Chami, allá voy

El Quesos Entrepinares gobernó la semifinal desde la primera patada para alcanzar la final contra el eterno rival

Aficionados queseros en la semifinal liguera. /A. Mingueza
Aficionados queseros en la semifinal liguera. / A. Mingueza
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Valladolid ya tiene su final. La Liga de rugby volverá a vestir, una vez más, los colores de la ciudad. El desenlace no será en Zorrilla, pero Pepe Rojo coronará de nuevo a uno de sus inquilinos, lo que representa un éxito más del oval castellano. El Chami sudó y sufrió para clavar sus tacos en el partido por el título. El VRAC, en alerta, no dejó un solo espacio para la sorpresa. Es como si los de Diego Merino hubieran usado el choque de su eterno rival como palanca motivadora para no permitir un respiro a su oponente.

El Quesos gobernó el duelo desde la primera patada. Alcobendas es posiblemente el contrario más fiero de los dos equipos vallisoletanos, pero ayer no encontró su sitio en Pepe Rojo. Y no lo hizo porque el VRAC no soltó el cuchillo en toda la batalla. Pulcro e intenso en defensa y con la delantera bien afilada, el cuadro azulón aplastó sin piedad a su adversario.

Al equipo vallisoletano no le hizo falta ver los dientes de su rival para poner en marcha la máquina. El conjunto que dirige Diego Merino metió todos los kilos en el horno desde el primer silbido y antes de atravesar el minuto 20 ya dominaba por 13-0. La avalancha de intensidad del Quesos hizo tan pequeño al Alcobendas que había que fijarse bien en el uniforme para identificar que, realmente, era el equipo madrileño, tercero en la Liga, el que trataba de contener la hemorragia de rugby que le brotaba desde la otra orilla.

Los de Diego Merino esquivaron a la especulación y dejaron prácticamente sellado su billete para la final antes del descanso. El Alcobendas no tuvo opciones. Marcador a cero y la impotencia desbocada ante un VRAC que no acusó el parón. Velocidad a la mano, martillo pilón por dentro y eficacia en la bota de Griffiths fueron los ingredientes que atragantaron al conjunto madrileño, que solo pisó el césped azulón en el segundo acto, cuando el Quesos ya tenía el sello en su pasaporte. Fuego de artificio para un campeón de Copa venido a menos ante un excelente cuadro castellano.

Como en el duelo del SilverStorm, el lunar lo puso la hinchada azulona. No por ruido, que puso más pasión que la afición chamiza, sino por número. Es triste ver a medio gas las gradas de Pepe Rojo cuando el titular del recinto se juega la clasificación para la final de la Liga. Algo sucede con el rugby vallisoletano. Los clubes siguen ganando, pero las tribunas se vacían. Ni siquiera los derbis son lo que fueron. Después de lanzar la plataforma RUGBYA, tanto VRAC como El Salvador deberían pararse a pensar en el producto. De la Federación mejor no hablar, porque cada día demuestra con sus actos que le importa muy poco el desarrollo del rugby español. Más allá de los éxitos, que está claro que siguen llegando, Chami y Quesos necesitan darse una vuelta por el escaparate del Marketing para ofrecer a sus fieles algo más que oval y cervezas. Música, animación, actividades, experiencia. Expriman un poco la imaginación para recuperar seguidores o cuando los éxitos dejen de llamar a la puerta, Pepe Rojo parecerá un desierto.

PD. El altavoz (a medio gas) del fresquero del pueblo de mi madre tiene más reverb que el de Pepe Rojo.