«Hoy en día la gran oportunidad de las empresas es lo transgeneracional»

Núria Vilanova, momentos antes de la entrevista./Gabriel Villamil
Núria Vilanova, momentos antes de la entrevista. / Gabriel Villamil

La presidenta de Atrevia, Núria Vilanova, analiza las características de las generaciones más jóvenes y su influencia en el mundo laboral

Elisa Campillo
ELISA CAMPILLOValladolid

La presidenta y fundadora de la consultora Atrevia y presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica, Núria Vilanova (Vilanova i la Geltrú, Barcelona, 1965), conoce bien a la generación Z. De hecho, acaba de presentar su libro 'Generación Z : todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials', escrito junto a Iñaki Ortega. Según Vilanova, esta generación, que en España alcanza los ocho millones de personas y que ha nacido junto a Internet, se caracteriza por abanderar conceptos como la inmediatez, la irreverencia, la colaboración o la solidaridad, mientras tratan de liderar, a su manera, un cambio de época.

-Los miembros de la generación Z todavía son muy jóvenes, muchos todavía están lejos de trabajar, otros están empezando... Ese espíritu que tienen ellos, ¿se mantendrá en el momento en el que se hagan mayores?

-Ya está impactando. Por ejemplo, una de las cosas que se pueden apreciar es la disminución en la edad de emprender. Los 'millennials' creaban su propia empresa, de media, a los 35 años. Los Z están creando sus empresas a los 24 años. Es decir, hoy en día, los jóvenes están creando sus nuevas empresas a edades más tempranas. Yo creo que no hay lugar a una involución, a un paso atrás, porque ellos son fruto de un mundo que ha cambiado. Y, por lo tanto, como el mundo no va a dar un paso atrás, los Z tampoco.

-¿Puede deberse esto a esa necesidad de inmediatez que tienen? Tienen una idea y la quieren ya, la quieren llevar a cabo mañana mismo.

-No, no, mañana no: ahora. Es el reino del aquí y el ahora. Pero es que han crecido así. Se nota, por ejemplo, con las llamadas. Antes llamabas y si no estaba la persona tenías que esperar. Ahora mandas un 'whatsapp' o una nota de voz y todo es instantáneo. Ellos han crecido así, sin aprender que en algunas cosas hay que tener paciencia. Eso tiene muchas cosas positivas, como que les ayudará a hacer las cosas y a tomar decisiones más rápido, y tiene alguna negativa, pues puede que desconecten cuando algo tiene un tiempo de espera, y que cuando llegue ya no les interese.

-La generación anterior, los 'millennials', se caracterizan por su gran preparación. Hacen una carrera, dos carreras, un máster... Al final emprenden a los 35 años porque es casi cuando acaban de formarse. Ahora, por ese afán de inmediatez, ¿cambian los Z hacia esa concepción de 'lo que me queda por aprender ya lo aprenderé yo mientras emprenda'?

-Desde luego han integrado el concepto del aprendizaje continuo, creo que no hay un solo Z que piense que el aprendizaje acaba al terminar la carrera. Y más cuando son conscientes de que las carreras que estudian hoy se diseñaron en un pasado para empresas que no existirán mañana. Así, han incorporado un proceso de aprendizaje continuo y de autoaprendizaje, o sea, sí buscan ellos mismos fuentes de información y de formación y a veces comparan un profesor del colegio con un profesor que hace vídeos en Youtube, y les puede gustar más el segundo, porque le entienden mejor, les llega, etcétera.

-¿Cómo se puede gestionar el hecho de que les interese más este mundo que está al otro lado de la pantalla que el mundo real?

-Yo creo que nos tenemos que replantear en qué se basa la jerarquía o el principio de autoridad. Y, como padres, para poner el ejemplo más cercano, pero me sirve exactamente igual el de líderes en las empresas, el concepto ya no es 'esto es así porque soy tu padre (o tu jefe)', sino 'esto es así porque tengo una experiencia, unos valores y porque demuestro día a día que soy coherente con lo que pienso y lo que hago'. Pues hoy, más que nunca, si queremos mantener nuestro principio de autoridad tenemos que cumplir la regla de 'no hagas nada que no quieras ver publicado en un titular en prensa, nada que no pueda comprender a tu equipo o nada que no puedas explicar a tus hijos'. Ese es el principio de coherencia en valores, que es el que nos da la autoridad. No creo que sea el fin de la autoridad, sino que es el fin de la 'autoridad porque yo lo digo'. Nos tenemos que ganar la autoridad en valores, en quererles, pues hoy en día liderar es amar, de alguna manera. Eso se sigue necesitando, es muy importante y no lo da la virtualidad.

-¿No existe quizá un riesgo de que en Internet encuentren cosas de las que un padre intentaría alejar a sus hijos?

-Al salir del colegio antes nos vendían marihuana, o dejaban en los bares que con menos de 18 años pidiéramos un whisky, y los padres no nos podían proteger de eso a costa de vigilarnos. Su manera de protegernos era intentar educarnos e inculcarnos valores. Exactamente lo mismo pasa hoy en las redes sociales, y en cambio tiene ventajas. Por ejemplo, antes, un joven al que le gustaban por ejemplo los cómics japoneses era un raro. Si esa era su pasión y esa pasión llegaba por ejemplo a su forma de vestir, en determinadas zonas geográficas seguramente tendría dificultades para relacionarse. Desde que existe Internet ya no hay raros, porque siempre puedes encontrar a otras personas que sienten como tú y te puedes sentir parte de una comunidad. Y los seres humanos genéticamente estamos programados para encontrar la felicidad en grupo, sintiéndonos parte de una comunidad. Y ahí, por ejemplo, Internet ha hecho una gran aportación. No hay raros con Internet, siempre puedes tener tu comunidad, y eso es importantísimo para tu autoestima y tu realización.

-Llegará también una generación que dejará viejos a los Z. ¿Cambiarán mucho las cosas en el futuro?

-Seguro. Y esa generación ya está aquí, que son los menores de nueve años. ¿Cómo serán? Habrá que esperar a que crezcan un poquito.

-Usted afirma que incorporar a sus equipos a personas de la generación Z es beneficioso para las empresas. Quiero pensar que también es interesante incorporar a los 'millennials'...

-Hoy en día la gran oportunidad de las empresas es lo transgeneracional. La diversidad es un valor absoluto en un mundo donde tienes que adaptarte a los cambios. Pero no solo la diversidad de género, sino la diversidad generacional, la de creencias, la geográfica... Todo eso es un valor. Pero la diversidad no es fácil de manejar porque en seguida nace el confort de encerrarnos en nuestro grupo y en nuestra zona de confort. Entonces es un gran reto el convertir la diversidad en un pegamento que nos una y nos haga sacar lo mejor de las compañías.

-Hablando de las empresas, existe una recomendación de que al menos el 30% de los consejos de administración estén representados por mujeres. Es verdad que se venía de un mundo en el que la representación femenina era muy pequeña, pero aún así el 30% todavía no es el 50%. ¿Esperamos a que llegue la generación Z para impulsar este cambio?

-Lo más difícil de las empresas es conseguir el cambio, romper lo que existía. Para mí el 30% es lo que rompe la tradición. Si en un consejo hay una mujer no cambia nada, porque esa mujer es la excepción. Si en un consejo hay dos mujeres es la minoría. Si en un consejo hay tres mujeres eso ya empieza a ser normal. Y por tanto cambia el paradigma, cambia la norma. Para mí lo importante es llegar al 30%. Porque no todas las empresas son iguales. En determinadas carreras universitarias el 80% son mujeres, en otras el 90% son hombres. Tendremos que dejar al mercado que cada empresa se adapte conforme a su realidad, tampoco podemos imponer la misma realidad para todos, pues tendríamos que obligar a los niños y a las niñas a estudiar al 50% todo, y eso no es así. Pero lo importante es que ya haya un cambio de normalidad y después dejar que el mercado nos lleve a un lado o a otro.

 

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