La soledad del tiro con arco

Álvaro Simó, un campeón del mundo que trabaja para poder competir

Álvaro Simó, campeón del mundo individual y por equipo con la selección española, con su arco de competición. /Rodirgo Jiménez
Álvaro Simó, campeón del mundo individual y por equipo con la selección española, con su arco de competición. / Rodirgo Jiménez
ENRIQUE IBÁÑEZ HUERTAValladolid

El tiro con arco una práctica que ha dado grandes triunfos a España, ha luchado por ganarse un hueco junto al resto de deportes y que cada vez tiene más adeptos que lo practican. Uno de estos seguidores es e Álvaro Simó (Valladolid, 1990) comenzó su andadura en el tiro con arco en el 2004 cuando su padre, que también practicó este deporte, le llevó a realizar una prueba. «Fue entonces cuando vi que se me daba bien y me gustaba. Dos años después formaba parte del equipo español y participe en mi primer campeonato del mundo en México», relata Álvaro. Esto hizo que le otorgaran una beca para ir a entrenar al Centro de Alto Rendimiento Joaquín Blume en Madrid, y es ahí donde alcanzó el máximo de sus capacidades. «Es en ese momento cuando me seleccionan para el equipo nacional júnior y en el absoluto», señala Álvaro.

Pero como no se puede empezar una casa por el tejado, primero hay que explicar de que trata esta disciplina. «El tiro con arco mejora tus capacidades de concentración, de coordinación y fuerza, y consiste en un trabajo de superación con uno mismo y con la diana», explica Álvaro. Pero hay un elemento que diferencia este deporte del resto y es que «no tienes agentes externos que dificulten tu tiro ni que influyan en tu actuación. Eres tú y la diana, lo demás no existe».

Esa soledad también se desplaza a los entrenamientos como afirma Álvaro. «Entreno solo porque me tengo que adaptar a los horarios de entrenamiento de la pista de atletismo, que es donde puedo tirar a 70 metros». Un entrenamiento que comienza a primera hora de la mañana. «Me despierto a las 6:30 para estar a las 7:30 en el centro. Luego a las 9:30 me voy a trabajar y las 14:30 vuelvo a entrenar hasta las 16:30».

Y a pesar de no tener un sitio propio donde poder entrenar, sin estar pendiente de otros deportistas, afirma encontrarse muy agradecido de las oportunidades que le han ido ofreciendo. «Si no fuera por el director del centro de alto rendimiento de Río Esgueva, el club Arcolid y la Junta de Castilla y León no podría entrenar, y no alcanzaría estos resultados».

Pero Álvaro reconoce que «el problema de este deporte reside en que no es considerado un deporte profesional. Cuando salimos a competir lo damos todo, pero es muy difícil estar a la misma altura que Corea, Italia o Estados Unidos, donde si son deportes oficiales». Sin embargo, eso no impide que España consiga grandes resultados en las competiciones internacionales. «A pesar de tener que compatibilizar el deporte con la vida laboral, en este país hay un gran nivel de arqueros».

Pero sin ayuda es muy difícil poder dedicarse completamente a ello, «cuando es un torneo nacional no recibimos ayudas, nos lo pagamos todo nosotros, transporte, alojamiento, etc». Esto provoca que mucha gente abandone, como relata Álvaro, «aunque seas el mejor de España, no puedes vivir de esto exclusivamente y muchos están obligados a tirar la toalla».

Saber compaginar vida profesional y deportiva es algo que ha ayudado a Álvaro a mantenerse en lo más alto de la competición, incluso después de volver tras hacer un parón en su carrera deprotiva por los estudios. «He sabido compaginar la vida profesional con la deportiva, es un matiz muy importante, hay gente que no ha podio y abandonan. Tener la motivación para poder trabajar, estudiar y a la vez entrenar es lo que marca la diferencia, es un factor vital» asegura Álvaro.

Pero no es un deporte que cierre las puertas a aquellos que quieran practicarlo. «Una persona que empiece puede hacerse con un arco de iniciación desde 100 euros. Y lo más caro que se puede encontrar, es un arco completo por 2.000 euros». Álvaro asegura que en Valladolid facilitan mucho las cosa para todos aquellos que quieran comenzar a practicar este deporte. «La escuela de Arcolid, que es la única que hay en la ciudad, te permiten, tener un arco, mientras vayas a las clases. Ellos te dejan el arco, las flecha, el material, etc. Y hasta que no ves si esto te gusta o no, no tienes que hacer un desembolso económico».

El mejor amigo del arquero

Si el mejor amigo del hombre es el perro, para el arquero lo es su arco. Un compañero inseparable para Álvaro que va con el a todas partes, «en las competiciones soy yo el que lo lleva. Cada uno carga con su arco y sus flechas, es indispensable».

«Realmente no tiene un trato especial. Es fundamental que el arco no reciba golpes, ya que se puede desequilibrar y provoca que la flecha no vaya donde apuntas. Lo único que necesita mejor trato es la cuerda, que a veces hay que darle cera para que no se deshilache» señala Álvaro.

Es por ello vital conocer las partes del arco. «La parte fundamental es el cuerpo del arco, luego están las palas, que se hacen de tal manera que se puedan flexar. Luego la estabilización, que permite absorber las vibraciones y dar estabilidad cuando tienes el arco tensado para disparar. Y por último, está el visor con la mira, que es lo que nos permite apuntar» explica Álvaro. Aunque no todos los arcos son iguales «hay un muchos arqueros que tienen una gran cantidad de acessorios que los arqueros añaden para conseguir tener mejor calidad de tiro a la hora de lanzar la flecha».

Con más de un centenar de competiciones a su espalda, Álvaro no olvida su primera vez en el mundial que se disputó en México. «Ese día cuando fui a situar para lanzar la flecha, notaba como me temblaban las piernas y casi no podía ni moverme».

Objetivo: Tokio 2020

Álvaro tiene claro cuál será su próximo destino, Tokio 2020, pero hay una barrera que podría interponerse en su objetivo y son los criterios que la Federación Española de tiro con arco ha establecido sobre aquellos arqueros que quieran ir a la Olimpiada. «La Federación ha publicado los criterios de clasificación para poder formar parte de la expedición española, y este año, tres plazas van a ser elegidas por la directiva» explica Álvaro, «ya no es como otros años que se hacían mediante un clasificatorio donde iban los mejores».

Álvaro no quiere abandonar la idea de poder estar en la capital japonesa el próximo año, pero «si esto no sale habrá que esperar a 2024, y centrarse en las próximas citas de los campeonatos europeos y de los mundiales».