María Bernabéu se queda sin medalla por falta de tensión

María Bernabéu (blanco), durante la jornada de judo. /
María Bernabéu (blanco), durante la jornada de judo.

La judoca salmantina cayó en la trampa ante la alemana Vargas-Koch en la lucha por el bronce

AMADOR GÓMEZMadrid

María Bernabéu perdió este miércoles la medalla de bronce en los Juegos de Río por no ser capaz de mantener la tensión en el combate decisivo frente a la alemana Laura Vargas Koch, como la propia judoca española reconoció apenada al quedarse sin podio. «Me ha faltado mantener la tensión. Tenía que haber apretado más los dientes», se lamentó la judoca española después de «caer en la trampa» de su rival en la llamada técnica de oro.

«En judo tienes que tener tensión desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde y rendir a tope. No te puedes relajar nada, y se ha visto», reconoció la salmantina de madre guineana. «Me he metido en su juego, en los abrazos, en lo que ella es experta. Tenía que haber buscado la sanción o atacar». La subcampeona mundial no dejaba de lamentarse por su rendimiento en el momento de la verdad. «Si hubiese sido como en cuartos, como contra la colombiana (Yuri Alvear), que he perdido por ippon Me ha dado una hostia y ya está, pero perder así», se quejaba María Bernabéu, que no pudo romper la pésima racha olímpica del judo español, que no conquista una medalla desde el oro de Isabel Fernández en Sídney 2000.

«Nos falta corazón y mentalidad de campeones. A veces el judo es injusto, pero no nos lo creemos al cien por cien. Necesitábamos tanto esta medalla», admitió quien quería ganar un metal por su entrenador, Carlos Montero, sus compañeros, su familia y todos los niños que practican judo en España. «Tenía motivación por ellos. He luchado con el corazón y el alma, pero no ha podido ser», comentaba casi con la voz entrecortada.

María Bernabéu estaba a un solo paso de conquistar la medalla de bronce cuando ganó su primer combate de la repesca a la israelí Linda Bolder y se quedó a una victoria de subir al podio, pero no pudo cumplir su sueño, después de verse obligada a luchar contra sí misma en tan dura jornada. «He tenido que luchar conmigo misma, porque después de perder ante la colombiana he tenido que comenzar de nuevo en la repesca. Ha sido por unos segundos, por no estar centrada», reiteraba la salmantina. «Cada combate es una final y no te puedes relajar», subrayó después de ser abrazada y animada por su entrenador. «Me ha dicho que no vaya con la cara de muerta, sino con la cabeza arriba, pero ahora es lo que siento, porque tengo una rabia increíble», reveló la subcampeona del mundo.

La última gran esperanza

La salmantina se impuso a Bolder por penalización de la israelí a falta de un minuto y así selló el camino hacia el combate definitivo en la categoría de menos de 70 kilos. Tras perder en cuartos por ippon ante la número tres del mundo y tricampeona universal, Yuri Alvear, la española tuvo derecho a la repesca por el bronce y ante Bolder se le abrió el camino hacia el podio. Ella era, candidata real a medalla, la última y gran esperanza del judo español para conquistar una medalla en Río. En su debut olímpico, se clasificó para octavos al imponerse a la polaca Katarzyna Klys, también por amonestación a la rival y después le tocó una durísima rival como Alvear, aparte de tres veces campeona mundial, también bronce en Londres 2012.

La española, vigente campeona mundial y número ocho del ranking, también quiso llevar ante Bolder la iniciativa desde el principio, hasta que su rival quedó sentenciada y ella salió triunfante. Antes de disputar el partido definitivo María pasó veloz por la zona mixta sin hacer declaraciones. «Ahora no. Al final», dijo. Anteriormente, muy concentrada, tampoco atendió a la prensa tras sus dos primeros combates, aunque entre el primero y el segundo tuvo poco más de media hora de margen. «Quería estar concentrada y por eso no he hablado. Yo soy muy creyente y, aparte de escuchar música, me gusta rezar entre los combates», desveló. «Mi madre me ha relajado mucho. Me ha dicho que confíe en Dios y siga teniendo fe», fue su revelación. «Ya sabéis cómo es una madre», añadió escapándosele una sonrisa entre tanto dolor y frustración.