David Llorente acaba sexto en la final de K-1 del Mundial sub-23

David Llorente, en el canal de Ivrea, este domingo. /El Norte
David Llorente, en el canal de Ivrea, este domingo. / El Norte

El palista brilla en la semifinal con el segundo mejor tiempo, pero pierde sus opciones en una de las últimas puertas

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

El piragüismo en aguas bravas es algo así como domar a una bestia siempre dispuesta a morder. A David Llorente el mordisco le llegó en la puerta 16, un re remonte que le golpeó en la cabeza y frustró su bajada en la final de K-1 del Mundial sub-23 de Ivrea. Salía el penúltimo tras haber marcado el segundo mejor tiempo en la semifinal; hasta aquel rulo que no pudo controlar, sus tiempos intermedios le situaban en el podio pero necesitaba arriesgar para ser campeón. Recuperó el equilibrio y terminó la bajada, pero el tiempo perdido era ya irrecuperable. Paró el crono en 90.28 en sexta posición antes de asumir estoicamente la decepción de quien se sabe candidato. El subcampeón mundial de 2015 sabe que su deporte está lleno de imponderables pero ha vuelto a demostrar que tiene una gran carrera por delante tras una semana con un oro en C-2 mixto y una magnífica semifinal.

El neozelandés Finn Butcher arrancó la final con un registro suficiente para pelear las medallas (80.29) y obligó al resto a subir sus prestaciones. Nadie encendió las alarmas hasta que bajó el italiano Jakob Weger, que rozó el recorrido perfecto con un riesgo máximo y marcó el mejor tiempo (77.22), segundo y medio por debajo del descenso más rápido en la semifinal. Se llevaría el oro el palista anfitrión, pero quedaban cuatro por bajar y el británico Bradley Forbes-Cryans, plata, igualó la apuesta y se quedó apenas a cuatro centésimas.

La final se había puesto muy cara en apenas cinco minutos. Cuando Llorente comenzó su recorrido, el bronce se pagaba a 80.85 y estaba en manos del sueco Erik Holmer. Los tiempos intermedios del segoviano le permitían superar holgadamente ese registro; cedía un segundo con Weger en el primer paso y 1,13 en el segundo; no obstante, perseguía el oro con argumentos y sabía que su bajada tendría que ser muy ambiciosa para lograrlo. En esa pugna entre la velocidad que el reto requería y los coletazos de la bestia acuática que cabalgaba, apareció la puerta 16 para pasarle la factura. El último palista se despediría fulminantemente al saltarse una puerta y las medallas no se movieron.

El canal cazó un buen número de víctimas en semifinales. La parte final, con los complejos remontes de las puertas 15 y 19, convertían un buen tiempo en mediocre. En una lista con 40 participantes -entraban diez a la final- el margen de error es mínimo. Solo tres de los finalistas sobrevivieron a una penalización de dos segundos por tocar una puerta. Al eslovaco Jakub Grigar, vigente campeón del mundo sub-23 y una de las referencias en categoría absoluta, su toque casi le cuesta el billete a la final: entró noveno por tres décimas de segundo sobre el undécimo. Arrancó fuerte en la final hasta que erró junto a las rocas y se despidió de sus opciones.

Llorente combinó en su primera bajada una gran salida por el tramo fácil -casi dos segundos más rápido que el mejor tiempo- con un tramo final muy seguro. La impresión es que encontró el término medio entre velocidad y control y se metió cómodamente en la final con 79.07. Solo él y el esloveno Niko Testen (78.64) bajaron de los 80 segundos en la semifinal. Fue la excepción de una carnicería entre los mejores tiempos. Llorente salió antepenúltimo con la tercera mejor marca en las preliminares. Fue el último billete repartido: el austriaco Mario Leitner se saltó una puerta y al italiano Macello Beda le condenaron sus penalizaciones.

Llorente tenía a su favor la experiencia sobre el recorrido, que ya completó con éxito en la final de canoa junto a Miren Lazkano. El segoviano quería más y no pudo evitar echarse las manos a la cara nada más superar la línea de meta. Pero fue el único español en llegar a la final y refrenda su potencial tras lograr la plata de Foz do Iguassu (Brasil) en 2015). Y deja el Piamonte italiano como un príncipe por coronar.

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