El valor del cero

El VRAC no solo ha tomado ya el pulso al campeonato sino que su juego le llega para dejar en blanco al eterno rival

Alvar Gimeno, autor de los dos ensayos del derbi, es felicitado en el pasillo del eterno rival. /Villamil
Alvar Gimeno, autor de los dos ensayos del derbi, es felicitado en el pasillo del eterno rival. / Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Es el signo de la humillación supina. En el futbolín o el tenis de mesa, representa pasar por debajo de la mesa. Ganar un derbi es lo máximo, pero si además lo haces con un rosco y te subes al primer puesto de la clasificación, el regocijo adquiere dimensión de éxtasis. Es lo que le ocurrió ayer al Quesos. No solo impuso su ley ante el eterno rival, sino que, además, le dejó en blanco. «Ni bonus, ni liderato, ni nada, lo mejor es el cero», espetan dos hinchas del VRAC mientras enfilan la salida. «Es que nos han dejado a cero», lamentan dos chamizos al tiempo que los de Juan Carlos Pérez abandonan el césped camino del vestuario. Es lo que tiene terminar un duelo de máxima rivalidad sin estrenar el casillero. Los que ganan ensanchan el festejo y los que pierden horadan su depresión como consecuencia de concluir la pelea sin un tanto que llevarse al paladar. 20-0 para un cuadro azulón, que supo adaptarse a las circunstancias para trocar su habitual dinamismo por un dibujo rocoso, infranqueable, que anuló por completo al SilverStorm. El frac cedió su espacio al mono azul.

Al Chami se le escaparon las opciones entre los dedos. Puro aceite. Cada vez que surgía una oportunidad de hacer diana, el oval resbalaba hacia el césped para mayor gloria del Quesos. El infinito reguero de imprecisiones en el bando blanquinegro asfaltó la autopista hacia la victoria de un VRAC, que esta vez se disfrazó de pared para confirmar su supremacía en el rugby español. Los de Diego Merino tienen que seguir soñando con su ridículo comienzo de curso y su eliminación copera, un accidente impropio de un equipo que, por fin, ya ha tomado el pulso al campeonato.

Perder 20-0 representa una afrenta para El Salvador. Siempre tuvo una opción, porque en el derbi todo es posible, pero su esperanza murió cuando Alvar Gimeno estampó el balón contra el césped y Griffiths transformó el ensayo para alcanzar la veintena. Ya no había tiempo para más. Juan Carlos Pérez abandonó su posición en la tribuna y presenció el disgusto desde el fondo, sobre el verde, ya sin opciones. Su libreta estaba cerrada. No era el día de los suyos ante un VRAC que escapó de su habitual rugby de salón, a la mano, por un juego sólido, sin grietas, que heló a un Chami incapaz de controlar sus emociones para competir en los momentos importantes.

Abrazos y celebraciones al término del encuentro a pie de césped.
Abrazos y celebraciones al término del encuentro a pie de césped. / Villamil

El Salvador tuvo varias oportunidades, una de ellas tras una interceptación de una patada defensiva junto a los palos del Quesos, pero el oval parecía un queso engrasado en las manos de los jugadores chamizos, que cometieron el enésimo gazapo para ver cómo la sonrisa mutaba de bando cada vez que intentaban desabrochar el acompasado acordeón del VRAC.

La hinchada chamiza comenzó el derbi con pasión, pero su garganta fue perdiendo potencia al tiempo que sus jugadores se estampaban ante el dique quesero. La delantera del SilverStorm metió kilos en el horno, pero se estrelló ante la contundencia de un contrario que esta vez no estaba dispuesto a dejar escapar el liderato. Y así fue. La batalla del césped pronto se trasladó al furor de la tribuna, donde el frente blanquinegro solo pudo bailar al son de las canciones que brotaban del bafle quesero. Ensayo del Quesos, todos a gozar al son de The Fratelys (Chelsea Dagger). Transformación o golpe, algarabía al ritmo de Kungs vs Cookin on 3 Burners (This Girl). Cada punto tiene una peformance. No estaría mal que el club tomara nota para extenderlo y hacerlo suyo para enamorar al resto de su afición. Lo que viene a ser una experiencia más allá del rugby. Espectáculo y diversión.

El 20-0 no representa la distancia real entre los dos conjuntos vallisoletanos pero, como cada derbi es un mundo, explica de una forma gráfica los kilómetros que tienen ahora entre sí el Chami y el Quesos. El cero es un bofetón que los de Juan Carlos Pérez tienen que digerir pronto para levantarse e intentar recomponer su figura. El cuadro de Merino también necesita metabolizarlo cuanto antes para huir de la euforia antes de que la Copa Ibérica le baje de la nube. De camino a estos dos escenarios, el duelo de ayer entregó la felicidad al bloque que presentó menos arrugas y firmó una cifra menor de errores. Y en este punto, el Quesos se mostró más maduro y harinó sus dedos para arrinconar a un Chami demasiado errático.

El Salvador estuvo desconocido hasta en la melé, donde el Quesos también marcó su territorio. Derbi perfecto para los de Merino, que recuperan la autoestima y vuelven al sitio que perdieron como consecuencia de su extraño inicio de campeonato. Más allá del resultado, que empitona al Chami y descorcha el champán del VRAC, el duelo descubrió, de nuevo, que Valladolid marca la pauta en el rugby patrio, aunque los derbis tienen cada vez menos decibelios y un ambiente más gélido de lo habitual.