Cosas que nunca verás en un campo de rugby

Pasillo en la final de Copa de 2016. /
Pasillo en la final de Copa de 2016.

Aunque pueda parecer lo contrario, algunas actitudes propias del dbalompie son inadmisibles para un jugador o un seguidor del rugby. He aquí algunos ejemplos

JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Cuando un neófito presencia un partido de rugby por primera vez, puede llegar a escandalizarse al ver los choques, los placajes, pero también se queda boquiabierto con la velocidad, el ritmo y la exigencia física. Las reglas son complejas, pero el espectáculo engancha. Y más aún, si nuestro invitado permanece atento unos minutos, entonces se dará cuenta de que los encontronazos son nobles y que la deportividad predomina por encima de cualquier otro aspecto. Ver cruzar a un jugador la última frontera destila pasión. Por eso, hay multitud de situaciones, habituales en otras disciplinas, que nunca verás en un encuentro de rugby, ni antes, ni durante, ni después. Si lo pruebas, repetirás.

Jugadores trajeados antes de un partido

El rugbier es un tipo sencillo, nada de estrambóticas vestimentas ni otros artificios. Nunca verás a los protagonistas bajando del autobús antes de un partido importante en traje o con el último modelo de la pasarela de Milán. Tampoco con 'looks' retro estilo Sergio Ramos. Nada de eso. Horteradas, las justas. El jugador de rugby llega al estadio cambiado, en pantalón corto, con las medias bajadas, camiseta cómoda, algunos con chaqueta de chándal, al hombro o puesta, y otros en chanclas si la temperatura lo permite. Auriculares grandes, eso sí. La música no puede faltar para elevar la motivación, pero el resto de accesorios sobra. Venimos a trabajar, no a lucir palmito.

Teatro

El rugby es un gran espectáculo, pero se encuentra en las antípodas del teatro, de la simulación. El juego es duro, pero nadie finge un golpe que no haya recibido ni intenta engañar al árbitro. No hay interrupciones innecesarias, ni volteretas estilo salmonete recién pescado tras un roce inventado. En este deporte no existen los pillos o los que buscan sacar tajada del embuste. Son sus valores y los protagonistas los siguen a rajatabla, sin fisuras.

Acorralamiento al árbitro

El árbitro de rugby es una figura respetada. Jamás verás un corrillo en torno al colegiado. Es más, solo hablan con él los capitanes. Y siempre con respeto, como el niño que se dirige a un profesor para solicitar algo (póngase en la España de hace años, no en la actual, en la que algunos escolares tratan como un trapo al docente). No hay protestas, solo diálogo. El rugbier también tiene el corazón a mil pulsaciones, pero controla sus impulsos porque sabe que el árbitro es la máxima autoridad. Respeto mutuo.

Ultras

Los prolegómenos de un encuentro de rugby son festivos, las aficiones conviven en paz y armonía e incluso algunos intercambian la camiseta con el rival como muestra de la máxima hermandad. Comparten cerveza y viandas, si se da el caso, pero nunca buscan el conflicto ni la agresión. En el oval no hay ultras, lo que permite que los hinchas disfruten de una experiencia enriquecedora y nada violenta.

Lanzamiento de objetos al terreno de juego

A ningún aficionado se le ocurrirá nunca lanzar un mechero o cualquier objeto como gesto de protesta por algo que le haya parecido mal. Los hinchas no van al estadio a desahogarse, sino que buscan compartir un buen espectáculo con sus compañeros de grada y, por supuesto, con su equipo.

Altanería con los aficionados

El rugbier no solo es sencillo cuando accede al césped, también demuestra sus valores y su humanidad cuando concluye la batalla. Incluso tras una derrota. Los jugadores se muestran accesibles, cercanos al hincha que siempre está de su parte. No escatiman una sonrisa ni una fotografía. Es otro de los embrujos de un deporte único. En la sencillez reside el éxito.

El nombre en la camiseta

Los egos individuales en el rugby no forman parte de la escena principal, sino que aparecen en un plano completamente secundario. Una vez más, el colectivo, el deporte, prima sobre cualquier otro aspecto. Por eso, ningún jugador lleva el nombre impreso en su camiseta. El número indica la posición y el jugador luce el escudo de su club por encima de su imagen de marca. Más valores.

Pérdidas de tiempo

Una de las virtudes que tiene el oval por encima de cualquier otra disciplina es el dinamismo y la continuidad. Las pérdidas de tiempo no existen porque lo primero es jugar, ensayar, percutir, correr y luchar. No hay espacio para el aburrimiento. La introducción del videoarbitraje genera algún parón para verificar jugadas confusas, pero a veces hasta viene bien un respiro para volver al juego con más intensidad.

Silbidos en un golpe de castigo

Cuando un pateador talona, respira hondo y se dispone a embocar un golpe de castigo, el estadio guarda un silencio sepulcral. Da igual que sea el rival el que dispara y que ello pueda suponer que el equipo propio pierda el encuentro. Siempre silencio. Todo lo contrario a lo que ocurre en el fútbol, el baloncesto o el balonmano, por ejemplo. Cuando hay un penalti o un tiro libre, la hinchada que lo sufre se deja la garganta para desconcentrar al lanzador. Una vez más, el valor del rugby.

Negativa de pasillo

El pasillo no representa una humillación, sino un reconocimiento al contrario. En el rugby, el equipo que pierde no tiene problemas en felicitar y dar la mano al adversario. Le hace pasillo con la cabeza bien alta. Es un deporte noble desde la primera patada hasta el último sorbo de cerveza en el tercer tiempo.

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