La resistencia de los ciclistas pioneros

La resistencia de los ciclistas pioneros

La entidad medinense mantiene la escuela al tiempo que continúa fomentando el uso de la bicicleta

Jesús Domínguez
JESÚS DOMÍNGUEZValladolid

En el antiguo –ya cerrado– Bar Puchero de Medina del Campo se 'cocinó' un club que ha llegado a nuestros días como lo que quería ser, como un impulsor del uso de la bicicleta de un modo lúdico y deportivo. De los fogones del lugar de ocio y restauración de José Vaquero surgió lo que se tuvo a bien llamar Agrupación Ciclista Medinense, nexo que reunió más si cabe a unos amigos que amaban el ciclismo en unos tiempos en los que lo gobernaba Fausto Coppi, que por aquel 1956 podía presumir de haber ganado 4 Giros de Italia y 2 Tours de Francia. En febrero de ese año, que fue antesala de inicio del gobierno de Anquetil y segundo en el que enseñó los dientes Federico Martín Bahamontes (se impuso en la clasificación de la montaña), ocho 'locos' pusieron en marcha el que es el decano de las bicis pucelanas, que, como recoge en su página web, tenía como anhelo «dar a conocer a las generaciones venideras la práctica del ciclismo» y «fomentar y practicar el ciclismo en todas sus vertientes» a través de la organización de distintos eventos, entre los que actualmente destacan sobre las demás el trofeo de San Antolín y la Marcha del Cochinillo, que cada año sortea doce ejemplares tras la popular marcha.

Lo que hoy se conoce como Club Deportivo Ciclista Medinense es una entidad deportiva sin ánimo de lucro que tiene como finalidad el impulsar la práctica del ciclismo a todos los niveles y sin atender a las diferentes edades; sobre la bici cualquier amante puede pedalear. Así, está abierto a participantes que tengan un afán competitivo o no, aunque dando predilección quizás a esto, puesto que en el club se dan prioridad a las prácticas saludables y a las actividades lúdicas sobre los resultados. Así lo confirman desde el propio club, desde el que hablan de «contribuir a la excelencia en el deporte» y en el resto de «ámbitos sociales».

No en vano, lo que comenzó en torno a un puchero, siendo algo así como un foro sobre la bicicleta, hoy sigue recibiendo esa consideración; desde entonces ha buscado ser «un foro de referencia en todo lo que tiene que ver con el ciclismo en sus distintas manifestaciones dentro del ámbito de influencia», bien sea colaborando con administraciones públicas en la promoción de este deporte a nivel municipal, comarcal, provincial, regional o incluso estatal, o bien formando a nuevas generaciones en su escuela, alumbrada también con la condición de pionera en la provincia desde que se inauguró en 1984. Nació como un aula para el aprendizaje sobre valores y sobre el deporte, que tras más de tres décadas mantiene su vigencia a pesar de que los últimos años ha visto mermada la cifra de inscritos. Contra esto intentaron luchar impulsando un proyecto de movilidad en 2017 que ayudara al crecimiento que, en todo caso, sí experimentó el 24 de diciembre de 2018 la Marcha del Cochinillo, en la que participaron –a pesar del frío y la niebla– cientos de personas con un carácter lúdico y con fines sociales.

Esta organización es, junto a la de otras pruebas, la otra pata por la que se caracteriza el club: marchas cicloturistas, pruebas en línea, en bicicleta de montaña, gimkanas, contrarrelojes por equipos y otras actividades reivindicativas del uso de la bicicleta como un transporte eficiente y saludable (motivos que rezaban en el cartel de esa última marcha, sin ir más lejos) forman parte del abanico de acciones con los que tratan de ayudar a formar al individuo en valores tales como el respeto al medio ambiente, la amistad o la convivencia tanto con el prójimo como con el entorno no solo inmediato: por ejemplo, en la V Cicloludicofestiva celebrada en Tordesillas a finales de 2018 hubo una importante presencia del club gracias a la movilización hecha por redes sociales de gente del pueblo.

La cantera pasa por ellos

Al margen de la actividad propia de la escuela, la entidad presidida por Francisco Javier Gil lleva a cabo la organización de otras en las que no tienen representación, puesto que su escuela va desde los 7 a los 14 años. Se trata de pruebas como el Trofeo San Antonio, que celebró en junio del pasado año su edición 32, ya para corredores élite, o como Copa de Escuelas (esta sí contó con representación medinense), que llegó el pasado verano a la mayoría de dad.

Estos eventos los desarrollan no solo en Medina del Campo, ya que también participan activamente en otros de otras localidades como el Trofeo Villa del Tratado que se celebra en Tordesillas. Volviendo a casa, una de las carreras sin duda más bonitas es la de triciclos y correpasillos, con las que hicieron las delicias de los papás y abuelos en sus 'disputas'. Son, aquellos que en ella han participado, los nuevos o potenciales inscritos en un club pionero que nació de un puchero mágico. Tenía que serlo si después de tantos años continúa presente el legado de aquellos amantes de las dos ruedas.