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Isa, Isa, Isa…

Vista del campo de San Mamés con las porterías de rugby instaladas. /Luis Tejido (Efe)
Vista del campo de San Mamés con las porterías de rugby instaladas. / Luis Tejido (Efe)

El director de la Revista H analiza a Nacewa, el hombre decisivo del Leinster

MARIO ORNATDirector Revista H

Leinster persigue en San Mamés su cuarto título europeo, poker que lo igualaría con el equipo más laureado de Europa: el Stade Toulousain. Cedric Heymans y Frederic Michalak fueron tetracampeones entonces. Ahora, cuatro de Leinster aspiran a ello: el imponente pilar Cian Healy; el segunda Devin Toner, jirafa de engañosa versatilidad; el metrónomo Johnny Sexton; e Isa Nacewa, un sutil agente doble.

A los jugadores de perfiles variables se les llama utility backs. Y, a menudo, esa etiqueta conspira contra sus merecimientos, como si les rebajara grandeza en lugar de ampliarla. Nacewa es uno de los jugadores más decisivos, y menos subrayados, de la victoriosa historia reciente de Leinster.

¿Por qué agente doble? Para empezar… porque esta va a ser su segunda retirada: una singularidad llamativa, aunque todos conocemos compañeros de equipo que anunciaron que lo dejaban y regresaron a la mínima oportunidad. Este comportamiento es un clásico del rugby y lo sostiene un adagio que se burla de los peterpanes ovales: «Uno jamás deja el rugby… es el rugby el que te deja a ti».

Nacewa demostró que tan ingobernable impulso también opera en la élite. En 2013, con un año de contrato aún pendiente en Leinster, anunció su regreso a Nueva Zelanda para educar a sus tres hijos en el entorno familiar. Después firmó como entrenador de habilidades mentales (!) en los Blues de John Kirwan. Aquel hiato duró dos años: lo suficiente para que Nacewa corroborase que en el cuerpo aún le quedaba rugby y que su mente estaba, como suele ocurrir, inundada por el deseo de volver a jugar.

Bastó una llamada encontradiza y Leinster abrazó el retorno. El tótem Brian O'Driscoll, ya retirado también, lo festejaría con un tuit bien gráfico («Isa, Isa, Isa…»). En realidad, Leinster no ha dejado de celebrar nunca el equívoco episodio que llevó inicialmente a Nacewa a Dublín. Su extraordinaria carrera en Irlanda nació por error. Un error de cálculo que lo llevó a enrolarse a última hora en la Copa del Mundo de 2003 con Fiyi, país para el que calificaba por ascendencia paterna. Jugó solo dos minutos contra Escocia. Pero esos 120 segundos acabaron con un sueño alimentado desde la infancia: llegar a los All Blacks.

Aunque durante años intentó cambiar el pasado en los tribunales deportivos, ningún abogado pudo doblegar el rigor de las tan discutidas normas de elegibilidad. Podemos conjeturar que, de otro modo, Nacewa habría aspirado a colarse en las disputas sucesorias de Christian Cullen; interferido entre Mehrtens, Spencer y Carter; o peleado con Rokocoko, Sivivatu y Howlett. Hablamos de gigantes en el país de los genios, pero quién puede negar algo así a la vista de la carrera de Isa. Zagueros, aperturas, alas. Parecen muchos puestos…. pero es que Nacewa ha jugado en todos y en más. Últimamente Leo Cullen lo usó de centro por la lesión de Henshaw.

Depuesto el sueño de los All Blacks, en 2008 abandonó su país para hacer carrera en Europa. Y llegó a Leinster. Y lo demás es historia. En julio cumplirá 36 envuelto en la gloria de los títulos y enmarcado por su privilegiada inteligencia para descomponer todos los mecanismos del juego, desde cualquier posición, y reconstruirlos en sus manos con la pelota.

Es verdad: uno nunca deja el rugby. Pero además, como demuestra Isa Nacewa, hay también jugadores a los que el rugby jamás se les acaba.

*Mario Ornat es director de la Revista H

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