Editorial: Síntoma de desaceleración

Pedro Sánchez se reune comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios./EFE
Pedro Sánchez se reune comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios. / EFE

El suave enfriamiento de la economía no es preocupante, salvo que se prolongue en el tiempo en un contexto internacional desfavorable

El Norte
EL NORTEValladolid

Múltiples indicadores coinciden en apuntar la entrada de la economía española en la senda de una desaceleración por ahora moderada, pero inequívoca. Los informes de prestigiosos servicios de estudios confirman que los momentos de máximo esplendor del ciclo pertenecen al pasado, lo que aconseja no regatear esfuerzos para prolongar cuanto sea posible el actual periodo de bonanza. Sería irresponsable ignorar el paulatino agotamiento de la inercia que ha empujado la actividad en los últimos años y obrar como si no existiera. Pero también dibujar un tenebroso horizonte o alentar un alarmismo hoy por hoy injustificado. La pérdida de fuelle del consumo de las familias y de las exportaciones -dos de los principales pilares sobre los que se ha apoyado la recuperación- refleja el deterioro del clima económico. A esos síntomas se suma un menor impulso del turismo, tras registrar récords históricos, y de la producción industrial. El negativo comportamiento del empleo en agosto refuerza un diagnóstico ya muy asentado sobre el inicio de una fase de crecimiento más suave, que empezó a cobrar cuerpo después de que el avance del PIB se situara en el segundo trimestre por debajo del 3% por primera por vez en tres años. La actual tasa del 2,7%, la más elevada entre las grandes potencias de la UE, permite afrontar con calma ese escenario de ralentización de la actividad. Pero el Gobierno hará bien en no bajar la guardia porque, aunque la situación dista de resultar preocupante, podría empezar a serlo si el freno a la economía se intensifica y se prolonga en el tiempo. El Ejecutivo habrá de evaluar ese nuevo escenario antes de decidir sobre las subidas de impuestos que ha planteado confusamente, el contenido de los Presupuestos del próximo año y cualquier otra medida que aspire a aprobar con su precaria minoría parlamentaria. La inestabilidad política en nada ayuda a afrontar una situación de ese tipo. Sin embargo, el principal peligro es el representado por un contexto internacional muy distinto al que ha favorecido el despegue de la economía española en los últimos años. La carestía del petróleo, la retirada de los estímulos del BCE previa a una subida de los tipos de interés y los posibles efectos del 'brexit' y de la guerra arancelaria promovida por Trump configuran un panorama proclive a agudizar la desaceleración en ciernes en el conjunto de la UE. Con la última recesión y sus letales efectos aún en la memoria, cabe confiar en que no se repitan los errores del pasado.

Nuevo bono social

El 8 de octubre termina el plazo para que los antiguos beneficiarios del llamado bono social -un descuento en la factura de la luz-, unos 700.000 hasta ahora, soliciten si procede el paso al nuevo sistema, aprobado a finales del año pasado, que vinculó estrictamente este beneficio a la renta de los hogares (con anterioridad, también podían acogerse al sistema unidades familiares con bajo consumo, incluso segundas residencias, con independencia de la renta). Además, a partir del mencionado día, podrán darse de alta quienes cumplan los requisitos exigidos, sin aguardar plazo alguno. Este beneficio social llega cuando la factura de la luz se ha disparado, por razones que la opinión pública no entiende y que, de momento, no están siendo abordadas por los poderes públicos. Por lo menos, se aligera así la carga de los menos favorecidos, pero este alivio de conciencia no debe entorpecer la solución del problema de fondo, que es el de la carestía excesiva de la electricidad.

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