Bruselas no acepta más retrasos y apremia a los Estados a encarrilar el Presupuesto de la UE

Sede de la Comisión Europea, en Bruselas./EFE
Sede de la Comisión Europea, en Bruselas. / EFE

Oettinger recuerda que la salida del Reino Unido dejaría un agujero de 84.000 millones que deben cuadrarse con «más recortes y nuevas contribuciones»

SALVADOR ARROYOBruselas

«Más retrasos ya no son aceptables». En estos términos se ha expresado este miércoles el comisario europeo de Programación Financiera y Presupuestos, el alemán Günther Oettinger, para requerir a las capitales que superen sus diferencias y encarrilen el Marco Financiero Plurianual (2021-2027) de la UE antes de que acabe el año. Un llamamiento a los jefes de Estado y de Gobierno de cara a la cumbre que se celebrará en Bruselas los próximos días 17 y 18, que estará capitalizada por el 'brexit'.

El borrador de ese presupuesto a largo plazo que establece los límites de gasto contempla una reducción del 15% en política agraria y del 7% en política de cohesión. Asuntos espinosos que centran los desencuentros más claros entre los Estados miembros. Y todo ello en un contexto muy preocupante: el posible divorcio traumático del Reino Unido.

Sin los británicos, faltarán 11.000 millones de euros de contribución neta el primer año, hasta 14.000 el siguiente y, en la suma total, la friolera de 84.000 millones. En definitiva, un gran agujero que hoy es muy probable si se tiene en cuenta el rechazo frontal de Bruselas al plan de Boris Johnson. Por si hubiera alguna duda, Oettinger, lo ha vuelto a remarcar durante su comparecencia: la de Londres «no es una propuesta de solución satisfactoria».

La cuestión es que la Comisión ha propuesto que el 50% de ese potencial desfase se compense con más recortes en los fondos de cohesión mientras que para recomponer la otra mitad se requerirían nuevas contribuciones. Y aquí el conflicto interno se agudiza con otro elemento de discrepancia. El presupuesto de Bruselas equivale a un 1,114 % de la renta nacional bruta (RNB) de los Veintisiete. Hablaríamos de un total de 1,3 billones de euros.

Pero Alemania, Holanda y varios países nórdicos quiere rascarse aún menos el bolsillo; no superar el umbral del 1,0%. «No salen las cuentas que se hacen desde Berlín», ha afeado Oettinger, quien ahondó en la crítica asegurando que hay Estados con «que tienen mejor posición en función de PIB que ponen menos que Bulgaria o Croacia, que proporcionalmente contribuyen más».

El comisario alemán realizaba este llamamiento coincidiendo con el inicio en Luxemburgo de una reunión del Eurogrupo que tenía este asunto sobre la mesa junto con la casi perenne discusión sobre la puesta en marcha de un presupuesto específico para la zona euro, el llamado BICC y cuyo tamaño se determinará precisamente en el contexto del Marco Financiero Plurianual. Los ministros de Economía y Finanzas tenían prevista una larga discusión.

Algunos piden más

El objetivo era dar con una dotación más o menos definitiva (se han barajado 17.000 millones de euros para siete años, una cifra que se antoja bastante ajustada) y si esta debería nutrirse de aportaciones nacionales suplementarias. Tampoco su finalidad esta plenamente definida: financiaría inversiones y reformas estructurales. Hasta ahí lo acordado hasta la fecha, pero países como España insisten en que debe ser mucho más ambicioso y servir también como herramienta de apoyo a economías en situación de riesgo.

Más allá del Presupuesto comunitario, el Eurogrupo ha respaldado el nombramiento de Fabio Panetta como nuevo miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE). Sustituirá a Benoît Cœuré, cuyo mandato, tras ocho años, concluye el 31 de diciembre de 2019. Panetta, número dos del Banco de Italia, vendría a reforzar la acción acomodaticia que ha venido liderando Mario Draghi y que se espera pueda continuar su sucesora Christine Lagarde.

Pendiente quedaría nombrar a la sustituta de Sabine Lautenschläger, que dimitió hace dos semanas del Consejo de Gobierno del BCE por sus discrepancias con el último plan de estímulos lanzado por el banquero italiano. Puesto que Alemania, que lidera el sector duro, reclama como propio.