El 'Irán-oil' amenaza la recuperación económica aunque los expertos lo mitigan

Instalación de petróleo en Irán. /EFE
Instalación de petróleo en Irán. / EFE

El barril de Brent ha terminado la semana un 33% más caro que a principios de año, aunque aún se prevé que baje tras el verano

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Susto sí, incluso importante, pero no muerte, incluso puede que el paciente –lease los países más dependientes del consumo de un petróleo que no producen, y más aún si son potencias industriales como en Europa– termine el año recuperándose. Lo que algunos expertos ya han bautizado como 'Irán-Oil', esto es, el fin de las exenciones para la compra de crudo procedente de Irán concedida por Estados Unidos a ocho países –entre ellos China, India y Turquía, tres de las economías emergentes más importantes del mundo–, probablemente termine siendo menos grave de lo temido.

Al menos, así lo creen diferentes economistas, profesores de estudios energéticos y analistas de mercados, que matizan las «evidentes consecuencias negativas» de una nueva medida unilateral del controvertido presidente de EE UU, Donald Trump, que entrará en vigor a partir del 2 de mayo aunque se anunció el lunes pasado. El efecto fue automático en los mercados, con un primer repunte del 3% en el precio del barril de petróleo de clase Brent, el referente utilizado en Europa.

La subida no quedó ahí y el jueves superó los 75 dólares –nivel que no se veía hace seis meses–, aunque la sesión la cerró en 74,37 dólares. Los más temerosos empezaban a vislumbrar ya los peores efectos para el alicaído crecimiento de la economía global, del que vienen advirtiendo el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, pues los riesgos del 'brexit' y las tensiones arancelarias entre grandes potencias como EE UU, China y la UE siguen sin despejarse.

El cierre semanal, sin embargo, trajo un alivio inesperado por su prontitud, al cerrar la semana en 72,15 dólares. En cinco días había terminado encareciéndose solo un 2% y, aunque en algún momento el ascenso acumulado desde el 1 de enero había rozado el 40%, finalmente quedó en un 33%.

Pero, ¿ha pasado ya realmente este temporal energético, que algunos temían incluso tornara a huracán? Lo cierto es que los diferentes expertos consultados coinciden en que no, pues aunque la cuota de exportación de crudo iraní se ha reducido a la mitad en un año –de los 2,8 millones de barriles diarios en mayo de 2018 ha pasado a solo 1,4 millones–, la reducción de producción pactada por el cartel de la OPEP estrecha bastante los márgenes.

Gonzalo Escribano, director del programa de Energía y Cambio Climático del Instituto Elcano, considera que «esa disciplina se mantendrá», al menos hasta la cumbre que la Organización de Países Exportadores de Petróleo mantendrá en junio. Y para Joaquín Robles, analista de la firma XTB, el papel de la OPEP y sus socios «es determinante».

Pero ninguno llega a afirmar que el nivel de precios actual en el crudo sea sostenible, a menos no a medio plazo. Para Alberto Martín, socio responsable de Energía de KPMG España, «hay que ser cautelosos» porque «cada vez que el crudo ha superado los 70 dólares» en los últimos años, Estados Unidos ha elevado su producción recurriendo al comodín del 'fracking', una técnica de explotación muy criticada por los ecologistas aunque ha permitido a la todavía primera potencia económica mundial erigirse también en el primer productor de petróleo.

EE UU triplica su cuota

En marzo alcanzó la cifra récord de 12 millones de barriles diarios, el trile de lo que sacaba al mercado al principio de la gran crisis económico-financiera en 2008. Y si se suma también el gas líquido, EE UU ya es responsable de una quinta parte de la producción mundial de hidrocarburos. De hecho, en extracción del crudo se estima que en 2020 alcanzará los 13,4 millones de barriles diarios, aunque buena parte son de crudo ligero y tiene un aprovechamiento menor que el pesado. Un año después, en 2021, se prevé que también será el segundo exportador mundial en esta materia, superando a Rusia y solo por detrás de Arabia Saudí.

Claro que Estados Unidos también es el primer consumidor mundial de petróleo, de manera que hasta hace no mucho incluso necesitaba importar miles de barriles aparte de los que el país fabricaba. El 'fracking' ha cambiado esa realidad y cada vez puede vender más producción al extranjero. En enero –último mes con datos comparables publicados– exportó 2,5 millones de barriles diarios, con un fuerte incremento interanual del 90%.

Esa «independencia energética» y su papel como garante de la «seguridad geopolítica de alto nivel», llevan al profesor Carlos Andreu, de la escuela de negocios EAE, a sostener que no cree el impacto de la última escalada de precios «sea de ninguna manera relevante y sostenido en el tiempo», al tiempo que observa más un horizonte de «esos dientes de sierra a que estamos acostumbrados». Incluso de China, uno de los principales clientes de Irán, señala que su capacidad propia de refino de crudo «supera ya sus necesidades de consumo interno», por lo que le preocupan más sus inversiones en otros sectores en ese país árabe que la limitación petrolera.

Los pronósticos de estos expertos, de hecho, descartan que se pueda ver un barril Brent a 100 dólares este año, «y probablemente tampoco el próximo». Escribano, del Instituto Elcano, no cree que la horquilla de precios al alza supere los 80-85 dólares. «Por encima de ahí no le interesa casi a ningún productor –explica–, pues EE UU elevaría su producción y, gracias al 'fracking', podría ofrecer un crudo más barato restando cuota de mercado a Rusia, Arabia Saudí y otros países».

Por eso, y aunque el 'Irán-Oil' «no le ha llegado a Europa en el mejor momento» por la ralentización de la locomotora alemana, Felipe Gálvez, analista de Self Bank, mitiga el riesgo de que pueda restar «alguna décima de PIB» a algún país –por ejemplo, España– y elevar el déficit comercial. Incluso «podríamos ver efectos no tan malos», como esa subida de la inflación que persigue el BCE.

25,000 millones de déficit energético

Los vaivenes alcistas del precio del petróleo pasan una factura casi inmediata a la balanza comercial española, dada su elevada dependencia exterior en materia energética (más de 66 millones de toneladas de crudo al año). Tres de cada cuatro euros del desequilibrio entre las exportaciones y las importaciones se debe precisamente a esa razón.

En 2018 esa factura negativa superó los 25.000 millones de euros, lejos no obstante de los 45.000 millones que alcanzó en 2012, justo en el ecuador de la última recesión económica en España. Esa diferencia ha permitido a los hogares disponer de mayores rentas y trasladarlas al consumo, aunque los expertos estiman que la última escalada de precios del crudo –si se mantiene en el tiempo– podría terminar duplicando el déficit comercial de 2018, que fue de 8.700 millones.