Nadal se derrumba ante Brown

Dustin Brown muestra su tatuaje, con Nadal de espaldas. Reuters/
Dustin Brown muestra su tatuaje, con Nadal de espaldas. Reuters

Cayó en la trampa del 102 del mundo, que trituró al español en segunda ronda a base de voleas y un juego imprevisible

VICTORIO CALERO

Continúan los nubarrones negros sobre Rafa Nadal. Este año tampoco será su Wimbledon después de su sorprendente derrota ante el alemán Dustin Brown. Adiós en segunda ronda, como en 2012. Y esta vez también ante un tenista prácticamente desconocido: el número 102 del mundo. Nadal ha caído ante jugadores fuera del top-100 en las últimas cuatro ediciones de Wimbledon. Y no sólo eso. Fue una derrota con las mismas sensaciones que en temporadas anteriores: sin confianza, sin soluciones, irregular, y sin que su derecha apareciese. Por eso cayó por 7-5, 3-6, 6-4 y 6-4 ante un tenista que hizo el partido de su vida y que le ha ganado las dos veces que han jugado.

El primer set fue una exhibición del germano. Para empezar, ver un punto de más de dos o tres intercambios era igual de probable que ver a un tenista vestido de negro en Wimbledon. Malo para Nadal, porque era imposible que cogiese ritmo ante un tenista que iba a ráfagas, a su marcha, a un ritmo distinto al de cualquier otro. Tan pronto hacía cuatro puntos de genio y ganaba su saque en blanco como, al siguiente, huía como un kamikaze a la red y lo perdía sin hacer un punto. Al resto, lo mismo. De hecho, encadenó ocho puntos seguidos para igualar el set a tres. A partir de ahí, Nadal se enredó. El juego agresivo de Brown le descolocó. El alemán, que hizo 20 winners y 24 subidas a las red sólo en la primera manga, se lo creyó y se lució. Sus subidas eran alocadas e imprevisibles, pero efectivas. Y Nadal pagó ese desconcierto con el primer parcial.

Brown sólo tenía una cosa en la cabeza: subir una y otra vez a la red, no dar ritmo al español. Con un tenis que recordaba más al del siglo pasado por su afición por terminar el punto en la volea, se plantó con un set a favor. El dos veces campeón en Wimbledon sólo le cogió la onda al partido en el segundo parcial, especialmente al resto. Sin embargo, la efervescencia que mostró Brown en el primer set duró mucho más de lo esperado. Fue un amor de verano atípico: un momento de felicidad extrema sin fecha de caducidad que se extendió tanto en el tiempo como para acabar con final feliz. Probablemente, el día más feliz en la carrera de Brown.

Nadal, sin reacción

Porque después de que Nadal empatase a un set el partido, no sin dificultades, de nuevo Brown retomó su recital. Ocurrió eso, y que el manacorense falló al saque. Su servicio no hería a su rival. Y se lió: hizo dos dobles faltas seguidas y cedió terreno. Tanto que con ese único break le bastó al alemán para hacerse con la manga. Sorprendentemente, su efectividad en la red seguía siendo alta. Tenía argumentos: dejadas, voleas, palos, líneas Mucha variedad en Brown y pocas soluciones en el de Manacor.

En el cuarto parcial todo continuó igual. La derecha del español no funcionaba, sus famosos passings no aparecían y su servicio seguía en busca y captura. Estaba a merced de Brown, sobreviviendo gracias a sus errores. Y no le perdonó. Se encontró con una rotura a favor muy pronto en el cuarto set. Tenía que gestionar ese descaro que le había puesto en una situación inmejorable, y lo hizo.

La central del All England Tennis Club se puso de pie en el último juego. Se vivía un drama. El dos veces campeón en la lona. Y Brown le remató con otro festival de voleas, de tenis del que ya no se ve ante un Nadal que al igual que ante Kyrgios, Darcis o Rosol, se vio superado por un tenista que tuvo su día. Ese mismo día en el que Rafa Nadal se volvió a derrumbar en Wimbledon.