Campeón de natación, plata en arquitectura

Campeón de natación, plata en arquitectura

El polifacético húngaro Arnold Guttmann ganó dos pruebas olímpicas de nado y una de artes en su variada y extensa carrera

JAVIER BRAGADOMadrid

Si Arnold Guttman hubiera nacido en Italia entre los siglos XV y XVI habría sido considerado como paradigma de hombre renacentista. Pero el omnímodo judío nació en Hungría en el siglo XIX y su legado se ha encuadrado como la encarnación de inusual talento capaz de combinar combinó de manera exitosa el deporte y las artes.

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Para su desgracia, la gloria de Guttman comenzó con un suceso trágico. Era un muchacho de 13 años cuando vio cómo su padre se ahogaba en el Danubio. Ante la muerte de su progenitor decidió que para evitar otra tragedia sería un gran nadador. El empeño le impulsó incluso a cambiar su nombre y en una época de fervor nacionalista húngaro decidió rebautizarse como Alfréd Hajós (el apellido significa marinero).

Sus hazañas deportivas alcanzaron un alto nivel en los primeros Juegos Olímpicos, años después de vencer en los Campeonatos de Europa de Natación. En las peculiares pruebas que organizaron los griegos en 1896 venció en las especialidades de 100 y de 1.200 metros. «La carrera de 500 metros es probable que simplemente no la ganara porque no llegara a la salida después de la última carrera», asegura Nikoletta Nagy, profesora asistente en la Universidad de Educación Física de Budapest sobre el calendario que agrupó en un sólo día todas las competiciones en el agua.

El término 'hazaña' se acuñó por las condiciones del mar, donde se desarrollaron las carreras. Olas de cuatro metros y una temperatura de 11 grados amenazaron a los escasos atrevidos. De hecho, 'el delfín húngaro' fue el único en completar la distancia entre la plataforma en el mar y la meta. Aunque Hajós sufrió más allá de la competición deportiva. El magiar se había puesto una masa de grasa en el cuerpo para protegerse del frío, pero poco duró la sensación y trató de acercarse al barco de rescate que acompañaba a los competidores. Pero la embarcación navegaba más lejos de lo deseado y el deportista judío debió completar el recorrido al borde del ahogo y de la hipotermia. Después reconoció que durante los veinte minutos que duró la prueba fue más el instinto de supervivencia lo que estimuló sus brazadas que la idea de ganar: «Mi mayor lucha fue contra las olas y el agua terriblemente fría». Por ser campeón recibió una medalla de plata, una rama de olivo y un diploma (el oro todavía no era el metal para los ganadores).

Futbolista y atleta

Después de aquella gloria y tortura diversificó su dedicación al deporte mientras que su hermano Henrik ganó un oro en Atenas 1906 en los relevos 4x250 estilo libre. «Hajós y otros crearon el primer equipo de fútbol nacional húngaro oficial y jugó el primer partido oficial (con victoria contra Bohemia-Moravia por 5 a 2). Fue el seleccionador nacional y el capitán del equipo», recuerda el sociólogo deportivo y historiador, Péter Szegedi en la fundación que lleva el nombre de la inspiración húngara.

Los éxitos olímpicos de Hajós no terminaron en las piscinas, los campos de fútbol o en las pruebas de atletismo en que también destacó. Veintiocho años después de sus dos triunfos en el mar griego se presentó a la competición de artes impulsada por el Barón de Coubertain, que se celebró hasta 1948 de manera paralela a la estrictamente física. En París 1924 fue premiado con una medalla de plata (el primer puesto quedó huérfano) por el proyecto del estadio olímpico, codiseñado con el antiguo tenista Dezso Lauber, influido por el estilo Art Noveau. Intentó repetir éxito con otros proyectos en Ámsterdam 1928 y Los Ángeles 1932 sin subirse al particular podio.

Alfréd Hajós murió en noviembre de 1955 en Budapest, a los 77 años. Gracias a su vida polifacética el 'marinero' dejó en su país un legado extenso y diverso. Fue el primer nadador olímpico de la historia, inspiró a los hombres con ambiciones renacentistas y algunas de sus obras perduran hoy en día. Además de otras edificaciones civiles, el recinto nacional de natación, en el que se disputaron los Europeos en 2006, y el estadio de fútbol del Újpest se forjaron en su mente y se dibujaron en sus planos. Quizás las ideas durante sus sesiones de nado. O en su formación como arquitecto. Igualmente, por ambas probó la gloria olímpica.

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