Más de la mitad de los empleos actuales en España desaparecerán o se transformarán

Robots soldadores trabajando en la fábrica que la multinacional automovilística Volkswagen tiene en Wolfsburgo./Archivo
Robots soldadores trabajando en la fábrica que la multinacional automovilística Volkswagen tiene en Wolfsburgo. / Archivo

La OCDE estima que el nivel de puestos de trabajo se mantendrá pero advierte de que la automatización podría empeorar su calidad

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

La revolución tecnológica ya está aquí y está transformando el mercado laboral, aunque todo apunta a que los grandes cambios están aún por llegar. Además, España será uno de los países que más puede verse afectado en los próximos años, hasta el punto de que más de la mitad de sus empleos corren el riesgo de desaparecer o transformarse a consecuencia de la digitalización, según advierte la OCDE en un informe publicado este jueves sobre 'El futuro del trabajo'.

Concretamente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico estima que en España un 21,7% de los trabajadores ocupa un puesto con alto riesgo de automatización, lo que supone 7,7 puntos más que la media de los 36 socios que conforman el denominado 'club de los países ricos'. Se sitúa así a la cabeza en cuanto a empleos que podrían destruirse, solo superada por Grecia, Eslovenia y Eslovaquia. Además, otro 30,2% de los trabajos actuales corre el riesgo de sufrir cambios significativos, un nivel que está por debajo de la media de la OCDE, que se sitúa en el 31,6%.

Pese a este elevado porcentaje de trabajadores que podrían ser relevados por robots u otro tipo de máquinas, la organización ve «improbable» que se produzca una «fuerte disminución» del empleo, ya el número de puestos mantiene una tendencia al alza y, aunque unos lleguen a desaparecer, otros surgirán. Sin embargo, sí muestra su «preocupación» por la calidad que puedan tener estos empleos emergentes y teme que ésta empeore. Por eso, lanza una advertencia al Gobierno: si no se lleva a cabo «una acción inmediata», las desigualdades podrían aumentar, ya que ciertos grupos se enfrentan a mayores riesgos que otros. Por ello, le pide reequilibrar el poder de negociación, actualmente favorable a los empresarios, y extender la protección laboral más allá del «empleo estándar» –­entendido éste como el indefinido y a tiempo completo–­, ya que «muchos trabajadores atípicos están total o parcialmente fuera del marco regulatorio». De hecho, España registra una de las mayores tasas de empleo temporal: un 26,7% frente al 11,2% de media y, aunque los que están a tiempo parcial o los autónomos económicamente dependientes (TRADE) están por debajo de la media, han aumentado un 40% desde 2010.

«La frecuencia del trabajo atípico en España hace que la brecha de acceso al aprendizaje para adultos entre empleados estándar y trabajadores atípicos sea particularmente preocupante», avisa la OCDE, que ve «esencial» la educación -tanto en las primeras etapas como la formación para los adultos- para asegurar una transición serena entre los trabajos que desaparecerán y los que se crearán, algo que no se cumple en España, donde solo un 45% de los empleados temporales y el 32% de los autónomos participan en algún tipo de formación, porcentaje que se eleva hasta el 56% en el caso de los fijos.

Las mujeres y jóvenes, los más vulnerables

Además, la OCDE hace hincapié en que la experiencia laboral de muchos jóvenes y de los trabajadores adultos sin estudios superiores ha empeorado en la última década. Si bien las mujeres siguen siendo el grupo con más alto riesgo de empleo precario, de bajos salarios y de desocupación, cada vez más jóvenes sin estudios superiores, y cada vez más hombres, también se están viendo afectados. Algo que no es baladí, puesto que en España la tasa de jóvenes que no estudian ni trabajan (los denominados 'nini') es del 19,9%, la tercera más alta de la OCDE y cuatro puntos porcentuales más que en 2007. Pero no solo ellos, sino que también los trabajadores jóvenes altamente cualificados se enfrentan serias dificultades, como se pone de manifiesto en el hecho de que en 2016 el riesgo de recibir un salario bajo fue del 44%, 20 puntos porcentuales más que en 2006.

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