La guinda del pastel

Majlinda Kelmendi, judoka kosovar. /
Majlinda Kelmendi, judoka kosovar.

@FerranPique es judoka, jefe de prensa de la Federación Catalana de Judo y director de judoyuko.com

FERRÁN PIQUÉ

Albania, la Federación Europea, la Internacional y al fin la de Kosovoson las banderas bajo las que ha competido Majlinda Kelmendi. Esta judoka de -52 kg, que partía como una de las favoritas de los Juegos de Río, hizo historia tras conseguir la primera medalla para el antiguo país balcánico, que se estrena en esta ocasión como participante en la magna cita.

La delegación kosovar, conformada por ocho atletas, compite bajo el pabellón nacional después de ser reconocido como estado por el Comité Olímpico Internacional en 2014. Todavía hay más de 30 estados, entre ellos, España, que no han aceptado a esta nación, tras haberse proclamado independiente de forma unilateral en 2008. La medalla de Kelmendi coloca a dicho país en el puesto número 15 del medallero de los Juegos.

Ni las presiones pudieron con esta judoka, que tras colgarse la medalla de oro confesó que otros países le habían hecho ofertas millonarias para nacionalizarse bajo esos estados; pero que ni el dinero podía con el hecho de cantar el himno en la capital brasileña. Y es que, consciente de que estaba escribiendo una de las páginas más laureadas de la historia de Kosovo, Kelmendi no pudo contener las lágrimas de emoción, orgullo y felicidad tras ser coronada como campeona olímpica por el presidente del COI, Thomas Bach.

La abanderada kosovar de tan solo 25 años compitió en los Juegos de Londres, acogida por el Comité Olímpico de Albania, y hasta que la Federación Internacional de Judo no quiso aceptar al país como tal, Majlinda ha tenido que competir con la bandera de la Federación. Asimismo, todavía no puede lucir su bandera cuando visita países como Rusia, quien no reconoce a Kosovo y donde Kelmendi se proclamó campeona mundial en 2014, compitiendo bajo las siglas de la IJF.

La gente, especialmente los niños en Kosovo, me ven como una heroína y acabo de demostrarles que incluso habiendo sobrevivido a una guerra si ellos quieren algo, pueden tenerlo, imploraba con la mano en el corazón la flamante campeona tras salir de la final ante la italiana. Si quieren ser campeones olímpicos, pueden serlo; aunque vengamos de un pequeño país, de un país pobre, somos fuertes, concluía, tras acabar de hacer historia.

Mientras los flashes y objetivos de las cámaras enfocaban a Kelmendi, en un rincón, su entrenador, reflexivo, sentía como propia la medalla de su pupila. Driton Kuka se rehacía así de la frustración de no haber podido participar en unos Juegos en una carrera deportiva marcada por la Guerra de los Balcanes y la exclusión de Yugoslavia del movimiento olímpico. Una frustración que no pudo con su pasión por el judo: reconstruyó instalaciones, busco jóvenes y rehízo ilusiones. Y es que el deporte no admite rendición: Kuka levantó el judo en su país y Kelmendi puso la guinda del pastel.