Editorial: Cerco proteccionista

Nadia Calviño, ministra de Economía y Empresa./Javier Lizon/EFE
Nadia Calviño, ministra de Economía y Empresa. / Javier Lizon/EFE

Europa ha de defender la libertad de comercio para no hipotecar las posibilidades de sus ciudadanos en consumo e innovación

El Norte
EL NORTEValladolid

La ministra Nadia Calviño advirtió el martes en el Congreso que la economía global podría dirigirse hacia un ciclo de ralentización que, en principio, no afectaría a la previsión de crecimiento que el Gobierno español maneja en sintonía con los vaticinios del mandato de Rajoy. La Comisión Europea corregirá hoy a la baja sus pronósticos sobre la evolución de los países de la UE durante este año y reducirá una décima, hasta el 2,8%, la estimación para España. El apunte de Calviño pareció anunciar otro ajuste cíclico en la economía mundial, como si se tratara de un vaivén natural y hasta cierto punto saludable. Pero Bruselas está preocupada por algo mucho más concreto: la espiral proteccionista que deriva de las decisiones de la Administración Trump como factor que constriñe el libre mercado y retrae el comercio internacional hasta contribuir a una 'deseconomía' global. La guerra arancelaria desatada por el peculiar inquilino de la Casa Blanca, que incentiva un proteccionismo en cadena, amenaza con frenar el crecimiento y la prosperidad de la Unión, contrasta con el compromiso que los socios de la UE y las empresas radicadas en ellos vienen asumiendo desde hace décadas a favor del libre comercio. Por testimonial que resulte, Europa no debería sumarse a la dinámica de aranceles recíprocos con la que Washington y Pekín parecen disputarse la hegemonía contra la globalización, en tanto que el proteccionismo atiende a los intereses de las compañías menos competitivas, o que precisan siquiera momentáneamente de la cobertura de las instituciones públicas. La Europa de la Unión está obligada a defender sus principios sobre la economía y el comercio libres porque, si se convirtiera en gregaria acrítica del proteccionismo, acabaría hipotecando las posibilidades de 500 millones de ciudadanos como un colectivo autónomo de consumidores exigentes y productores dispuestos a la innovación. Para ello, es importante que cada país miembro de la UE aplique políticas consecuentes con la apertura de los mercados y la competitividad de las empresas. Es importante que el Gobierno español ciña sus Presupuestos para 2019 a la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública, que sopese de qué modo asegurar el equilibrio en la cuentas respectivas de las distintas administraciones –central, autonómica y municipal– para contribuir al bienestar y al crecimiento al mismo tiempo, y que recapacite sobre dos propósitos que podrían volverse contradictorios: elevar la presión fiscal y fomentar el incremento de los salarios.

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