María Chiuda, la elegante 'rumanita' del ring segoviano

María Chiuda posa en el gimnasio Victoria. /Antonio Tanarro
María Chiuda posa en el gimnasio Victoria. / Antonio Tanarro

La campeona de España júnior en 60 kilos el pasado sábado en Béjar asegura el auge de las mujeres en su deporte

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

María Ionela Chiuda es, a sus 15 años, una promesa del boxeo segoviano tras lograr el pasado sábado en Béjar el campeonato de España júnior en la categoría de 60 kilos. Lo hizo con el apelativo de la 'rumanita', bautizada casi a traición por su entrenador, Diego Uceta, en su victoria en el campeonato regional. Y ella da el visto bueno. Nacida en Brasov, en el corazón de los Cárpatos y bajo la vigilancia del legendario Castillo de Drácula, esta joven boxeadora, que emigró hace 10 años a Segovia de la mano de su padre, augura el auge de las mujeres en su deporte.

Su padre, Valerica Chiuda, entrena en el gimnasio Victoria y le dijo que se pasara algún día. El progenitor hacía kárate en Rumanía y vino a España hace más de una década a ganarse la vida como empleado de la construcción. Un año después, siguió sus pasos el resto de la familia. Su hija empezó haciendo 'kickboxing', el deporte que imparte ahora su padre, hace dos años y picoteaba el boxeo solo de vez en cuando. El gimnasio, en la calle Dámaso Alonso de Nueva Segovia, organizó una velada y participó en un combate amistoso. Allí se ganó la invitación al campeonato de Castilla y León de su categoría. Fue, lo ganó y se hizo con la plaza en el nacional.

Desde julio, María, luchadora del Fight Club Segovia, ya solo entrena boxeo. «Es más elegante y bonito. La colocación de los pies, las esquivas... me gusta más». La disciplina con las piernas es un aspecto fundamental para alguien que viene del 'kickboxing' y ella reconoce que le «botaban» más de la cuenta las extremidades. «El cuerpo a cuerpo cambia mucho, en 'kickboxing' es mucho más difícil meterte tan cerca porque tenemos que usar las piernas. Y eso me encanta».

Su participación en el campeonato de España se dilucidó en un combate final ante la representante de Canarias. María analiza el combate, que ganó por decisión unánime: «La gente me dijo que lo hice bien, pero me quedo con esa sensación de que me faltaba algo. A lo mejor tenía que haber metido más intensidad y moverme más. Antes hacía todos los combates con puñetazos directos y ahora sé esperarme». Reconoce que estaba nerviosa y que eso le hizo sentirse más cansada que de costumbre en el tamo final de la pelea; el combate duró tres asaltos de dos minutos. Una vez que sonó la campana, no tenía dudas de que la victoria era suya.

El reciente título ha supuesto para ella una gran motivación. «Yo no soy mucho de ir a entrenar, voy tres veces a la semana una hora y la gente contra la que compito va mucho más. Pero ahora me han entrado muchas ganas y llevo unos días que me pongo a hacer sombras hasta en mi casa. Quiero seguir y mejorar más». Y no lo hace por contentar a su padre. «Si a mi no me gustase, aunque él lo hubiera hecho toda la vida, yo no habría seguido». También quiere seguir peleando en 'kickboxing', donde ha sido también campeona de España de su categoría este año en Pontevedra. Ambas disciplinas son para ella complementarias.

A María no le sorprende la consideración del boxeo como deporte de hombres porque entiende «la mentalidad de antes» pero dibuja otro futuro: «Es un pensamiento muy retrógrado, pero las cosas están cambiando mucho. Ahora ves a muchísimas chicas compitiendo. Es verdad que hay boxeadores muy famosos y si le preguntas a alguien por una boxeadora, no tiene ni idea, pero poco a poco van a empezar a tener más importancia. Estoy segura».

«No tienes que adelgazar para sentirte mejor»

El peso es un factor diferencial en cualquier deporte de contacto. María Chiuda ha competido en 'kickboxing' en las categorías de menos de 55 kilos, 57 y 60. En boxeo se encuentra por el momento muy cómoda en los 60 kilos. «Me veo fuerte y rápida. A lo mejor puedo bajar a 57, pero bajar tres kilos sería bastante para mí». Ella describe una gran variedad entre su generación. «La mayoría de boxeadores de mi edad están entre los 50 y 60 kilos. Es cuestión de no obsesionarte, si te ves bien no tienes por qué bajar de categoría, sea 45, 50 o 75. Si pesas 53 y ese es tu cuerpo o constitución, quédate ahí. No tienes que adelgazar más para sentirte mejor».

El suyo es un ejemplo para combatir los desordenes alimenticios de tantas jóvenes en la adolescencia con las que podría compartir instituto. Resume su pensamiento de esta forma: «Todo el mundo quiere verse bien y bajar peso de forma saludable está bien, pero sin sobrepasar los límites de cada uno. Si para verte bien tienes la necesidad de bajar dos kilos, adelante. No pasa nada. Pero no los quieras adelgazar por lo que digan las demás. Te vienes que ver bien tú». De hecho, no tiene obsesión con la báscula. Solo se pesa cuando tiene que competir.

María lleva en España desde su más tierna infancia y es un ejemplo de integración y del valor de la diversidad en el deporte. Ella lanza un mensaje claro a quienes prefieren cerrar fronteras: «No saben lo que se están perdiendo. Yo tengo muchos amigos españoles y en el boxeo he hecho también muchos de otros países como Marruecos. Y son la bomba. Somos todos personas; graciosos, simpáticos y bordes».

Su experiencia confirma que el boxeo es un deporte que facilita esa convivencia, por ser una disciplina más universal que otras y también porque esos países han derribado antes sus estereotipos. «A mis amigos españoles les he dicho que prueben el boxeo y no les dejaban sus padres. En Rumanía estos deportes son mucho más famosos que aquí. Es algo cultural». Ella desmiente la consideración de su disciplina como violenta y apuesta por el calificativo de elegante. «Hay gente que a lo mejor va al ring a matar, pero no es lo habitual. Yo me he enamorado viendo los combates por cómo esquivaban y por el momento en que conseguían meter el puño». Con una madurez impropia de su edad, resume que la clave del buen boxeador es la disciplina. Para orgullo de su padre, que de pequeña le ponía a hacer flexiones.

María estudia cuarto de la ESO y tiene claro que su objetivo es ser policía. «Yo me aburriría mucho en una oficina y lo veo más dinámico. Quiero ayudar a la gente de verdad porque hay mucho corrupto». Los guantes de la ley.

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