Del patio del barrio a la catedral del fútbol sala

Edu y Álex Rincón posan en el patio de la plaza Gonzalo de Berceo./Óscar Costa
Edu y Álex Rincón posan en el patio de la plaza Gonzalo de Berceo. / Óscar Costa
FÚTBOL SALA

Edu y Álex Rincón, jugadores del Naturpellet, empezaron a jugar al fútbol en la plaza Gonzalo de Berceo

QUIQUE YUSTESegovia

El patio de la plaza Gonzalo de Berceo, en el barrio de Nueva Segovia, cuenta en su interior con cuatro campos en los que decenas de niños jugaban al fútbol a finales de los noventa y principios del nuevo siglo. 'Los soportales', el más pequeño de todos, era el usado en las tardes de lluvia, al igual que para la práctica de otros deportes como el tenis, el balonmano, el voleibol o el baloncesto. 'La Cuesta', algo más grande, era el más utilizado. Contaba con dos zonas ajardinadas en los costados, dos columnas que hacían de portería en la parte más alta del campo y un bordillo que cruzaba todo el carril central. 'El campo grande', unos metros más abajo, atravesaba el patio y era el escenario escogido en aquellas tardes en las que era necesario un espacio amplio debido a la gran cantidad de niños dispuestos a jugar. Por último, 'Los chirimbolos' contaba con dos bancos como porterías y era el campo preferido para jugar cuando la nieve había cuajado.

En el patio de la plaza Gonzalo de Berceo, Eduardo Cubero Padilla 'Edu' (05/06/1994), jugador del Naturpellet Segovia, dio sus primeras patadas a un balón. Sobre sus baldosas pasó tardes enteras, siempre con una pelota como protagonista, en las que jugaba con chicos hasta cuatro años mayor que él. No le importaba. Es más, lo disfrutaba. Con apenas seis años no desentonaba cuando se enfrentaba a otros niños que a pesar de su mayor edad se veían superados con frecuencia por la habilidad de un chaval que tiró de técnica y pillería para hacer frente a su desventaja física en su constante búsqueda del gol. «Tenía que destacar de otras formas y así crecí mucho técnicamente, intentando muchos regates», recuerda Edu de una época en la que solo se pasaba el balón cuando no quedaba otra, en la que el que se ponía de portero era el último en llegar a una portería que delimitaban dos prendas de ropa en el suelo y en la que los goles fantasma se saldaban en córner para contentar a atacantes y defensores.

Aquellas tardes, en las que daba tiempo a jugar hasta tres partidos antes de regresar a casa para hacer las tareas del colegio, Edu soñaba con convertirse en un jugador de Primera División. El Madrid de los galácticos, el Atleti de Luis Aragonés en su vuelta a Primera, el SuperDepor de Valerón y Diego Tristán o el Valencia que coqueteó con dos Champions eran algunos de los equipos ‘pedidos’ antes de que la pelota echase a rodar en el patio. Pero también había imaginación para el fútbol sala. Los sábados, tras ir al Pedro Delgado para ver el Caja Segovia, los ídolos no eran Zidane, Rivaldo, Owen o Beckham. Las tardes de los sábados estaban reservadas para jugadores como Daniel Ibañes, Schumacher, Paulo Roberto o Cidao, entre muchos otros. Aquellos sábados, el sueño era llegar a jugar en la catedral del fútbol sala defendiendo la camiseta de su ciudad.

Entrado ya el siglo XXI, y mientras ‘La Cuesta’ albergaba esos típicos partidos en los que Edu cada vez daba más muestras de su calidad, un niño de apenas tres años empezaba a correr detrás de una pelota de plástico en el mismo patio. Contra el muro de la portería de ‘El campo grande’, Álex Rincón Garcimartín (28/01/2000) ensayaba una y otra vez el disparo con su zurda con una potencia que sorprendió a todos. La pelota, que le llegaba hasta las rodillas, adquiría una velocidad considerable al salir de la zapatilla izquierda de un niño que aprovechaba cuando a los ‘mayores’ se les escapaba el balón para devolverles la pelota previo patadón al esférico.

Inicios similares

El origen de su afición por el fútbol no es el único punto en común de las carreras de Edu y Álex Rincón, dos vecinos de la plaza Gonzalo de Berceo, a la sombra del Pirulí, que ahora también comparten vestuario. Al igual que Edu, Álex Rincón también puso a prueba su calidad jugando partidos contra chavales que le superaban en edad. «Me juntaba con amigos del colegio y también con chicos mayores que yo para jugar y también para aprender. Recuerdo jugar muchas horas contra los hermanos mayores de mis amigos. Pasábamos las tardes enteras y aprendía y mejoraba mucho jugando con ellos», recuerda Álex sobre las cientos de horas, con el fútbol como protagonista, que pasó en las pistas del Parque del Reloj, también en el barrio de Nueva Segovia. Algunas de ellas incluso tuvieron en el equipo rival al propio Edu, quien comprobó qué era de eso de que un chaval con varios años menos le compitiera de tú a tú en un partido.

De forma paralela a su crecimiento deportivo en las calles y pistas del barrio, Edu y Álex desarrollaron su juego en la cantera del Caja Segovia. Ambos empezaron en categoría prebenjamín (Edu tuvo que esperar un año para poder apuntarse), aunque los éxitos tardaron en llegar. «Había dos equipos. El A era el de los mejores y el B el de los peores. En el primer partido perdimos 15-3 y fue un poco desmoralizante, pero estaba en el equipo con mis amigos y me lo pasaba bien. A partir de alevín me juntaron con los mejores y empezamos a ganar ligas», recuerda.

Álex, por su parte, permaneció en la cantera del Caja Segovia hasta el año anterior a su desaparición, momento en el que decidió probar fortuna en el fútbol. Poco le duraron las ganas de cambio. Al año siguiente, y tras no entenderse con el entrenador del equipo, regresó al 40x20 cansado de correr de un lado para otro sin tocar el balón y de un estilo de juego en el que abundaba el patadón en detrimento de la asociación entre jugadores. Volvió en las filas de la Unión FS, equipo en el que conquistó varias ligas provinciales y con el que empezó a competir a nivel regional, siendo uno de los jugadores más destacados de aquel conjunto.

Pero en su paso a categoría juvenil, y viendo que sus opciones de seguir creciendo como jugador eran limitadas en un club sin un equipo sénior referente, decidió marcharse a las filas del Naturpellet Segovia. «Ha sido lo mejor que he podido hacer, tanto por como me han tratado como por lo que he aprendido y mejorado», declara. Por el momento, los resultados respaldan su afirmación. Campeón de la División de Honor Juvenil en su primer año en la categoría y debut con el primer equipo en su segunda temporada en el club. «Este año tengo la oportunidad de subir con el primer equipo. Estoy entrenando con gente que ha jugado en la selección, que ha ganado títulos… Aprendes de ellos y mejoras. Es un sueño hecho realidad», asevera.

Edu y Álex Rincón pelotean en la plaza Gonzalo de Berceo.
Edu y Álex Rincón pelotean en la plaza Gonzalo de Berceo. / Óscar Costa

Con Álex –también Samu y Sancris- entrenando con asiduidad con el primer equipo, Edu recuerda aquellos años en los que siendo un chaval era llamado por Miguel Rodrigo, Jesús Velasco o David Madrid para entrenar con jugadores de la talla de Matías, Sergio Lozano o Esquerdinha. «Me acuerdo del primer entrenamiento con el primer equipo. Fue cuando era cadete, con Miguel Rodrigo. Pero cuando de verdad subía como un jugador más era ya con Jesús Velasco, la temporada que llegaron al quinto partido de la final contra el Barsa. Estaban reservando a jugadores como Matías o Esquerdinha porque estaban muy tocados físicamente. Ahí veía que eran tan superiores que no quería subir a entrenar con ellos», confiesa Edu.

Los debuts

Su debut en Primera División fue en Santa Coloma de la mano de Jesús Velasco en un partido en el que asegura se sintió cómodo. «Yo tampoco soy una persona que se ponga nerviosa ante un partido, llevo toda la vida haciéndolo. Intentas jugar tranquilo y fácil sin complicarte mucho», apunta. Unos días después llegó su debut en el Pedro Delgado frente al Puertollano, encuentro en el que incluso dispuso de una oportunidad para marcar.

La temporada siguiente, ya con David Madrid en el banquillo, las dudas que tenía a la hora de subir a entrenar con el primer equipo se disiparon. Aunque con ficha del equipo provincial, era prácticamente un jugador más de la plantilla, llegando a disputar las semifinales de la Liga Nacional de Fútbol Sala frente al Barcelona en los que fueron los últimos partidos en la historia del Caja Segovia.

Precisamente, el conjunto azulgrana iba a ser el rival contra el que Álex Rincón se iba a estrenar en una convocatoria del primer equipo, pero la falta de autorización por parte de la liga retrasó unas semanas la llamada de Diego Gacimartín. Fijo en los entrenamientos del Naturpellet Segovia debido a las bajas sufridas en el mercado invernal y a las lesiones, Álex se siente agusto en el vestuario. «Te acogen bien, te hacen sentir cómodos y te ayudan en todo momento, aunque cae alguna bronca», confiesa sobre unas sesiones en las que hay claras diferencias con los entrenamientos del Juvenil División de Honor. «La diferencia de intensidad no es tanta, pero tácticamente es donde más se nota, es donde a los juveniles más nos cuesta. También en todas esas picardías que tienen los jugadores del primer equipo de meter brazos que nosotros todavía no dominamos», indica.

El pasado viernes 16, y tras decenas de entrenamientos, Diego Gacimartín le citó para el encuentro frente al Peñíscola. «Se lo conté a mis padres y a todos mis amigos. Estaban orgullosos. Me dieron ánimos para que lo hiciera bien», declara. Ya vestido de corto y con el 24 a la espalda, pudo comprobar qué se siente al salir a la catedral del fútbol sala ante más de un millar de personas. «Sientes la satisfacción de todos los años que has estado jugando, en los que soñabas con llegar a momentos como ese. Tantas horas de entrenamiento que echas sientes que el trabajo da sus frutos», declara. En la primera parte, y con empate a cero en el electrónico, Gacimartín le reclamó desde la banda. Era su momento. Tocaba debutar. «Diego me dijo que saliera sin presión y que disfrutara de un momento que iba a ser único. Así hice. Salí tranquilo y disfruté», confiesa con una sonrisa al recordar un momento que no olvidará.

A pesar de debutar en Primera División siendo juvenil de segundo año, Álex Rincón es consciente de que lo realmente complicado es mantenerse. Por ello, se lo toma con calma y sin prisas. Apuesta por seguir ayudando al primer equipo cuando sea necesario, siendo consciente de que su sitio está en el Juvenil División de Honor durante la próxima temporada y media. «Parece que nosotros hemos llegado más fácil porque ha sido por circunstancias de bajas en la plantilla y de falta de dinero. Pocos jugadores lo han tenido tan fácil, pero ahora tenemos que mantenernos para seguir ahí y aprovechar la oportunidad», relata.

Con respecto al futuro de sus carreras, tanto Edu como Álex se mantienen con los pies en el suelo. El primero reconoce que ha tenido la tentación de probar suerte fuera de Segovia, pero asegura que en la actualidad, y a diferencia de la época de Caja Segovia, se apuesta más por los jugadores de la casa debido a dos factores: el primero, el gran papel que tuvo su Juvenil Nacional, entrenado por Ángel Zamora, logrando llegar a unas semifinales del campeonato de España; el segundo, la desaparición de Caja Segovia, que obligó al nuevo club a confiar en la gente de la cantera. Así, jugadores segovianos como Alberto, Alvarito, Javito, Javito Antona, Adri o el propio Edu han tenido –o tienen- protagonismo en una primera plantilla que para la próxima temporada tendrá en cuenta a otros como Julio o Guillermo Postigo.

Por su parte, Álex Rincón espera terminar su etapa juvenil y ganarse después un hueco en el primer equipo del Naturpellet Segovia. «Si en diez años puedo estar en uno de los grandes clubes de España sería otro sueño hecho realidad», asegura más a largo plazo. Pero mientras labran su presente poniendo los cimientos para su futuro, tanto Edu como Álex Rincón ya han cumplido esa meta con la que soñaban al correr detrás de un balón en el patio de la plaza Gonzalo de Berceo.

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