Mundial de atletismo de Doha

El cohete Coleman aterriza en Doha

El cohete Coleman aterriza en Doha
Jewel Samad (AFP)

El norteamericano sucede a Gatlin en el trono de la velocidad con una victoria de 9.76, la sexta marca de la historia

MIGUEL OLMEDAMadrid

Después de una década de sonrisas y show en los tacos de salida, los 100 metros vuelven a ser la distancia de los villanos. Justin Gatlin amargó la fiesta de despedida de Bolt en 2017 y en 2019 su heredero tampoco escapa a los focos de la polémica. Apenas pasó un mes desde que esquivase una investigación de la USADA por saltarse tres controles antidopaje cuando el cohete Coleman aterrizó en Doha para dinamitar la velocidad. Con 9.76 en la final se colgó su primer oro mundial y entró haciendo mucho ruido en el sexto puesto del ranking histórico en el hectómetro.

Cabreado con el mundo, Christian Coleman se golpeó el pecho furioso tras cruzar la línea de meta. Está en guerra con la prensa, a la que acusa de querer manchar su nombre cuando publicó que tenía tres faltas en doce meses en el sistema Adams, y también con Noah Lyles, la gran estrella de la velocidad que se burla de la seriedad con la que su compatriota afronta las carreras.

Coleman mantiene el silencio en la cámara de llamadas y en la zona de calentamiento. Se encierra en sus enormes cascos y calienta con violencia su cuerpo de 175 centímetros, pocos para un velocista de élite. No hace aspavientos en los tacos de salida, todo concentración, pero en cuanto suena el disparo acelera antes que nadie su compacta musculatura.

En apenas 30 metros Coleman dictamina el oro. Ya no se le acaban las revoluciones al paso del 80, y por eso es el mejor del mundo por delante de Gatlin, eterno a los 37 (9.89), y Andre De Grasse, a quien le falta recta para explotar los recursos de su elegante zancada (9.90). Con su triunfo en Doha, el norteamericano emula el hito de otro compatriota que también fue eterno: solo Maurice Greene fue campeón mundial de 60 y 100 simultáneamente.

Jamaica y la longitud tienen un tesoro

Jamaica tiene un diamante en bruto y la noticia es que no es velocista, sino saltador. La longitud descontaba los días para que Juan Miguel Echevarría jubilase a las leyendas de la especialidad, empezando por Iván Pedroso y terminando por Mike Powell, al ser el primero en cruzar la frontera de los nueve metros, y sin embargo se encuentra con un nuevo ídolo con el que el cubano protagonice duelos para un lustro.

Tajay Gayle llegaba a Doha con un mejor salto de 8.32 y la esperanza de rascar medalla en la que Jamaica solo tenía dos de James Beckford, la última hace más de quince años, y vuelve a la isla con el oro al cuello, el récord nacional y una marca de 8.69. Tiene menos de diez rivales en el ranking histórico y la mayoría ya habían realizado su mejor salto cuando él aún no había nacido.

Con todo, y pese a volar hasta 8.34, Echevarría solo salda el Mundial con un bronce que le sabe a poquísimo. La plata se la llevó Jeff Henderson, el vigente campeón olímpico, que por primera vez saltó 8.39 fuera de Norteamérica.

Dos mujeres haciendo historia

Se escribe lanzamiento de martillo pero se pronuncia Anita Wlodarczyk desde hace ya diez años, aunque hasta nueva orden las quince letras suenan mudas por culpa de una operación de rodilla. Estados Unidos no deja una prueba sin pelear en el calendario atlético. Todavía no había estrenado las vitrinas del martillo femenino, uno de sus pocos puntos flacos... Hasta Doha. DeAnna Price, que nunca antes había sido finalista de un gran campeonato, demostró en el Khalifa Stadium que sin la polaca su disciplina sigue teniendo dueña. Se fue tres veces por encima de 75 metros, una de ellas hasta 77.54, que le valió el oro ante la polaca Joanna Fiodorow (76.35) y la china Zheng Wang (74.76).

También se estrenó como campeona del mundo Sifan Hassan, que aspira a coleccionar medallas de oro en Doha. Huyó de Etiopía con quince años y halló refugio en Países Bajos, donde ha puesto el fondo en 'prime time' televisivo. Ya tenía dos bronces mundiales cuando se enroló en el Oregon Project de Nike a las órdenes de Alberto Salazar, un entrenador que convierte en oro todo lo que toca. El pasado otoño batió el récord de Europa de medio maratón y este verano el del mundo de la milla. En Doha le levantó el 10.000 a la etíope Letesenbet Gidey, que había lanzado un valiente ataque a falta de kilómetro y medio. A Hassan, que tiene el 'rush' final de una mediofondista, le bastó el último 400 para colgarse el oro y colocarse con 30:17.62 como líder del año y mejor europea de la década. Parece ser que doblará con el 5.000, aunque también sería la gran favorita al título en el 1.500: no en vano, el último parcial de kilómetro y medio en el 10.000 lo hizo en 1:59.05, una marca que solo otras seis atletas en el mundo han hecho esta temporada.

Suzuki por fin tiene su oro

Le ha costado toda una carrera, pero por fin Yusuke Suzuki puede celebrar una medalla de oro en un Mundial. El marchador japonés abandonó esta temporada los 20 kilómetros, donde ya tenía todos los récords posibles pero nunca ganó un gran título, para dar el salto a los 50, donde batió la plusmarca nipona en su debut. La madrugada de Doha presenció la final más macabra de la historia de los campeonatos, más de cuatro horas a 30 grados y un 70% de humedad donde no contaban tanto las marcas previas y sí la capacidad de adaptación corporal y mental al sufrimiento.

'Gaman' es una palabra que en Japón define la capacidad de resistir las adversidades, de aguantar con dignidad, de superarse, de saber sufrir, de perserverar con paciencia... Y a ella le hizo honor Suzuki para mantenerse al frente del pelotón durante 50 kilómetros y más de cuatro horas. Pronto marcó distancias el nipón, que incluso tuvo que pararse en los tres últimos avituallamientos para refrescarse con más comodidad, pero aun así pudo mantener su ventaja respecto al chino Wenbin Niu, que se desinfló al final para acabar cuarto, al portugués Joao Vieira, que remontó para ser plata, y al canadiense Evan Dunfee, bronce. El vigente campeón mundial, Yohann Diniz, y el actual campeón olímpico, Mátej Toth, tuvieron que abandonar.

China, la gran dominadora de la marcha mundial, hizo suyo el podio femenino con el oro y la plata que ganaron Rui Liang y Maocuo Li. Ninguna de ellas sabía lo que es ganar medallas en un Mundial, pero dominaron sin problemas una carrera de supervivencia en la que la italiana Eleonora Giorgi, bronce, vomitó varias veces antes de cruzar la meta y la portuguesa Inés Henriques, campeona en Londres hace dos años, tuvo que retirarse.