Indy Car

Alonso sigue sin rodar y en McLaren cunde el pánico

Fernando Alonso, en la Indy Car. /Reuters
Fernando Alonso, en la Indy Car. / Reuters

El retraso para montar el chasis de repuesto, que se convertirá en el principal a partir de ahora, hizo que Alonso no saliese a rodar en la tercera jornada de entrenamientos para Indianápolis

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

Fernando Alonso está reviviendo una pesadilla. Como le ocurrió en su segunda vuelta a McLaren en la Fórmula 1, su regreso a Indianápolis también con el equipo de Woking está siendo de todo menos productivo. No le acompaña la fiabilidad (problemas eléctricos el primer día), tuvo un fallo de pilotaje (accidente el segundo día) y ni siquiera le está siendo propicia la climatología (lluvia el tercer día que hizo que se suspendiera la sesión). Indianápolis está golpeando con toda su fuerza y crueldad el sueño de un Alonso que vio cómo en 2017 todo le iba a las mil maravillas, algo que desafía la probabilidad estadística.

El proyecto de McLaren no está a la altura del de Andretti Autosport cuando ambos se asociaron para la cita de hace dos años. El hijo de Mario (ganador una vez de 29 intentonas, ahí es nada) ya contaba con una estructura fiable, con años de experiencia y un equipo implicado al 100% en la idiosincrasia y características que hacen únicas las 500 millas de Indianápolis, en particular, y de la IndyCar en general. El reto de Zak Brown al status quo de la competición americana por excelencia fue demostrar que desde Gran Bretaña, como antaño hizo su fundador Bruce McLaren, podían hacer un coche campeón. Para eso aprovecharon el sueño de un piloto empeñado en entrar en la leyenda del automovilismo.

Tras un tercer día sin rodar en condiciones (ni sin ellas), Gil de Ferran, el director deportivo de McLaren y hombre que sabe lo que es beber la leche de ganador en las 500 millas, justificaba la situación. «El equipo revisó los daños y tomamos la decisión de pasar al coche reserva, pero durante ese proceso se comprobó que se había dañado el motor, y eso resultó en un cambio de motor que supuso una carga de trabajo adicional. Aunque tenemos varias personas experimentadas en el equipo, aún somos relativamente nuevos como equipo. Debido a esto, y al hecho de que tenemos un profundo respeto por Indianápolis, estamos siendo cuidadosos y meticulosos en nuestro enfoque, y queremos asegurarnos de que ponemos en pista el mejor coche posible», decía el brasileño. Sin embargo, no puede ocultar lo obvio: han rodado muy poco, y en esas escasas vueltas, no han sido demasiado competitivos.

Alonso no escapa de la culpa

Causa y consecuencia a la vez de esta situación, el accidente del miércoles hizo perder a Alonso un día de trabajo. Es verdad que la lluvia llegó en el peor momento posible, pero mientras que McLaren no pudo montar su coche a tiempo, sí lo hizo el equipo Penske con el monoplaza de Felix Rosenqvist, que tuvo un accidente tan o más serio que el del español el mismo día.

«No rodar ha sido un serio revés para nuestro programa, pero no todo está perdido. Deberíamos tener un día entero de prácticas y preparaciones para la clasificación, y nuestro objetivo será tener un día limpio y óptimo», decía De Ferran de cara a este viernes. Le falta mucho rodaje, y a Alonso se le acaba la paciencia.

Pero no puede culpar del todo a su equipo. Indianápolis no perdona y un golpe como el del miércoles ha hecho que se tenga que modificar del todo el plan previsto. De hecho, el chasis será el fabricado por Carlin para las pruebas de Texas, aunque para ello haya que ensamblarlo casi de cero. El margen cada día es menor y no puede fallar más. Este sábado debe conseguir pasar entre los 33 primeros clasificados o ni siquiera podrá tomar la salida de la carrera del próximo día 26. La paciencia se agota, pero el tiempo también.

El margen de mejora es amplio, dado que peor no les puede ir la cosa. A lo técnico hay que unir el estado físico y anímico de Alonso. En lo primero, tiene que dar gracias de haber salido razonablemente indemne. «Fernando está un poco dolorido, sus piernas doblaron el volante, pero está bien», decía Zak Brown sobre el golpe. Pero en lo segundo es más complicado analizarlo. La fortaleza mental del español es innegable, pero igualmente alta es la ilusión con la que afronta la disputa de estas 500 millas de Indianápolis. Prácticamente desde que ganó en Le Mans el año pasado se había puesto en rojo esta carrera, y los problemas de estos días no ayudan. No obstante, queda tiempo. Poco, pero queda.