Isa Rivero, la licenciada en Química con cara de no haber roto un plato
La vallisoletana se asomó a un gimnasio con 28 años cumplidos, y desde entonces no ha dejado de sudar hasta alcanzar los títulos de campeona de España, del Mediterráneo, de Europa y ahora del Mundo
José Miguel Ortega
Sábado, 22 de noviembre 2025, 15:10
¡Isa, Isa, Isa! La Cúpula del Milenio se fue convirtiendo en una caldera a medida que avanzaba la pelea. La vallisoletana Isabel Rivero y la mexicana Silvia Torres habían trepado la escalerilla del ring convencidas de sus opciones de triunfo en su asalto al título del peso átomo en versión de la Asociación Mundial de Boxeo.
Isabel lo había tenido cerca hace unos meses cuando perdió en Alemania contra Sarah Bormann, en disputa del peso mínimo que, paradójicamente, no es el de menos kilos, división esta que corresponde al paso átomo, que tiene su límite en los 46 kilos y 200 gramos.
Las dos protagonistas de la velada nocturna que comenzó en las últimas horas del viernes y concluyó en las primeras del sábado, tuvieron que trabajar fuerte en el gimnasio para bajar su peso habitual, pero dio la sensación desde el principio de que 'La Finita' llegaba en mejor condición física que 'La Guerrera'.
Isa, empujada también por el numeroso público que llenó la Cúpula, no se anduvo con tanteos y observaciones de dónde estaban los puntos flacos de la defensa adversaria. Rapidísima de piernas, la vallisoletana soltaba ambos puños en series muy coordinadas y precisas para que la mejicana tuviera clara desde el principio con quién se estaba jugando los cuartos. Los jabs y los cruzados de la boxeadora local eran como fogonazos que estallaban una y otra vez en brazos, torso y rostro de la centroamericana.
Tal vez le faltó a Isa algún remate final de sus series con un gancho, pero aún así los tres primeros asaltos tuvieron un indiscutible color local. Luego, como era de esperar, Silvia Torres asumió un mayor protagonismo porque en su rincón le comentarían que había que exponer más si quería tener opciones de lograr el título.
Sin embargo y aunque los golpes de Isa Rivero habían bajado en intensidad, seguían siendo más precisos y certeros que los de su rival. Hacia la mitad de la pelea, las cartulinas de los jueces deberían inclinarse más del lado de la española, como se pudo comprobar al final, con las puntuaciones de al menos dos de ellos.
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Aunque Silvia 'La Guerrera' había asumido una táctica más agresiva, Isa 'La Finita' no se arrugaba lo más mínimo cuando ambas se enzarzaban en un intercambio de golpes en el centro del ring, sin duda empujadas tanto por sus deseos de ganar como por el clamoroso apoyo del público. La intensidad del combate estaba a la altura de lo que cabe esperar cuando esta por medio un título mundial.
A medida que iban transcurriendo los asaltos, crecía la ansiedad de los seguidores de la vallisoletana, preocupados sin duda ante la posibilidad de que un descuido en la guardia pudiera echar por tierra todo el buen trabajo realizado en la primera mitad de la pelea. Muchas veces se han escapado victorias que parecían seguras por culpa de un golpe certero del contrario.
En el décimo round, el público llevó en volandas a Isabel Rivero para poder cerrar la victoria y hacer realidad el sueño que parecía imposible cuando la licenciada en Química se presentó en el gimnasio para aliviar las tensiones de su trabajo.
Y por fin sonó el gong que ponía fin a un combate que se había presentado con una parafernalia espectacular, muy a la americana, con la presentación de las dos aspirantes y la interpretación de los himnos nacionales: el norteamericano del árbitro, el mexicano de Silvia y el español de Isabel. Después, cuando el locutor tomó el micrófono para dar lectura a las puntuaciones de los tres jueces se hizo un silencio expectante. La primera cartulina daba empate a 95. Inquietud en el ambiente. La segunda hacía recuperar la esperanza: 96-94 a favor de la boxeadora local. Todo dependía del criterio del tercer juez: 97-93. ¡¡¡Isabel Rivero, campeona del mundo!!!
Y se desató la locura en el recinto para los espectadores y en el ring, con la mejicana asumiendo su derrota y la vallisoletana disfrutando su victoria. La cara y la cruz. Cuando a Isa la impusieron el cinturón de campeona mundial se consumaba la gesta de la primera boxeadora vallisoletana que logra un titulo mundial, siendo a su vez la tercera española que consigue esta gesta, después de María Jesús Rosa y Johan Pastrana.
En la pela de semifondo, la valenciana Sheila Martínez, campeona europea, le dio una soberana paliza a la venezolana Débora Rengifo, con unos conocimientos del noble arte muy por debajo de lo que hacía suponer su historial.
Antes, a modo de aperitivo, hubo seis combates amateur con desigual factura que retrasaron mucho el plato fuerte de la jornada. Menos mal que la espera mereció la pena.
El sueño cumplido de 'La Finita'
Quienes la vieron aparecer por el gimnasio con 28 años cumplidos no podían imaginar siquiera que diez años después aquella chica menuda, licenciada en Química y con cara de no haber roto nunca un plato, iba a ser campeona del mundo. Viendo lo bajita y lo «tirillas» que era la bautizaron con el mote de 'La Finita' en recuerdo del mexicano Ricardo 'Finito' López, ex campeón mundial del peso mínimo.
Pero primero a las órdenes de Bernardo Marbán, después de Domingo Rodríguez y finalmente de Diego Uceta, que además de entrenador es su pareja sentimental, fue sorteando obstáculos para alcanzar los títulos de campeona de España, del Mediterráneo y de Europa hasta ese sueño final del que me habló un día, en varias entrevistas, una en las páginas de El Norte y otra en las del libro de los '100 años de Boxeo en Valladolid'.
Su respuesta literal a una de mis preguntas fue: «De momento me encuentro muy bien de condición física y mientras el cuerpo aguante seguiré subiendo las escalerillas del ring. Sueño con ser campeona del mundo del peso átomo, que es el que mejor se adapta a mis características físicas. Estoy clasificada en el puesto número 17 del ranking y estoy segura de que tarde o temprano me llegará la oportunidad de pelear por él, y si es en Valladolid, mucho mejor».
Dos años después –ahora tiene 38- ha conseguido lo que tantas veces había soñado. A veces los sueños, por inalcanzables que parezcan, se hacen realidad.