Octavos | Ida

El Valencia acelera hacia octavos

Cheryshev, luchando un balón. /AFP
Cheryshev, luchando un balón. / AFP

Dos goles al contragolpe de Cheryshev y Sobrino finiquitan un partido comodísimo en Glasgow, ante un Celtic que no opuso resistencia, y dejan el pase visto para sentencia

MIGUEL OLMEDAMadrid

Recuperación, contragolpe y finalización, tres conceptos que son el ABC en los mandamientos de Marcelino García Toral. Le ha costado media temporada al técnico asturiano, pero por fin ha conseguido que su Valencia los ejecute de memoria. Está a tiempo de salvar un centenario que tenía pinta de acabar en pañolada.

En Glasgow, al César lo que es del César, el Valencia tuvo facilidades para recitar la lección de Marcelino. Cada año que pasa desde que se aprobó la Ley Bosman el Celtic está más lejos de competir con los grandes. Su afición celebraba como una fiesta estar en dieciseisavos de Europa League, consciente de que avanzar más allá era una quimera. Tenían razón: 0-2 en casa sin una triste ocasión para meterse en la eliminatoria.

Entre lo que no tenía –Rodrigo y Santi Mina- y lo que no ponía –Gameiro-, Marcelino presentó en Celtic Park una delantera inédita. Cheryshev enganchando y Rubén Sobrino rompiendo. Novedad el primero por su posición y el segundo porque no había debutado aún, el caso es que la pareja se ganó el derecho de repetir en un futuro. Ambos se repartieron los goles y las miserias de una defensa, la del Celtic, indigna del primer nivel.

0 Celtic

Bain, Toljan, Boyata, Simunovic, Izaguirre, Brown, McGregor, Christie, Forrest, Sinclair (Weah, min. 59) y Burke (Édouard, min. 59).

2 Valencia

Neto, Piccini (Gameiro, min. 78), Garay, Diakhaby, Lato, Soler, Parejo (Coquelin, min. 46), Kondogbia, Wass, Cheryshev (Guedes, min. 63) y Sobrino.

goles
0-1: min. 42, Cheryshev. 0-2: min. 49, Sobrino.
árbitro
Ovidiu Hategan (Rumanía). Amonestó a Burke y Toljan del Celtic y a Kondogbia del Valencia.
incidencias
Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Liga Europa, disputado en el estadio Celtic Park de Glasgow.

Brendan Rodgers intenta que su equipo juegue a algo que no puede. Canta a la legua y Marcelino lo sabía. Sus futbolistas lo sabían. Por eso no se deslomó el Valencia en la presión, limitándose a apretar tímidamente la salida de los centrales escoceses y la recepción de Scott Brown, eterno capitán, condecorado en la batalla y negado con la pelota. Así llegaron los primeros robos visitantes en campo local, y más pronto que tarde se sucederían las ocasiones.

La primera, en todo caso, la tuvo Wass con un cabezazo que descolgó contra pronóstico de la escuadra Bain tras un saque de banda. La segunda, ya cerca del descanso, tuvo el premio del gol y la fórmula de la noche: recuperación, contragolpe y finalización. Parejo invitó a Sobrino a un mano a mano con Cheryshev de espectador de lujo y la defensa en otros quehaceres, y el debutante, generoso él, regaló la rúbrica al ruso, que buena falta le hacen los goles.

Del paso por vestuarios nació el 0-2 con idéntica secuencia que el anterior, salvo porque se intercambiaron los papeles. Parejo ya descansaba y Coquelin, su sustituto, robó el balón en la divisoria. Wass prolongó en la izquierda para la carrera de Cheryshev y éste, agradecido con Sobrino, esperó a que llegase al remate para servirle en bandeja la diana.

Piccini pudo incluso firmar el acta de defunción del Celtic con una internada que acabó despejando Bain, antes de que Marcelino continuase con la ronda de descansos y oportunidades, como la de Guedes. Nadie en Valencia necesita tanto los minutos como él. Nadie como el Valencia necesita que él los tenga.

El Celtic, más allá de algunos centros laterales, permitidos por un Valencia relajado que hasta se concedió forzar sanciones como la de Kondogbia -que llegará a los octavos limpio de amarillas si la UEFA no interviene-, no manchó los guantes de Neto. Mestalla celebrará en la vuelta.