Pablo Alejandro deja la presidencia de La Granja y aboga por nuevos inversores

Pablo Alejandro, en las calles de La Granja en mayo. /Antonio de Torre
Pablo Alejandro, en las calles de La Granja en mayo. / Antonio de Torre

«Nos cuesta mucho subsistir económicamente», asegura el dirigente, que dimitirá el día 18 de octubre

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

A Pablo Alejandro le quedan seis días como presidente del CD La Granja, el club al que ha dedicado medio siglo de su vida. La entidad celebrará el 18 de octubre una asamblea en la que la junta directiva dimitirá en bloque. Se iniciará entonces un periodo interino para convocar elecciones y cerrar el calendario electoral, con una fecha límite para la presentación de candidaturas. El proceso dependerá de las opciones alternativas –si las hay– después de que el grupo que lidera Alejandro renovara su mandato en 2018 para otros cuatro años.

En el supuesto de que no hubiese una junta directiva alternativa, entraría una junta gestora. «Lo que nosotros tenemos claro es que el club no se va a quedar en ningún momento tirado. Nosotros vamos a seguir trabajando como un grupo directivo en el que yo dejo de ser presidente. Iremos haciendo las cosas imprescindibles para que el club subsista, sin tomar más determinaciones. Habrá un vacío, pero el club no se va a quedar sin dirección», asegura Alejandro.

El aún mandatario habló el miércoles con los jugadores y el cuerpo técnico. «Les transmití que ellos no se tienen que preocupar nada más que de jugar al fútbol. Van a estar en todo momento atendidos con todas las necesidades para viajar o jugar». Relata varios elementos para explicar su decisión. «Cuando uno dice que se va es que hay algo que sucede, un cúmulo de cosas, un cansancio... Todo el trabajo que hemos tenido estos meses [con los nuevos jugadores] hasta que les hemos puesto en órbita. Nos vamos con la tranquilidad de que hemos dejado todos los papeles arreglados y creo que es el momento. Alguna vez tiene que llegar, llevo 25 años y todo este tiempo se lo he robado a mi familia».

Con todo, descarta cualquier retorno. «Ya puede pasar lo que sea que no voy a volver a ser presidente del CD La Granja, venga alguien o no venga. Yo he terminado totalmente». La vida de Alejandro, de 66 años, está vinculada permanente al club. Calcula que va al 80% de los entrenamientos y no suele viajar en los desplazamiento porque lo pasa mal. «Vivo con mucha intensidad el fútbol y sufro bastante». Se desplaza cuando es necesario. Por ejemplo, mañana acudirá al Adolfo Suárez para el duelo ante el Real Ávila.

Su trabajo arranca desde sus albores rutinarias de gestión administrativa. «Dedico media semana de mi tiempo al club y lo he hecho encantado. Voy a seguir siendo un asiduo de ir todos los sábados a ver al CD La Granja porque es mi pasión. Eso no lo voy a cambiar por nada». En lo personal, Alejandro se queda con los amigos que ha hecho a costa del fútbol. «Tengo alguien para tomar un café o una cerveza en toda Castilla y León. También haces enemigos, que los tengo y se aprovecharán, pero los amigos quedan y de los enemigos te olvidas».

La nueva directiva deberá tratar las negociaciones con el Isoba, actualmente su filial, para hacerse con la propiedad del club. «Hasta ahora he estado implicado en negociaciones con estas personas, pero será el nuevo presidente quien tenga que tomar las riendas. Ahí poco puedo decir. Lo dejo encaminado y encauzado, pero tendrá que venir otra persona que pensará como yo o no». En cualquier caso, Alejandro se muestra partidario. «Si siguiera, contando con los socios, lo haría. No vender el club, sino coger ese compromiso porque el fútbol deriva por esos caminos».

El entrenador y directivo que se hizo presidente

Alejandro preside el club oficiosamente desde hace cuarto de siglo. Cuando se hizo con la presidencia era el entrenador del equipo, que entonces militaba en Regional Preferente. Hacía de entrenador y directivo con dos compañeros: Pedro Montes y José Salamanca. «Lo estuvimos llevando los tres y haciendo de todo un montón de años hasta que yo tomé la decisión de que esto no podía seguir así y formamos la asamblea». Su primera decisión como dirigente fue fichar a José Manuel Arribas, artífice del primer ascenso a Tercera División.

Tras un lustro con esa función no remunerada de entrenador se hizo con las riendas de un club fue fundado en 1949. Alejandro pone en valor la agradecida y solidaria labor de sus antecesores en el cargo y deja a La Granja en el grupo VIII de Tercera División, donde cumple su segundo curso tras ascender en 2017. Tras medio siglo en el club al que llegó con 13 años, hace las maletas sin opción de retorno.

E incide en la difícil subsistencia de los clubes. «No sabes las patadas que doy yo para sacar ciento y pico mil euros. Lo hemos visto con la Segoviana, el fútbol se sustenta en hacer esto con mucho tacto. Todo muy bien escrito y recogido, como nosotros lo llevábamos hasta ahora encaminado. Los clubes de estas categorías tenemos muy poca vida porque económicamente cada vez es más complicado todo».

Alejandro no tiene noticias de posibles candidatos a sucederle y esgrime legado. «El que venga se va a encontrar un club completamente saneado, sin deudas y con un buen superávit». Habla de un club que tenía unas 100.000 pesetas de deuda cuando lo cogió en los 90 y lo deja con unos 40.000 euros de superávit y tres ascensos a Tercera. «Creo que hemos hecho una buena labor. Todo el mundo tiene su tiempo. El mío se ha pasado».