Natalia Maroto, la estudiosa que rompe un techo de cristal

Natalia Maroto posa con la pizarra en la plaza de San Lorenzo. /Antonio Tanarro
Natalia Maroto posa con la pizarra en la plaza de San Lorenzo. / Antonio Tanarro

La entrenadora del Cuéllar será la primera mujer en dirgir a un equipo sénior masculino en una categoría nacional

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

La prueba de que Maroto es una pionera es que necesita nombre de pila. El apellido con el que es conocida desde hace una década en el fútbol sala segoviano no servía para identificarla. «Si dices, 'me va a entrenar Maroto' y no me conoces, piensas que soy un hombre». Así que Natalia tuvo que añadir el nombre de pila. Será, con el Cuéllar, la primera mujer que dirige a un equipo sénior masculino en categoría nacional de fútbol sala –en Segunda B no hay tampoco segundas entrenadoras– y al máximo puntal provincial tras el cierre del Segovia Futsal. «Hay que tener la mente abierta para aceptarlo», explica esta segoviana, de 30 años, entre correcciones de pizarra y «muchísimas palabrotas» en sus charlas.

Maroto, de San Lorenzo, asegura no haber percibido gestos machistas. «Se han enfadado más conmigo por mi profesión que por el sexo. Es verdad que tienes que oír la bobada de 'esto es un juego de hombres', pero nunca me ha afectado. Espero que tampoco me afecte este año». No le asusta el reto. «Al fin y al cabo es el objetivo por el que te sacas los títulos, quieres que alguien te vea y apueste por ti». Ella no esperaba que fuera un club de Segunda B –la tercera categoría nacional– y señala que llama la atención pasar, como es su caso, de un cadete regional o un club aficionado provincial sin la transición de Tercera ni hacerlo de segunda entrenadora.

Ella asume el reto de ser una pionera. «Me enorgullece, pero me da muchísimo respeto y responsabilidad. Como si todas las miradas estuvieran puestas en mí. ¿Qué se dirá si ganamos? ¿Es por los jugadores o es por mí? Y si perdemos... ¿Es porque es una mujer o porque no tiene ni idea? De momento, lo que decimos todos los entrenadores, a ver si nos comemos el turrón y no descendemos al equipo antes de Navidad».

La vocación por el fútbol sala le viene de casa. «Me ha gustado mucho el deporte desde niña y en mi familia siempre había un balón de por medio». Su primer contacto fue con la gimnasia rítmica, que conoció como actividad extraescolar y acabó practicando ocho años, con coreografías como 'Samba', de Río de Janeiro. «Me gustaba la profesora, la disciplina, todo lo que hacíamos, la música, las coreografías, las mallas de colores...» El contraste fue claro. «No tiene nada que ver con el fútbol sala, que entrenas y tienes el examen cada fin de semana. En rítmica, trabajas todo el año para una exhibición de tres minutos».

Maroto empezó jugando en el Unami, desde el Regional al ascenso a Segunda División. Aquella generación se desperdigó y ella se fue con el mismo grupo de amigas; primero Valverde, después a San Cristóbal y terminó su andadura en el Segosala. Empezó a entrenar en el Unami –el primer equipo echaba una mano a las categorías inferiores–, primero con niñas y después con niños. En Segosala era jugadora y entrenadora. «Llega un momento en que tienes que mojarte. Ahí decidí que quería entrenar porque te vas haciendo mayor, vas teniendo taras y es más vocacional. Yo soy de ver muchos partidos y todo eso lo vas transmitiendo en la cancha».

Esta estudiosa del fútbol sala dedica más de diez horas a la semana a ver partidos. Con todo, menos tiempo del que le gustaría. «No me da la vida para más». Desde el partido de Primera en Teledeporte al calendario de categorías inferiores del domingo por la mañana, primos y sobrinos incluidos. A eso hay que añadir vídeos de todo tipo por redes sociales. «Muchos entrenadores cuelgan tareas en Twitter o YouTube y recurres a ellos porque te gusta. Coges ideas, algunas las modificas...»

¿Cómo dirige un vestuario de hombres? Ya lo hizo el año pasado en Zarzuela del Pinar, en Provincial. «Habría que preguntárselo a ellos. Nunca he tenido el rol de que yo soy mujer y ellos son hombres; soy entrenadora y ellos son mis jugadores. Yo les he tratado igual y siempre he tenido su respeto, desde el de 18 años al de 40». Y explica su método. «El respeto no se impone, se gana. Si trabajas todos los días y tus jugadores te ven dando el cien por cien, te los ganas. Demostrar que estás ahí por ellos. Pero si lo que dices se queda en agua de borrajas y vendes humo, le va a dar igual todo».

Maroto, que se define como una entrenadora muy defensiva, hará encaje de bolillos para complementar su labor al frente de la cantera de la Segoviana o su trabajo en la piscina y entrenará en Cuéllar los martes y jueves de 9 a 11 de la noche. Se muestra ilusionada con un equipo al que solo conocía desde la grada y al que convocó al poco de ser nombrada. «Es un grupo muy unido, que lucha mucho y les veo con ganas de trabajar. El problema es que tengo que hacer 15 fichas, siguen casi todos del año pasado y quería hacer dos incorporaciones de Segovia». Hasta agosto hay tiempo para encajar piezas.

La coordinadora de la cantera de fútbol sala de la Segoviana, que asume la herencia del Segovia Futsal, habla de un proyecto en progresión. «Tengo a los mismos monitores y niños que cuando estuve en el Futsal. Me he embarcado en el proyecto porque la estructura me transmite mucha confianza». Habla del tránsito del fútbol sala al fútbol como la misma opción legítima que ejerció ella con la gimnasia rítmica. «Son deportes que tienen el mismo nombre pero distinto apellido». La chica que dejó las mallas de colores y las cintas gritará alto en Santa Clara. Ha venido para quedarse.