Desaceleración suave

Aunque no se vislumbre una recesión, hay que reducir la deuda y el déficit públicos para tener margen si llega otra crisis

Desaceleración suave
Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

Una cierta desaceleración global es un hecho, constatado por el FMI, que esta pasada semana rebajaba levemente sus previsiones de crecimiento para la economía mundial –hasta el 3,3% en 2019 y 3,6% en 2020–, si bien España se mantendrá al frente de las economías desarrolladas, con un 2,1% de crecimiento del PIB este año y un 1,9% el que viene. En el ejercicio en curso, la desaceleración representaría para nuestro país apenas una décima de punto, aunque las exportaciones han retrocedido levemente (en enero cayeron un 1,3%), debido fundamentalmente al mercado automovilístico. La OCDE acaba de reconocer que España ha logrado estabilizar su impulso de crecimiento, a pesar de que el ritmo de expansión de la mayoría de las principales economías mundiales continúa debilitándose. No estamos, por ahora, en riesgo de recesión ni las circunstancias son semejantes a las que precedieron al 'crash' de 2007. La desaceleración se debe a la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, provocada por el proteccionismo de Trump, que ha afectado al comercio mundial, así como a las incertidumbres generadas por el 'brexit'. Por otra parte, no se han formado amenazantes burbujas inmobiliarias a punto de estallar, según ha certificado el Banco de España, aunque el paro elevado sea un problema estructural de importancia. En definitiva, no hay similitudes entre este declive y la gran crisis, y más bien la coyuntura actual se parecería a la de principios de los 90, una leve caída del ciclo económico debida en aquella ocasión a la burbuja tecnológica generada por las primeras empresas de Internet. Ello no obstante, este aviso a navegantes debería servir para estimular un saneamiento más rápido de la economía española (y de la europea en general), lastrada por una deuda excesiva y un déficit todavía demasiado alto, con el fin de que se puedan adoptar políticas expansivas si llega una fase recesiva. En tiempos de bonanza, conviene prepararse para la adversidad.