Hasta el verano que viene

Uno de los grupos realiza una serie de ejercicios durante la primera semana./Antonio de Torre
Uno de los grupos realiza una serie de ejercicios durante la primera semana. / Antonio de Torre

200 niños han participado en las dos semanas del campus Roberto y Ricardo

Fernando Arconada
FERNANDO ARCONADASegovia

Algún que otro trueno matinal (y alguna gota también) y un cielo gris amenazaban un sábado caluroso, pero no borraron la sonrisa del centenar de niños que ayer pusieron fin al segundo turno del Campus Roberto y Ricardo. El primer turno también logró contar con la participación de cien niños, el máximo, «porque queremos dar calidad; consideramos que es un número ya importante», valoró Roberto Álvarez, uno de los organizadores.

La diversión, protagonista también en el campus del Real Sitio

No muy lejos de la capital, en el Real Sitio de San Ildefonso, otro campus cerraba con éxito una nueva edición, también con una jornada familiar y de convivencia como protagonista. También ha constado de dos semanas de duración y también con una metodología muy definida durante estos años, con la intención de pasar unos días de julio cargados de diversión con diferentes actividades además del fútbol (pádel, fútbol pádel, piscina...). El tener cerca todas las instalaciones también ha facilitado la labor y que todo se haya desarrollado bajo el paraguas de la normalidad. Y esa es la mejor noticia.

En esas dos semanas han participado 130 niños. Desde el comienzo se divide a los niños por edades, en grupos de diez, doce niños como máximo, con un monitor adecuado a las exigencias y nivel de cada grupo. Una de las actividades de mayor éxito, y que constituye también un elemento diferenciador, son los torneos que organizan, uno para los pequeños y otro para los más mayores. «Es uno de los días que más gusta a los participantes porque está muy las enseñanzas, la táctica, la técnica... pero la pasión por jugar no se la quita nadie. Llevamos ya dos años con esta actividad y la verdad es que estamos muy satisfechos. Es muy especial para ellos y se lo pasan muy bien», comentaron desde la organización. Un torneo que también tiene un fin educativo, puesto que los participantes saben que se sancionan cualquier tipo de conducta antideportiva. «Lo saben y lo cumplen, porque casi no hace falta ni que se arbitren».

Unos 40 niños que han participado en el campus procedentes de Madrid han tenido la oportunidad de quedarse a dormir en el albergue y han tenido también actividades por la tarde (excursiones...) además de las habituales de la jornada. La organización de este campus también quiso agradecer la labor de los monitores en estos días en los que la diversión y la pasión por el fútbol han sido las notas predominantes en estos días tan especiales para los niños.

Una jornada final en la que como viene siendo habitual, los protagonistas fueron los niños y sus padres, una jornada de convivencia con partidos y una comida para comentar la experiencia y terminar con la entrega de diplomas y fotografías. Y seguro que hay mucho que contar. Sentimientos encontrados, por un lado, la satisfacción de haber disfrutado de dos semanas de diversión, mezclada con ese sentimiento de tristeza de aquello que termina (hasta el verano que viene).

Han sido dos turnos intensos, desde el principio. Además de fútbol (mucho fútbol, que sigue siendo el principal denominador común), los asistentes han vuelto a tener la oportunidad de aprender de charlas, talleres... bajo la supervisión de sus monitores, jugadores y exjugadores de fútbol que no dudan en vestirse de corto aunque la temporada haya terminado, personas vinculadas al deporte y a la educación. El fútbol es pasión... Pero esta vez, desde otro prisma, sin esa tensión competitiva. «Los monitores dan un salto de calidad al campus; son la clave del éxito», destacaron desde la organización.

«Lo importante es que los niños vengan a divertirse, a disfrutar, a pasárselo bien... unificando el fútbol; nosotros no hablamos de clubes, ni de equipos... Hablamos de un campus en el que vienen todos juntos, se hacen amigos y lo que buscamos es que lo que no pueden trabajar durante la temporada en sus equipos, es intentar enseñarles y que conozcan un poco más el ámbito del fútbol», comentó Roberto Álvarez.

Ese es el objetivo que se persigue, arrancar la sonrisa de los participantes. «Que disfruten de unas jornadas inolvidables en las que hacer deporte y hacer amigos sea fundamental, con la alegría de algo tan bonito que para nosotros es el fútbol y que las relaciones de compañerismo sean también algo fundamental, poniendo todas las bases adecuadas para que los participantes mejoren su nivel futbolístico, y en lo que hemos querido incidir durante estas dos semanas es que se haga en torno a unos valores de respeto, de convivencia y educación deportiva en todas las actividades». Y han sido unas cuantas (trabajos tácticos, técnicos, circuitos de velocidad, de precisión, específico por posiciones, de porteros, charlas... Que conozcan todo lo que engloba el fútbol y que en muchas ocasiones queda en un segundo plano.

Cada año es un nuevo reto para intentar mejorar en actividades, en recursos humanos, materiales... Que los participantes tengan nuevos alicientes, nuevas sorpresas. Para la próxima edición , los organizadores esperan también una mayor presencia femenina.

Fue en julio de 2012 cuando el Campus Roberto y Ricardo dio sus primeros pasos; empezó como una aventura ilusionante y esa ilusión se mantiene hasta el día de hoy, haciéndose con un hueco importante dentro del calendario deportivo local. Y han pasado ocho ediciones.