pensión. En caso de fallecimiento, se percibe igualmente.

Las preguntas que surgen son muchas: ¿puede este modelo extrapolarse a España, un país con muchos más habitantes que Austria y una tasa de paro infinitamente mayor? ¿Cómo se haría y quién lo financiaría? ¿Cuándo podría usarse? Diferentes expertos valoran esta propuesta.

Presidente de ATA

Lorenzo Amor

«Todo lo que sea que el trabajador vaya con una aportación para que los empresarios no tengan unos costes elevados, bienvenido sea. Yo he conocido muchos autónomos que han tenido que cerrar porque no han podido hacer frente a las indemnizaciones. Pienso que este modelo, en realidad, también puede funcionar aquí. Solo espero que no suponga una cotización excesivamente elevada».

Secretario de Protección Social y Políticas Públicas de CC OO

Carlos Bravo

«Es una idea que se plantea de forma recurrente y con una definición, a menudo, cuestionable. El que las empresas anticipen la dotación de una parte del coste de un eventual despido sin que eso afecte al coste del mismo y que, de no consumirse, ese dinero pueda generar una prestación complementaria, es decir, fuese del trabajador, es una idea a considerar. Si lo que se plantea es eliminar o reducir la indemnización, es decir, el coste del despido y se prevé su uso para distintos fines, a criterio exclusivo del empleador, hablamos de un mero subterfugio que no compartimos».

Fuentes de la patronal CEOE

«La propuesta no es nueva. Ya en su momento hubo una comisión de expertos que llegó a una conclusión evidente: ¿cómo puede sostenerse económicamente esta iniciativa? Si se establece desde cero, supondría un coste altísimo. Si el Gobierno está refiriéndose a sustituir este fondo por la prestación por desempleo o la indemnización por despido, estamos ante aspectos muy distintos a si el planteamiento es tratar de crear una renta nueva. En CEOE creemos que todo lo que sea generar mayores gastos para las empresas va en contra de la creación de empleo, que es lo que realmente necesita este país».

En Austria el empresario aporta el 1,5% del salario del trabajador, pero no hay indemnización por despido

Profesor del IESE

Sandalio Gómez

«Hay dos razones para hablar de este tema: la viabilidad del sistema de pensiones está cada vez más comprometida y la mochila puede servir de complemento a la pensión en el momento de la jubilación. El principal problema a resolver es cómo se financia la mochila. Es un tema clave que hay que abordar en una negociación entre el Gobierno y las fuerzas sociales. En Austria, el empresario asumió la financiación de la mochila, que es propiedad del trabajador, a cambio de eliminar la indemnización por despido objetivo. En nuestro caso podría ser la disminución del coste por despido objetivo. Alcanzar un acuerdo en este sentido serviría para acabar con la dualidad del mercado de trabajo y paliar el problema del sistema de pensiones, al contar con el capital acumulado en la mochila a lo largo de su vida profesional, en forma de complemento a la pensión de jubilación».

Profesora de Esade

Eugenia Navarro

«Es fantástico, porque la mochila en el fondo ayuda a flexibilizar el mercado laboral, que en España a veces es muy costoso para los empresarios, tanto los gastos de contratación como de despido. Y a la vez estimula a los trabajadores a ser más eficientes. Pero creo que culturalmente tenemos un largo recorrido para llegar hasta aquí. España todavía no está preparada. Los políticos no se atreven a adoptar medidas antisociales, aunque tengan todo el sentido empresarial, de optimización de la gestión. ¿Que cómo se pagaría? Tiene que ser compensada: la mayoría que la pague la empresa y una parte el trabajador. Una formula mixta sería interesante».

Presidente de Asempleo

Andreu Cruañas

«La mochila necesitaría una dotación de entre 7.000 y 8.000 millones para su arranque inicial. Hay que ver si se puede utilizar para formación, para recolocación del trabajador o si se está viendo como un refuerzo del sistema de pensiones. Y la clave es su financiación. ¿Va a correr a cargo del trabajador, de la empresa o del erario público? Se podría utilizar para pagarla el dinero de las bonificaciones de los contratos y el menor gasto en prestaciones. De cualquier modo, la mochila austríaca va a costar concretarse porque, en todo caso, supondría un incremento de las cotizaciones sociales y un sobrecoste para el empleador, ya que es impensable que lo asuma el trabajador».

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