Jugador, entrenador y árbitro

Rubén Fernández Felipe, en el campo de fútbol 11 de La Ribera./Ricardo Otazo
Rubén Fernández Felipe, en el campo de fútbol 11 de La Ribera. / Ricardo Otazo

Rubén Fernández Felipe mantiene viva la ilusión por el arbitraje después de saborear las mieles de categorías nacionales

Jesús Domínguez
JESÚS DOMÍNGUEZ

Mientras el arriba firmante y Rubén Fernández hablan pasa por delante de ellos un árbitro joven y talentoso, llamado quizás a ser uno de los que quemen etapas y asciendan categorías, quién sabe si hasta donde Fernández Felipe pudo llegar. No es tanta su edad, aunque sí mucha su experiencia, que llega a sonar exagerada: lleva arbitrando más de veinte años, desde que pasó de juveniles a sénior y vio que como jugador no tenía más recorrido. No fue algo casual, narra: «Ángel Nieto me convenció para que me hiciera árbitro, aunque parecía que existía ya antes ese gusanillo dentro de mí, porque siempre desde pequeño me había fijado en los árbitros y había hecho algún pinito en un trofeo de fiestas del colegio El Salvador».

«El arbitraje te enseña a afrontar las situaciones difíciles que hay en la vida»

En esa primera temporada como colegiado dirigió veinte partidos, y elgusanillo creció; fue ascendiendo poco a poco hasta 'encontrarse' –con trabajo– en Tercera División. Antes, en Preferente, ya había notado que quizás el arbitraje podía ser algo más que un mero entretenimiento. «Es la categoría más habitual en la que uno se daba cuenta de que podía ir hacia arriba, porque era cuando uno veía que el arbitraje también tiene su punto de competitividad. Quizá a día de hoy se empiece a pensar en eso ya antes. Para mí, lo primero que tiene que hacer un árbitro joven es disfrutar; para fijarse metas tendrá tiempo», reflexiona el trencilla. Lo dice a pesar de que en su día pasó el sinsabor de un descenso de Tercera y de no ascender a la Segunda B, una categoría que, sin embargo, sí llegó a disfrutar como línea en ocasiones. «Es la espinita que tengo clavada», reconoce, después de paladear, eso sí, experiencia como haber dirigido un partido en Anduva frente a 4.000 personas o el primero oficial del Real Valladolid femenino, en los Anexos contra el Athletic Club.

«No haber llegado a Segunda B es una espinita que tengo clavada»

En todo caso, destaca por encima de cualquier sinsabor las alegrías que le han brindado su experiencia, como el haber tenido como asistentes en sus primeros pasos a dos referentes como Silvia Fernández Pérez, quien llegó a ser asistente específica suya en Tercera División, o como Oliver de la Fuente Ramos, hoy principal en Segunda. «He compartido con los dos muchos momentos, y aún hoy lo sigo haciendo. En el arbitraje hay mucha cercanía, aunque hay quien pueda pensar que los que están más arriba están en una burbuja. Julián Rodríguez Santiago era alguien con mucha humanidad, igual que Jesús Zancada Lobato o que Oliver hoy en día. El árbitro es alguien accesible, no endiosado», incide. Y en ese afán y en esa realidad de la comunión, a su boda asistieron varios colegiados, parte ya de su círculo de amistades. «El arbitraje te enseña a afrontar las situaciones difíciles hay en la vida, porque en un campo como Anduva oyes murmullos, pero en uno de base escuchas perfectamente todo lo que se dice en la grada. Pero más que con eso yo me quedo con las amistades que haces y con buenos momentos como los viajes que haces», alega un Rubén Fernández que cada semana sigue teniendo los mismos nervios por conocer sus designaciones.

«La situación especial actual es como volver a mis inicios en el fútbol base»

valladolid. Rubén Fernández tuvo dos etapas en Tercera. Las dos duraron tres años, la segunda, por edad, acabó antes de lo que a buen seguro le habría gustado. Pero allí donde otros podrían haber optado por dejarlo, él disfruta igual que el primer día. De ahí los nervios ante las designaciones. «Llevo unas seis temporadas en situación especial, y siento que así estoy volviendo a los inicios, a cuando arbitraba en la base o en aficionados. No tengo más pretensiones que disfrutar del arbitraje como he hecho desde que empecé a pitar», expone.

Le sirve dirigir partidos como un modo de hacer deporte, algo que le gusta, y también para mantener la faceta de ayudante en la formación viva. «Silvia fue específica mía en Tercera. Cuando empezaba, Oliver fue asistente mío con solo 16 años. Esther (Alonso Martín) ha estado también en muchos partidos míos. Recuerdo que al primer partido que pitó Oliver o pudo ir su hermano y lo fui a ver con Navarro Collados», rememora. Era en los campos de la feria, en el ya desaparecido Emilio Morollón, parte del cambio que el fútbol ha sufrido durante estas dos décadas. Y aunque Rubén todavía no piensa en retirarse, confiesa un secreto: «Todas las temporadas paso las pruebas aunque ya no tenga que hacerlo. A Silvia siempre le digo que el año que no las pase lo dejo».

Aunque ahora los que viajan por los campos de Tercera División o de Regional sean otros, seguramente a ilusión no le ganen. Seguramente como jugador ninguno podría haber vivido tanto como él ha podido como colegiado, algo jamás soñado en sus inicios. Hoy el fútbol ha cambiado, para bien las facilidades que tienen los jugadores para mejorar, también en el ambiente antes más bélico que vivían los árbitros. Lo que vive es la pasión de Rubén. «El día que lo deje seré runner». Pero de momento no.