Los socios rusos de Dia logran una holgada mayoría accionarial rozando el 70%

El magnate Mikhail Fridman, líder del grupo de inversores rusos que controlan ahora el grupo Dia. /REUTERS
El magnate Mikhail Fridman, líder del grupo de inversores rusos que controlan ahora el grupo Dia. / REUTERS

LetterOne advierte de que si el Santander no se suma a su pacto con el resto de la banca acreedora no ampliará el capital en 500 millones como había previsto

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

El grupo de inversores rusos que lidera el accionariado de Dia, representado por la sociedad patrimonial LetterOne, ha logrado el control de la tercera mayor cadena de supermercados del país, al hacerse con una holgada mayoría del 69,76%. Así lo confirmó este viernes la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) al publicar los resultados de su oferta pública de adquisición (OPA) a un precio de 0,67 euros por título, que ha sido suscrita por casi el 41% de los otros socios.

El plazo de aceptación finalizó en la noche del pasado día 13 y casi un 12% de los accionistas decidió sumarse a la OPA muy a última hora, lo que evidencia –según fuentes del mercado– que ha sido interpretada más como «la alternativa menos mala». De hecho, buena parte de los inversores minoritarios aún sigue viendo «insuficiente» su valoración, pese a que el jueves la cotización cerró en esos mismos 0,67 euros por título.

Este viernes incluso terminó por debajo, en 0,64 euros tras caer un 4,1% una vez se supo que LetterOne controlaba más del 58,4% que había anunciado «de forma provisional» a primera hora de la mañana. No obstante, el resultado de la OPA había pasado ya hace días a un segundo plano tras eliminar los inversores rusos, liderados por el magnate Mikhail Fridman, la mayoría de las condiciones de su oferta y lograr que su controvertido precio fuera considerado «equitativo» por la CNMV ante las graves «dificultades financieras» que viene atravesando la compañía.

La prioridad es llegar a un pacto con la banca acreedora, como insistieron ayer dos de los socios que no han respaldado la OPA: la Asociación de Accionistas Defensores de Dia (AADD) y la familia portuguesa Amaral (Western Gate), que aúnan un 2% cada uno. Ambos apelaron a la «responsabilidad» de las entidades financieras para cerrar un pacto que garantice «la supervivencia de la empresa».

Salir de la quiebra técnica

Desde LetterOne comunicaron a la CNMV haber «alcanzado un principio de acuerdo sobre una estructura de capital viable a largo plazo con 16 de los 17 prestamistas sindicados existentes de la sociedad, que representan el 77,5% de la financiación sindicada». Y dentro de ella lo más acuciante son varias líneas de crédito que suman 912 millones de euros, cuyo vencimiento había logrado prorrogar el consejo de administración actual hasta el 31 de mayo.

El problema es que esa entidad que aún no ha firmado es justamente a la más que se debe: Banco Santander, con 300 millones. Y Fridman y sus socios han insistido en que si no logra pactar con «todos» los prestamistasno llevará a cabo su anunciada ampliación de capital por 500 millones, que había «asegurado» incluso a través de un banco.

Sin ese dinero la empresa no podría revertir la situación de patrimonio neto negativo (175 millones hasta marzo) en que se encuentra. De no hacerlo antes del día 20 se vería abocada al concurso de acreedores, al entrar en causa legal de disolución, horizonte que quieren evitar las propias entidades financieras.

Pero éstas se consideran discriminadas frente a otros acreedores. Por ejemplo, con los bonistas se mantiene la previsión de pagarles casi 306 millones el 22 de julio sin quita alguna a priori, aunque la cotización de sus derechos de cobro ha caído en los últimos días en el mercado por debajo del 85%.

Reinvertir, una prioridad

También se quejan de que desde LetterOne les pidan cuatro años más de plazo para pagar su deuda –hasta marzo de 2023– pese a que Dia no hará ninguna amortización anticipada, ni tampoco dedicará a ello un solo euro de lo que obtenga por la venta de parte de sus activos. Aquí se estima sacar unos 100 millones por la venta de las perfumerías Clarel y los supermercados mayoristas Max Descuento, aunque se destinarían por entero a inversiones.

Fridman y sus socios no prevén reparto de dividendos a medio plazo y quieren que todos los recursos respalden el nuevo plan estratégico. Incluso necesitará una aportación extra desde la banca de otros 380 millones; eso sí, con garantías adicionales de pago. La razón es que en LetterOne prevén que Dia –que sufrió unas pérdidas netas de 144,4 millones en el primer trimestre– tenga un flujo de caja negativo al menos los dos próximos años, lo que supondrá una necesidad de consumo de entre 200 y 250 millones.

La deuda financiera neta del grupo se estimaba en 1.702 millones de euros hasta marzo, según las últimas cuentas publicadas. Sin embargo, si se suman las cantidades pendientes de pago por alquileres y 'leasing' de flotas, además de lo debido fuera de balance, dicho pasivo se dispararía basta los 2.377 millones, un 65% más que hace un año.

En cualquier caso, ese acuerdo con la banca para salir de la quiebra técnica –desde el próximo lunes cualquier acreedor podría solicitar el concurso– solo es la primera prueba de fuego. Después toca remontar un negocio cuyo margen comercial cayó un 11% de enero a marzo, entre menores ventas y mayor desconfianza de los proveedores.

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