Fútbol

Cuando el fracaso mejora al árbitro

José Luis Munuera,su asistente Alfonso Banea y el director del Centro de Tecnificación, Julián Rodríguez Santiago, junto con los cuarenta colegiados, /El Norte
José Luis Munuera,su asistente Alfonso Banea y el director del Centro de Tecnificación, Julián Rodríguez Santiago, junto con los cuarenta colegiados, / El Norte

José Luis Munuera Montero compartió experiencias y consejos con los jóvenes colegiados de Castilla y León

JESÚS DOMÍNGUEZValladolid

En la vida hay momentos en los que las palabras de consuelo no sirven de nada. Hay instantes en los que uno es incapaz de hallarlo en quien abriga con un gesto de cariño, en los que el desánimo invade y vuelve absorto a quien ha tropezado. Las lágrimas de Óscar Plano el pasado domingo conmueven en la misma medida que lo hacen las de cualquier deportista que cree haber fallado. Porque a veces el error se conoce; nunca se quiere ni es a sabiendas, nunca se abraza, pero se sabe.

Muy personal

Lugar y fecdha de nacimiento:
Jaén, 19 de mayo de 1983
Estudios:
Licenciado en Filología Hispánica por Granada. Curso de Director Deportivo de la RFEF.
Actividad laboral:
Key-Contac Manager (gestor de grandes cuentas) del Grupo Alter (Farmacia).
Historial:
Inició su carrera en el arbitraje con 15 años.-Ascendió a Segunda División en la temporada 2012-13.-Ascendió a Primera División en la temporada 2016-17.-Lleva arbitrados 65 partidos en Primera División.-Ha dirigido 7 partidos al Valladolid, 4 en Segunda y 4 en Primera.-Árbitro Internacional en 2019, con dos partidos de la Eurocopa sub-19.
Equipo arbitral:
Sus asistentes son Alfonso Baena y Manuel Matías.
Anécdota:
Le comentaron desde el VAR aquello de «¡Todo OK, José Luis!» en un penalti sobre Vinicius en el Bernábéu.

Hay momentos en la vida de un deportista en los que la sensación que le embarga es de que nunca es suficiente, y piensa en arrojar la toalla; en que todo lo hecho no ha servido de nada, y en que quizá en casa estaría mejor. Porque por más que nos quieran preparar para el fracaso, por más que lo quieran naturalizar a nuestro alrededor, el sinsabor es único, tan propio de uno que ese ánimo no le importa: lo que quiere es abandonar. Y a veces lo que brota es eso, llanto, en el que repara un agente externo, acaso, que desde la última fila se fija en el lloro de un árbitro que sabe que ha fallado mientras otro, que aún se siente compañero, aun en la élite, habla de esas caídas.

No siempre la mirada perdida implica desconexión. A José Luis Munuera Montero lo escucharon, la tarde antes de las lágrimas de Plano, cuarenta árbitros talentosos de toda la región, alguno de los cuales esa misma mañana había sabido que su camino, al menos en el corto plazo, se ha truncado. La experiencia de oír a un colegiado internacional había pasado a ser cuando menos secundaria después de saber que no habrá ascenso cuando acabe la temporada. Sin embargo, todo aquello de lo que habló sirvió para que quienes habían tropezado fueran poco a poco volviendo su visión al saberse reflejados en lo que venía contando.

Porque el receptor del «¡Todo ok, José Luis!» les estaba hablando precisamente del fracaso, y de que sin él jamás habría llegado a componer una trayectoria hoy exitosa. «Yo del fracaso lo he aprendido todo; del éxito, nada. Si ahora soy internacional es gracias a una suma de fracasos que me llevó a tener que afrontar continuos retos. El éxito depende de eso, de cómo afrontas las cosas cuando no salen bien y de la actitud con la que te preparas para superar los tropiezos», comentó el jienense.

Puede parecer fácil decirlo desde su condición de élite, si bien Munuera Montero recordó a los integrantes del Centro de Tecnificación Arbitral de la Federación de Castilla y León de Fútbol que hubo un tiempo en el que él fue como ellos; no en vano, estuvo cinco años intentando ascender a la Segunda División B, y solo a través de una gestión emocional del fracaso adecuada terminó subiendo. Para muestra, otro botón: su asistente Alfonso Baena se hizo un hueco en la Primera División con 40 años, edad insospechada para asomarse a ella. «Llegan los que siguen, los que mejor toleran sus tropiezos y son capaces de levantarse y de aprender a confiar y a disfrutar», indicó Munuera, para quien «el 'mientras' es más importante que el 'cuándo'».

Y es que, efectivamente, así es. De qué sirve el sacrificio por alcanzar una meta si después no se paladea, con responsabilidad, pero consciente de todo lo pasado. Caminante no hay camino, se hace el camino al andar, rezan y reverberan aún los versos de Antonio Machado en cualquier aspecto de la vida que pase por ser resiliente. De qué vale sobrevivir si no se tiene en cuenta que el núcleo del verbo, lo importante, es vivir.«No se trata de vivir para siempre; el truco es convivir con uno mismo para siempre», que le dijo a Jack Sparrow su padre.

Carta a Undiano

Cualquier máxima que se parezca a «si puedes soñarlo puedes hacerlo» suena en la actualidad a la psicología positiva que se agolpa al mismo tiempo en redes sociales y estantes de librerías. Sin embargo, cuando uno trabaja su suerte en ocasiones alcanza su meta, y eso quiso hacer ver Munuera Montero a su joven público. Con 18 años él escribió una carta a Undiano Mallenco, en la que le hablaba del referente que era para él. Este mismo año ha formado parte de su equipo arbitral en varios partidos internacionales.

Bien sabido es, no obstante, que no todos llegan. Por eso recalcó la importancia de un 'Plan B', de formarse adecuadamente por si el proceso no lleva al éxito. Porque el sexto de los diez hijos de Bernardo Munuera lo alcanzó, pero bien podría ser ese mismo chico dedicado a la venta de productos farmacéuticos y que cuando puede echa una mano a su padre en un comedor social siendo trencilla en Tercera.

Para cuando habló de ello, sus cuarenta compañeros tenían ya claro que el mensaje que quería transmitir es que el error y el fracaso son importantes en su proceso formativo también como personas. Y que quizá ese era un mal día, y las lágrimas derramadas estaban justificadas. La justicia, el autocontrol, la disciplina, la neutralidad, la lucha, la tolerancia y la superación son valores intrínsecos al arbitraje sea cual sea la categoría de los oyentes la próxima temporada. Como hizo Munuera Montero, una vez tropezado –y llorado– solo queda levantarse y volver a caminar. Nadie muere en vísperas.

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