Dos púgiles de Valladolid con la vista en los Juegos de Tokio

Miguelón, universitario, y Salvi sueñan con emular a Mohamed Alí y llegar con opciones de medalla a los Juegos Olímpicos

Miguel Cuadradoi 'Miguelón' /Rodrigo Jiménez
Miguel Cuadradoi 'Miguelón' / Rodrigo Jiménez
SERGIO NUÑEZValladolid

Decía la exitosa escritora estadounidenseJoyce Carol Oates que el boxeo es el único deporte al que no se juega, porque nadie juega a boxear. El boxeo es la capacidad de controlar los instintos primitivos de supervivencia, ya que los púgiles son capaces de sobreponerse al más natural de los impulsos: el de autodefensa. Aunque está claro que el mejor de los golpes es el que no se da. El noble arte del pugilismo nos enseña a enfrentarnos a lo que somos y a lo que podemos llegar a ser sin ningún tipo de ambigüedad.

El ring es un espacio de vida. Si de algo puede presumir el boxeo es que es una metáfora la esencia de vivir. Das y recibes golpes. Es un deporte revestido de un halo de solemnidad y atractivo. Esconde un elemento mágico que convierte su contemplación en una experiencia sensitiva, creando imágenes que se graban indeleblemente en la memoria. Los boxeadores suben a la lona para respetarse, y los golpes, en la medida de lo posible, se esquivan. Pero si llegan, si el contacto se produce, se encajan. La derrota es otro modo de alcanzar la dignidad y de bajarse del ring. Esta premisa une a la vida con el boxeo en una metáfora recíproca que enuncia lo que una y otro significan: la violencia -inherente al ser humano-, es un medio de expresión de la vida, pero no del ring.

Por ello, este deporte tan legendario es muy prolifero en historias memorables, como las que gozan la inmensa mayoría de los boxeadores que pelean estos días por un pasaporte a los JJ.OO de Tokio 2020 en los Campeonatos de la Unión Europea que se disputan en Valladolid.

El espectador que acude al pabellón Pilar Fernández Valderrama, -sede de los novenos campeonatos continentales-, puede disfrutar de un espectáculo repleto de estoicismo, solemnidad, dolor, y a la vez, romanticismo, ya que estos jóvenes púgiles sueñan con llegar a ser como el mismísimo Mohamed Alí que, en su etapa amateur como Cassius Clay logró, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 en la categoría de 75-81 kg. De ahí que luchen no sólo por obtener la clasificación a los Juegos, sino también por superarse a sí mismos en los combates internos que posee cada uno, como hiciera también Ali. Cada historia de supervivencia esconde siempre en el boxeo una lección de vida.

Prueba de esto son dos de las mejores promesas del panorama boxístico nacional: los vallisoletanos Miguel Cuadrado y Salvador Jiménez, que llevan todo el año pensando en esta cita, ya que puede suponer un antes y un después en su carrera. Todo dependerá de los resultados. «En boxeo hay que elegir muy bien las oportunidades, porque pueden ser las únicas» afirman ambos púgiles, en un deporte repleto de claroscuros y altas dosis de emotividad, pues sus historias, como las de estos dos boxeadores, están impregnadas de humanidad dentro y fuera de las 16 cuerdas.

Subirse a un cuadrilátero es es algo más que intercambiar golpes con un rival. Es un acto pureza, valentía y soledad. «Cuando subes a un ring, por mucho que hayas entrenado, por mucho que hagas caso a los consejos del entrenador, por mucho que te concentres en no recibir golpes, estas solo con tus miedos, y éstos no siempre responden igual» sentencian los dos vallisoletanos acerca de la estoicidad del noble arte del pugilato.

Miguel Cuadrado, más conocido como 'Miguelón' cuando se sube al ring, es el actual Campeón de España de la categoría del peso medio (-75 kg.). Compagina sus estudios en la universidad cursando Ingeniería Mecánica con su estancia en la prestigiosa residencia deportiva Joaquín Blume, donde entrena diariamente con la selección. «Es complicado labrarse la vida con los puños, en unos casos para estudiar y otras para boxear» Curiosa dualidad. Si bien es cierto que este atípico estilo de vida le ha inculcado unos valores que intenta trasladar de una a otra faceta, tanto para el estudio como para el boxeo: perseverancia, valor, respeto, humildad y confianza.

Miguel está muy ilusionado con esta cita europea, al ser un trampolín a los juegos de Tokio. Su gran sueño a corto plazo sería ser medallista olímpico, para posteriormente estudiar el salto a otras cotas más altas. No descarta el profesionalismo, pero de momento en el boxeo amateur se encuentra muy cómodo. Atesora un bagaje espectacular: 29 KO en 88 combates. Su estilo es muy parecido a uno de los mejores libra por libra del momento, el ucranianoLomachenko. Ambos comparten la misma distancia y estilo.

La otra cara de la moneda ha sido Salvador Jiménez, más conocido como 'Salvi', al no dar el peso de -60 Kg. (ligero) el día del pesaje antes del torneo, por escasos gramos, lo que ha supuesto no participar en la cita clasificatoria vallisoletana. Sin embargo, esto no merma su billete para los Juegos, ya que volverá a tener otras oportunidades.

Este es el reverso de un deporte que, en diferencia a otros más convencionales, los entrenamientos tienen lugar siete días a la semana. El sacrificio y la disciplina diarias de los boxeadores suponen su principal seña de identidad. En ocasiones, como en este caso con 'Salvi', no son vencidos por el oponente, ni por bajar la guardia o no mantener la distancia adecuada, sino por la temida báscula que para los púgiles más livianos, suele ser su penitencia.

Ya lo narró Jack London en Por un Bistec, quizá el mejor relato que se haya escrito sobre boxeo, en el que el boxeador Tom King subía siempre al ring por debajo del peso pactado, lo que lastraba sus movimientos y golpes. Un retrato esencialmente puro y genuino de la época, donde aparecen el coraje y la exoticidad, en su grado más crudo y amargo.

Aunque no siempre estas historias terminan en K.O., puesto que en la actualidad tenemos boxeadores de la talla de Kiko Martínez, que acaba de proclamarse Campeón de Europa del peso pluma, ya fue dos veces campeón mundial del peso gallo. Pertenece al Club Boxeo Valladolid, aunque sea natural de Alicante, es el ejemplo a seguir por 'Miguelón' y 'Salvi'. Kiko tras ser derrotado injustamente a los puntos en su última cita mundialista, cambió obligatoriamente de peso al no poder dar su categoría natural. Esa variación ha supuesto optar ahora al cetro Mundial.

Retratos todos ellos que se viven al igual que en la vida como una lucha contra uno mismo, con retazos palpitantes de sueños estériles en los que pone banda sonora una escueta campana y la voz del tercer hombre contando hasta diez, ensogados sobre un cuadrilátero donde para sentir la derrota o la gloria difieren apenas unos golpes.

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