Serena despierta del sueño a Garbiñe Muguruza

Serena Williams y Garbiñe Muguruza con sus trofeos. /
Serena Williams y Garbiñe Muguruza con sus trofeos.

La española cayó en la final por 6-4 y 6-4 ante una tenista intratable que se hizo con su ‘grand slam’ número 21

VICTORIO CALEROmadrid

Fue imposible. El sueño de una tarde de verano hecho añicos por una máquina de ganar, una tenista que es leyenda y pasará a la historia como una de las mejores. Así es muy difícil. Y eso que Garbiñe lo intentó en ambos sets. Probablemente mereció algo más. Pero se derrumbó ante una tenista que se hizo con su grand slam número 21 de 25 finales. Palabras mayores ante una novata que, eso sí, dará muchísimas alegrías al tenis español.

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Al final, en la entrega de premios se emocionó. Un pequeño llanto, lágrimas de campeona. «He disfrutado muchísimo. No tengo palabras para describir lo que he vivido. El sueño de jugar una final de grand slam se ha hecho realidad», aseguró a duras penas, con los ojos llorosos, Garbiñe Muguruza. «No estés triste. Vas a levantar este trofeo muy pronto», le confesó Serena. Optimismo: el presente es de la norteamerican, el futuro de Muguruza. Del tenis mundial y del español, porque los próximos años pasan por ella y Carla Suárez, no por la Armada.

No fue la Garbiñe de días anteriores. En la final, que perdió por 6-4 y 6-4, se le vio más tensa, más tímida que en otros partidos. Ni rastro de su sonrisa, esa que ha conquistado el corazón de los ingleses en La Catedral estas dos semanas. Eso sí, hincó las rodillas con honor, valentía y personalidad, marcas inconfundibles de su tenis.

Nada de regalar la final. Terminó el partido llevando al límite a Serena Williams, la número uno indiscutible de este deporte, que ha ganado ya esta temporada el Open de Australia y Roland Garros a sus 33 años. Solo le queda el US Open para ser más historia. Por ahora ya tiene seis títulos de Wimbledon. Por eso tiene mucho mérito lo que hizo Muguruza, que como premio, estrenará su mejor clasificación la semana que viene: será la novena tenista del mundo.

Y eso que, curiosamente, al inicio la novata parecía Serena Williams. Atenazada por los nervios, hizo tres dobles faltas solo en el primer juego del partido. Nerviosa, su derecha tampoco funcionaba mientras enfrente tenía una metralleta que encontraba los ganadores con la gorra. Daba igual que fuese su primera final de grand slam por la número 25 de la norteamericana. La más veterana se dejó su saque y cedió el mando a Muguruza al principio de la manga.

De más a menos

Garbiñe partía la bola desde la línea de fondo. Perfecta ante una tenista con un juego idéntico, el único problema para ella era que no conseguía abrir hueco. De ahí que poco a poco la menor de las Williams fuese cogiéndole el aire al partido. Encontraba cada vez más a menudo las líneas. Y a pesar de que la tenista natural de Caracas estaba dando la cara, tan pronto salvaba dos bolas de rotura con cuatro saques magníficos como se lanzaba a la red para cerrar el punto, en cuanto llegó la rotura de Serena cambió el partido.

Ya no eran solamente golpes aislados de la campeona en Australia y París este año. Se fue tornando invulnerable gracias a mazazos constantes. Daba igual donde estuviese en la pista. Da miedo Serena cuando arranca en la pista. No hay ninguna tenista capaz de acercarse al nivel de la estadounidense cuando tiene hambre y está inspirada. Gritaba, celebraba, disfrutaba y preocupaba a Garbiñe. Poco podía hacer la española, que vio como su rival terminaba el set apretando el puño. Se ponía imposible el partido.

Cuando Muguruza jugaba con segundo saque era una utopía para ella. Serena no perdonaba. Por eso hizo un parcial de nueve juegos a uno. Muguruza apenas pudo hacer cinco puntos en los seis primeros juegos del segundo parcial. Estaba sobrepasada. Pero no quiso irse así, con mal sabor de boca, de este mágico Wimbledon para ella. Deseaba disfrutar un rato más de la final, del mejor torneo del mundo. Hizo tres juegos seguidos y puso patas arriba el All England Tennis Club. Pero no pudo completar la proeza en su tercera participación en Wimbledon. Mucha Serena. La norteamericana se hacía así con otro grande y despertaba del sueño a Garbiñe Muguruza. Habrá más oportunidades.