El destino de los Ortiz de Pinedo

Fue José María Ortiz de Pinedo Fernández el que involucró a los suyos para que probaran un deporte «hasta ese momento desconocido»: el golf en sus comienzos en Castilla y León y en Entrepinos. A partir de ahí, él y sus cuatro hermanas se han dedicado a practicarlo durante muchos años al mejor nivel regional, llegando a ser dos profesionales y para tres de ellas, su medio de vida

El destino de los Ortiz de Pinedo
SANTIAGO HIDALGO CHACEL y SANTIAGO BELLIDO

El colegio. El recreo. Una valla. Julio, el profesor de golf, estaba al otro lado con los palos y bolas animando a los niños a que cruzaran y probaran a golpear. Pequeños gestos que, sin embargo, terminan por ser determinantes en la vida de varias personas. Corría el año 1989 y el golf en Castilla y León «era un desconocido salvo algún campo rústico», relata Chema Ortiz de Pinedo (Tolosa, 13-09-1978). Pegado al colegio Peñalba se había situado un campo de prácticas. «Fue la familia Pardo la que decidió que aquella urbanización se asentara en un campo de golf», dice. Así nació en 1990 Entrepinos, que, diseñado por Manuel Piñero, se convirtió en el primer campo de golf surgido en todo Castilla y León y verdadero germen de este deporte. Sin embargo, antes incluso, existió el campo de entrenamiento, anexo a la valla del colegio y solo separado por una puerta donde Chema y muchos de sus amigos, después de traspasarla, conocieron este deporte con 10 u 11 años.

La familia Ortiz de Pinedo Fernández hacía poco había llegado a Valladolid, concretamente siguiendo un destino y un empleo del padre en Michelin.

El deporte siempre había estado muy presente para ellos, pero más el fútbol, la pelota, el frontón, incluso la vela (Xabi Fernández, el doble medallista olímpico con Iker Martínez, es familia por parte materna).

Pero no el golf. Sin embargo, aquella primera experiencia de José María contagió a toda la familia. «Se lo dije a mi padre, le gustó y nos apuntó a los siete: el matrimonio y sus cinco hijos», dice Chema.

Precisamente, el arrancar tan jovencitos provocó que el aprendizaje de un deporte tan técnico fluyera más rápido y que esa barrera fuera más fácil de derribar. Ya no solo era divertimento. Los cinco hermanos, cuatro chicas y Chema, comenzaron a obtener excelentes resultados a la vez que mejoraban su hándicap. Hasta el punto que el modo de vida de varias de ellas se ha sustentado precisamente en el golf.

La mayor, Leyre, a la par que fue jugadora profesional se empezó a formar en la docencia del golf adquiriendo las titulaciones de monitora, asistente de maestro y después, siendo una de las primeras, Maestro de golf, la máxima acreditación. Casada también con un profesional del golf, vive en Madrid y tiene su vida entorno al campo Olivar de la Hinojosa.

Luego viene Silvia que trabaja en un complejo hotelero en Almería con campo de golf donde se ocupa de la atención al jugador, organización de torneos. Aun así tiene un hándicap 5. La pequeña Mayte fue la que compitió a más alto nivel. Con 18 años aprovechó una beca de una universidad americana e hizo su vida académica y deportiva en Carolina del Norte. Allí se ha casado y asentado, es profesional (aunque se dedica a otras cosas también) y sigue compitiendo.

Raquel fue la que siguió un camino más parecido al de José María. Terminó Derecho y sacó una oposición a Registrador, dado su gran talento. Durante toda la etapa de estudiante, logró que un día a la semana lo reservase para jugar al golf, deporte que la relajaba y abstraía de las interminables sesiones de codos. Con un hándicap 0, es una de las mejores jugadoras de Castilla y León, de las fijas entre los premiados en todos los torneos, compañera de dobles de José María, a veces también rival, y fue la que le animó a volver a los palos.José María llegó a tener hándicap -2 y pudo ser profesional, aunque esto le hubiera restringido mucho las posibilidades de competir en campeonatos por esta zona en su mayoría amateur. Aunque mientras estudió la carrera de Ingeniería Industrial dejó aparcado el golf, no perdió el swing (ni la calma ni la cabeza). «Los que hemos jugado desde niños, ese movimiento muy agresivo y repetitivo no se pierde. Se interioriza y te sale. Lo equiparan al esquí. Si un niño aprende a jugar al golf tiene esa barrera técnica superada».

También ha sido capaz de mantener un buen nivel a lo largo de los años siendo competitivo. «En la región lo hemos ganado todo y muchas veces: Campeonatos de Castilla y León, individual, por equipos, mixto, por clubes. De los diez últimos años, Aldeamayor (club por el que compite) ha ganado cinco», dice Chema, metiendo a Raquel también en esta afirmación. En junio de 2013, Chema comenzó a correr. Poco a poco pero de forma constante. En septiembre participó en la Media Maratón en Valladolid y ya le enganchó. Al año siguiente corrió la Maratón de Sevilla y, mejorando tiempos, ha completado hasta ahora 12 maratones (Nueva York, Lisboa, París, Boston Barcelona…), el último en Londres, con una marca de 2 horas 59 segundos en lo que es su reto… De 82 kilos, bajó a 62, con lo que su golf también tuvo que adaptarse a su menor potencia y más ligereza.

Ahora Chema ocupa también funciones dentro de la Federación de Castilla y León de Golf. «Soy representante en la Asamblea por el estamento de jugadores por Valladolid y además estoy llevando el comité masculino: la organización de calendarios, trofeos… Recientemente se ha creado un circuito regional que premia también a los campeones provinciales».

Aunque falte renovación de jugadores por abajo, la competición en la región, -según Chema- está muy viva. En la actualidad son 17.000 licencias en Castilla y León, y 300.000 a nivel nacional. El acercar el golf a los colegios y a la clase de educación física es otro de los objetivos claros para un deporte cada vez más asequible, con claras ventajas en cuanto a la salud para personas mayores sedentarias, con amplio margen de explotación en cuanto al turismo, y divertido, muy divertido, además de competitivo.

Alguien dijo una vez que el hándicap indica la cantidad de días que trabajas al mes, sin embargo, los Ortiz de Pinedo han seguido inmersos en el golf: «Lo que nos lo ha mantenido vivo es que toda la familia lo practica. Ahora nos juntamos y vemos jugar a nuestros hijos», dice Chema, quien concluye: «Sí, he pensado cómo surgió todo y cómo una casualidad cambia la vida de mucha gente, porque tenemos dos aficiones a nivel alto, y para tres de mis hermanas es su modo de vida». Y con el destino suceden también estas cosas. En aquel terreno aledaño al colegio donde se asentara el campo de entrenamiento, con el desarrollo posterior del Golf Entrepinos y su última urbanización, también cambió. Allí, donde José María y sus familiares comenzaron a pegar a la bola, es donde ahora se ha levantado la última urbanización de chalés, la más nueva. Allí vive precisamente José María. Hace casi 30 años de cuando el golf comenzó a practicarse por aquí…

Temas

Golf