Un gran futuro a la vieja escuela

Monir, durante el partido del Naturpellet frente a Osasuna Magna./Antonio de Torre
Monir, durante el partido del Naturpellet frente a Osasuna Magna. / Antonio de Torre

Descaro y verticalidad caracterizan el juego de Monir Louah, un segoviano con mucho potencial que ya ha marcado en Primera con el Naturpellet Segovia

QUIQUE YUSTESegovia

Quizás Monir Louah ha llegado tarde a Primera División. No por su edad (con apenas 17 años y medio consiguió el pasado sábado ser uno de los jugadores más jóvenes de la historia en marcar en la Liga Nacional de Fútbol Sala) pero sí por el momento temporal en el que ha tenido la oportunidad de competir con los mejores jugadores del mundo. Y es que Monir querría que el fútbol sala de élite en el que acaba de dar sus primeros pasos se pareciese más al que existía cuando nació (03/08/2001), o incluso varios años antes.

Porque Monir es un jugador de la vieja escuela. De los que cuando reciben la pelota, el cuerpo les pide encarar al defensor y buscar la portería rival, como en su día hacía Daniel Ibañes, uno de sus ídolos. El hispano-brasileño fue su entrenador cuando Monir era alevín, época en la que ya demostraba unas condiciones técnicas por encima del resto con las que era capaz de desarmar defensas enteras. Así, era habitual que recibiera el balón en la frontal de su área, sus compañeros se marchasen a la línea de fondo rival y, con espacio por delante, encarase a todos los jugadores que salieran a su paso en una jugada bautizada como 'La loca'.

Monir nunca rechazó un desafío siempre que tuviera el balón como arma. Desde pequeño depuró su relación con la pelota hasta hacerla su fiel compañera y dominarla a su antojo. Tras llegar del colegio, comía con rapidez para marcharse al frontón de su pueblo, Bernuy de Porreros, en el que las horas le pasaban como si fueran segundos dando toques y patadas al balón.

«Jugaba todos los días varias horas contra chicos hasta diez años mayores que yo», recuerda Monir, nacido en Segovia y de padres marroquíes. En la calle y contra rivales más fuertes y veloces, aprendió a controlar el balón, a mimarlo con la planta como hacen los grandes del fútbol sala y a engañar a rivales con regates y fintas sin tener que preocuparse por conceptos como coberturas o repliegues que tendrían que esperar varios años para requerir su atención.

Tras dos temporadas en la cantera del Caja Segovia, en 2012 pasó al Segosala, donde han tratado de desarrollar su calidad técnica desde categoría alevín. Bajo la dirección de Daniel Ibañes, Agustín Pérez o Luigi, el nombre de Monir empezó a ser conocido en los pabellones de la provincia debido a su calidad. «Sí que escuchaba que los rivales hablaban de mí antes de un partido o que en la grada me miraban, pero no me importaba. Incluso me motivaba, me hacía crecerme y mejorar», afirma. Fijo también en las convocatorias de las categorías inferiores de la selección de Castilla y León, sus cualidades llamaron la atención de equipos como el Movistar Inter, club con el que participó en varios entrenamientos.

Sin presión

A pesar de que su juego llamaba la atención de muchos, Monir nunca ha sentido presión por jugar al fútbol sala. «No recuerdo haberlo pasado mal nunca en una cancha», reconoce este estudiante de Primero de Bachillerato al que se le resiste la Lengua y destaca en Educación Física. Las expectativas generadas por su potencial tampoco le influyen, ni siquiera cuando haya podido parecer que hay otros compañeros o rivales que han encontrado antes que él una buena oportunidad de progresar. «Podría afectarme, pero confío en mi trabajo. Al final todo llega», subraya Monir.

Con confianza en su juego y en sus capacidades, en la temporada 2016-2017 jugó partidos en la División de Honor de Juvenil a pesar de ser cadete de segundo año. El año pasado, su primero en la categoría juvenil, tuvo la oportunidad de disputar el último partido de Liga con el equipo de Tercera División de Segosala. Dos oportunidades de competir a nivel regional que esta campaña se han visto confirmadas con su inclusión en el Juvenil División de Honor gracias al convenio firmado entre ambos clubes, y que le ha permitido entrenar durante los primeros meses de temporada con los juveniles y con el equipo de Tercera. «Al final eso me ha ayudado a mejorar como jugador», explica Monir, a quien en febrero le llegó la oportunidad de entrenar con el Naturpellet Segovia de Primera División por los problemas del club para hacerle ficha a Julio. «Era una oportunidad que no podía dejar escapar. Tenía que darlo todo aunque fuera un entrenamiento», recuerda. Pero a pesar del lógico «miedo al fallo» de los primeros minutos, Monir convenció a Diego Gacimartín, quien le ha convertido en un fijo del primer equipo durante los dos últimos meses ante la gran cantidad de bajas de su plantilla. «Todavía me falta mucho, aunque cada día me veo mejor», declara.

Desde febrero compagina los entrenamientos del equipo de Primera División y con los del juvenil, aunque su forma de entender el fútbol sala no cambia. «Sea en juveniles o en Primera División voy a ser un jugador con descaro. Es lo que soy», advierte, que reconoce que con los juveniles tiene más confianza en sus posibilidades que en la máxima categoría del fútbol sala nacional. No obstante, su atrevimiento con el balón en los pies quedó demostrado en su debut en la LNFS, el 10 de febrero en La Salobreja frente al Jaén. En una de sus primeras acciones, y frente a un jugador como Ángel Bingyoba que casi duplica en kilos a Monir, el segoviano tiró un caño al pívot madrileño en su tarjeta de presentación en Primera.

Unas semanas más tarde, frente al Palma Futsal, dispuso de sus primeros minutos en el Pedro Delgado con el cariño de amigos, compañeros y aficionados en el grada. Cada vez más cómodo en la dinámica del equipo, el pasado sábado frente al Osasuna Magna, la baja por lesión de Buitre le permitió tener más minutos. No los desaprovechó. Tras interceptar un pase del portero navarro, recortó a su pierna buena y ajustó su disparo al largo para hacer su primer gol en Primera División. «La gente sí me había dicho que iba a marcar, pero yo no me lo esperaba. No tenía nada preparado para celebrarlo y al final me salió un gesto de rabia», comentó.